Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
27 de enero de 2006
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El triunfo de Hamas
Preocupación en Occidente
Las reacciones occidentales frente al triunfo de Hamas
expresan el desconcierto de quien nunca quiso creer que la
crisis de la sociedad palestina había alcanzado niveles muy
altos. George W Bush debe explicar a los suyos que no siempre
las elecciones producen su idea de libertad y
democracia.
Gennaro Carotenuto desde Roma
El Secretario General de
la onu, Kofi Annan, que se encuentra en Davos para el Forum
Económico Mundial, parece incapaz de enfrentar la novedad que
llega de Palestina. Entonces recicla una declaración que suena
vieja –de una semana o de un año atrás– y representa la
dificultad de tomar partido entre el reconocimiento del
proceso electoral palestino y el disgusto por el resultado.
Annan apunta a que lucha armada y procesos democráticos son
inconciliables: “Si Hamas desea tomar parte del proceso
democrático –afirma Annan, que parece no despertarse aún y
entender que Hamas ya participó y triunfó– es necesario que se
desarme definitivamente. Es incompatible llevar armas y
sentarse en el Parlamento”. Desde Europa los tonos de las
reacciones no fueron muy diferentes. Todos los mandatarios
expresan preocupación, incluso disgusto, y apuntan a que el
desarme y el reconocimiento de la existencia de Israel son las
dos precondiciones para poder considerar al futuro gobierno
palestino como interlocutor válido. Es lo que pide desde
Berlín el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter
Steinmeier: abandono de la violencia y reconocimiento de
Israel. El primer ministro francés Dominique de Villepin
expresa su inquietud: “Hamas debe reconocer a Israel y
respetar los acuerdos internacionales”. Desde Londres, Jack
Straw tiende el brazo: “Si eligen la democracia y renuncian al
terrorismo tendrán nuestro apoyo”. Mientras Hamas afirma que
las negociaciones con Israel no aparecen por el momento a la
vista y desde Teherán se festeja afirmando que el pueblo
palestino eligió la resistencia, Javier Solana, que representa
la política exterior de la Unión Europea, acoge positivamente
el clima pacífico y democrático con el cual el pueblo
palestino ha votado. “La posición europea –afirma Solana– que
garantiza la existencia de Israel y busca la construcción de
dos estados, permanece firme.” Desde Washington llega una
reacción más articulada de lo esperado. Hamas está a la cabeza
de las organizaciones terroristas en el planeta y por lo tanto
para Washington merece el aniquilamiento, sin posibilidad de
tratativas. Desde la mañana, la organización armada ha llamado
al gobierno de Estados Unidos a respetar la voluntad del
pueblo palestino. La diferencia horaria permite que la Casa
Blanca intente tomarse unas horas de reflexión entre
frenéticas consultas. Sin embargo el presidente George W Bush,
en una entrevista concedida a The Wall Street Journal,
difundida a primeras horas de la tarde europea, reafirma que
no hablará con ninguna organización terrorista, pero aclara:
“sin embargo si renunciara al terrorismo negociaremos”. Es una
muestra de realismo político que explica lo mal parada que
queda la política de “exportación de la democracia” vendida
por los neoconservadores. Si en Irak la situación está cerca
del derrumbe, en Egipto sólo el fraude masivo mantuvo en el
poder a la dictadura fondomonetarista de Hosni Moubarak frente
a la voluntad popular de llevar al gobierno democráticamente
al partido islamista de los Hermanos Musulmanes. El peligro
de que en Palestina hoy y en otros lugares mañana las
elecciones libres entreguen el poder a enemigos de Estados
Unidos que no expresan ninguna afición a la democracia está
cada vez más presente. La secretaria de Estado Condoleezza
Rice, desde Davos, ha sido muy dura con Hamas, al que sigue
considerando como un grupo terrorista. También en Suiza, el
dictador paquistaní Pervez Musharraf tomó distancia e invitó
al diálogo. Más tarde Bush expresó el deseo de que al menos el
presidente Abu Mazen permanezca en el poder. El triunfo de
Hamas es un cambio tan profundo que los actores
internacionales no tienen una estrategia definida. Y Al Fatah,
organización a la que Bush contribuyó a deslegitimar durante
años –hasta la muerte de Arafat–, ahora es lo conocido a lo
que agarrarse mientras un gobierno de Hamas representa una
incógnita amenazante. En las primeras reacciones
estadounidenses parece vislumbrarse el deseo de que Al Fatah
participe en un gobierno de coalición. Si así fuera se
evitaría por lo menos el escenario peor, el de Al Fatah
empujada a no entregar el poder en un escenario muy similar al
que llevó a la guerra civil en Argelia.
Publicado en Brecha el 27 de enero de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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