l 26 de enero, en Santiago, fueron entregadas sendas cartas al mandatario
chileno, Ricardo Lagos, y a al presidente de la Suprema Corte de Justicia,
Marcos Libedisnsky, donde un grupo de "ciudadanos de Chile y del mundo"
reclamaron el fin de la impunidad en ese país sudamericano. Las misivas,
suscritas por más de 2 mil personas -entre ellas el premio Nobel de Literatura,
José Saramago; Hortensia Bussi, viuda de Salvador Allende; la ex primera dama de
Francia Danielle Mitterrand; la luchadora mexicana Rosario Ibarra de Piedra, del
Comité Eureka; el paraguayo Martín Almada, quien descubrió los Archivos del
Horror de la Operación Cóndor, y los músicos Manu Chau, de España, y Daniel
Viglietti, de Uruguay- están vinculadas con los procesos judiciales 1058 y
1058-bis, que involucra a un grupo de militares de la Fuerza Aérea de Chile
(Fach), quienes torturaron, ejecutaron y desaparecieron prisioneros durante la
dictadura militar encabezada por el general Augusto Pinochet, y que aún
permanecen en libertad gozando de total impunidad.
En el proceso 1058, los querellantes son 26 civiles que integraron el
Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y 18 ex militares de la Fach,
compañeros del general de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, padre de la
presidenta electa de Chile, Michelle Bachelet. El general Bachelet murió en
prisión debido a las torturas que le infligieron sus propios camaradas de armas.
El caso 1058-bis es por el homicidio de José Bordaz Paz, jefe de la fuerza
militar central del MIR, asesinado por el Servicio de Inteligencia de la Fuerza
Aérea (SIFA), en una emboscada en Santiago, el 5 de diciembre de l974.
Los victimarios del general Bachelet y de Bordaz -responsables también de la
muerte, tortura, secuestro y desaparición de decenas de chilenos durante la
dictadura pinochetista-, fueron medio centenar de oficiales que integraron un
grupo operativo en la Academia de Guerra Aérea (AGA) de la Fuerza Aérea de
Chile, a las órdenes del coronel Horacio Otaíza, quien era a la vez jefe del
SIFA. El segundo hombre al mando era el comandante Edgar Ceballos Jones,
implicado directamente en los asesinatos de Bachelet y Bordaz. Ceballos,
conocido como el inspector Cabezas, tomó un curso de inteligencia
estratégica, táctica y guerra política en Israel.
Una de las querellantes, la artista plástica Beatriz Castedo Mira,
sobreviviente del centro de torturas de la AGA, era el contacto del jefe
mirista. Detenida en el lugar del hecho, fue testigo de la ratonera montada por
sus captores (el propio Otaíza, Ceballos, Luis Campos Poblete, Roberto Fuentes
Morrison y Leonardo Schneider) a José Bordaz. En su testimonio sobre la tortura
en la AGA, dice: "Muchas manos me quitaron la ropa a jalones. Me subieron a una
mesa, me amarraron los pies con una cuerda, me amarraron las manos esposadas a
los pies y atravesaron un palo por entre mis brazos y piernas. Colgaron el palo
conmigo colgando y comenzaron a ponerme corriente en la vulva, el estómago, el
ano, la cara, en todas partes del cuerpo. Después supe que esa técnica de
tortura se llama Pau de Arara y fue inventada en Brasil". Incluso, en un
intento de lavado de cerebro antes de ser expulsada a España, fue hipnotizada
por el médico Alejandro Forero, actual coronel de Sanidad de la Aviación, quien
supervisaba las torturas y aplicaba pentotal (la llamada droga de la verdad) a
los prisioneros antes de desaparecerlos.
En el juicio, Beatriz Castedo, quien reside en México, acusa del asesinato de
Bordaz y de haberle practicado a ella torturas físicas y sicológicas al coronel
en retiro de la Fach y actual empresario Edgar Ceballos; al ex jefe de
contrainteligencia de la Armada, Daniel Guimpert, hoy comerciante de armas; al
comandante Luis Campos Poblete, actual exportador de frutas; a Leonardo
Schneider, (alias El Barba), civil del SIFA infiltrado en el MIR, y a
Roberto Fuentes Morrison, (alias El Wally), ex integrante del grupo
paramilitar fascista Patria y Libertad, ajusticiado por un comando del Frente
Patriótico Manuel Rodríguez en 1989. Otro acusado en el proceso es el general en
retiro de la Fach Enrique Ruiz Bunger.
Tras la derrota militar del MIR, el SIFA, luego Dirección de Inteligencia de
la Fuerza Aérea (DIFA), tuvo como objetivo el Partido Comunista. La DIFA creó el
llamado Comando Conjunto (CC), que contó con varias cárceles clandestinas, entre
ellas, "Nido 20", "Nido 18" y "Remo Cero", que funcionó en las instalaciones de
la base aérea de Colina, a cuyo cargo estaba el general Ruiz Bunger, quien tras
la muerte "accidental" del coronel Otaíza, fue también jefe de la DIFA. El CC
participó en la ejecución sumaria y el entierro clandestino de detenidos. El
testimonio de un desertor de dicho comando, suboficial Andrés Valenzuela,
permitió reconstruir parte de esa historia del horror y es pieza clave, hoy, en
el proceso judicial. "El sistema, además de destruir a las víctimas, destruye al
victimario. Mata sus sentimientos y lo convierte en una bestia", testimonió
Valenzuela.
Las cartas que dirigieron Saramago y ciudadanos solidarios del mundo a Lagos
y Libedisnsky recuerdan que la mayoría de los responsables de delitos de lesa
humanidad andan libres por las calles, mientras las víctimas y sus familiares
siguen buscando verdad y justicia. En los tribunales está acreditada la
documentación necesaria para juzgar a los autores de esos delitos que se
encuentran sin solución debido a la falta de voluntad política de los tres
poderes del Estado chileno; 32 años es suficiente tiempo de espera para que se
resuelvan los casos y se condene a los culpables. Para que termine la impunidad.