Un investigador acusa al ex presidente Julio María Sanguinetti y su
esposa, la profesora Martha Canessa, de cometer una apología del genocidio
de la nación charrúa, a la vez que revela documentos donde se evidencia la
responsabilidad del general Fructuoso Rivera en la masacre de
Salsipuedes.
El psicólogo José Eduardo Picerno, investigador de la historia de la
nación indígena uruguaya, publicó en su página web
(www.internet.com.uy/charruas) un ensayo en el que sostiene que el propio
general Rivera ha confesado ser el autor del genocidio de los
charrúas.
Picerno explica que al principio de su vida constitucional el Estado
Oriental del Uruguay cometió un genocidio al aniquilar a la Nación Charrúa
y que el presidente Rivera planificó la ejecución de aquella matanza y fue
responsable de acciones ilegales e inconstitucionales para borrar a los
charrúas.
El reconocimiento de ese genocidio por parte del Estado uruguayo ya fue
reclamado al propio presidente Tabaré Vázquez, por un joven charrúa que
representó en octubre pasado a Uruguay en la II Cumbre de los Pueblos
Indígenas de las Américas, celebrada en Argentina.
Picerno sostiene que la responsabilidad de Rivera en el genocidio
charrúa se observa en las propias cartas que el primer presidente uruguayo
envió a Julián Laguna y a algunos de sus comandantes, que figuran en el
Archivo Nacional y la obra "La Guerra de los Charrúas" de Eduardo Acosta y
Lara.
El investigador subraya que implican una apología de aquel delito
declaraciones que realizó el ex presidente Sanguinetti en una entrevista
de televisión y que en diciembre reiteró su esposa Martha Canessa durante
un seminario en el Partido Colorado, según el semanario Búsqueda.
Entre la documentación relevada por Picerno se encuentran las
instrucciones que Rivera enviaba al general Julián Laguna y otros
subordinados durante la preparación de aquel genocidio perpetrado el 11 de
abril de 1831, en donde se observa, afirma, una verdadera "confesión" del
crimen.
Con fragmentos de tres cartas, en particular, Picerno señala que Rivera
generó un ardid para juntar a los charrúas en Salsipuedes para matarlos, y
que luego llegó a reivindicar su "hazaña" que no pudieron concretar ocho
virreyes en cuarenta año de conquista.
Tres cartas comprometedoras
El 10 de marzo de 1831, desde Durazno, Rivera escribe a Laguna: "... Es
de la mayor importancia que el Sr. Gral. emplee todo su tino y destreza
para hacer entender á los Caciques que el Egercito necesita de ellos p.a
ir á guardar las Fronteras del Estado y que el punto de reunión será en
las puntas del Queguay Grande; para cuyo efecto, se dirigen cartas á los
Caciques Rondeau, y Juan Pedro, y que el Sr. Gral. les hará entregar
instruyéndoles de su contenido. Si ellos no cumpliesen lo prevenido en las
citadas notas particulares, es preciso no alarmarse por esto, disimularles
y conservarse siempre á su inmediación, y si posible fuese, reunido a
ellos. Si se moviesen para el centro de la Campaña es preciso seguirlos
con cualesquier pretexto, hasta ver si se consigue que el todo ó parte del
Egercito se incorpore á la fuerza de las órdenes del Sr. Gral. El Sr.
Gral. conocerá, que en todas las medidas prevenidas es importante la mayor
prudencia, para no aventurar una empresa que, realizada traerá bienes muy
efectivos al Pays, consolidando el crédito y reputacion militar de los
Gefes que la han presidido..." (fascímiles 1 y 2) El 28 de marzo de 1831,
Rivera escribe a su amigo Julián de Gregorio Espinosa (Revista Histórica
Nº 34) donde, dejando fuera el tono oficial de otras correspondencias,
redacta una misiva confidencial (a la que antepone la palabra "Reservado")
donde se observarían sus verdaderos propósitos:
"(Reservado) yo voi a marchar esta noche todo tengo listo en muy vuen
estado p.a. la operacion de los charruas nada e querido decir al Gov.o de
mis dispocion.s el buen estado en que las tengo p.a tener el gusto si
logro como lo creo de q.e esta dificil operacion aparezca como de los
avism.s y q.e tenga mas vulla q.e la que causo el arrivo de Garzon a esa
después del tinteraso no lo dudes Julian la operación esta casi echa y una
ovra q.e los desvelos de 8 Birreyes y p.r mas de 40 años no lograron
rrealisarla. Sera grande Sera lindisimo Si tus mejor.s amigos Si tus
compañeros de disgustos y de dias de Gloria dan anuestra patria esa
Satisfacion ha! q.e glorioso Sera si ce concige sin q.e esta tierra tan
priviligiada no se manchase con sangre humana." (...) "tu am.o verdadero.
Fructuoso." (Fascímil 3)
La tercera carta está fechada en el "Campo", el 5 de abril de 1831 y
señala: "Mi estimado amigo D. Julian es en mi poder su nota de ayer y soi
impuesto de las medidas tomadas p.a aser venir a los indios a este punto
con este ojeto fue Bernabelito y no dudo q.e el los aga venir prontam.te
yo no e querido moverme mas adelante ya p.r q.e podia ponerlos en
desconfiansas o por q.e si se logra aserlos pasar el Queguay ya no seria
dificil el sugetarlos del modo q.e uno quiera. Sin envargo estamos prontos
p.a en caso sea preciso marchar sobre ellos lo que yo quiero evitar a todo
tranze pues nos sera Ventajocicimam.te el sujetarlos sin estrepito aci es
q.e estoi resuelto a esperar aquí asta ver si Vds. logran aserlos venir
aci [¿ce niegan?] espero sus avisos continuados p.a [¿variar?] mis
dispociones (sic)..." (Fascímiles 4 y 5).
El "lazo maestro" de Rivera
"Estas 3 cartas de Rivera son auténticas. Véase el propósito de engañar
a los charrúas y atraerlos hacia un lugar donde quedaran prácticamente
encerrados y tener la mayor facilidad para masacrarlos", explica Picerno
quien subraya que "los charrúas no sospechaban las intenciones" de Rivera.
El investigador agrega que en una carta de José Catalá a Gabriel Pereira,
fechada el 23 de agosto de 1831, le informa que "ni uno solo ha escapado
del lazo maestro que les armó este experto Jefe (Rivera)" y las ventajas
políticas que la masacre representaría para el "riverismo".
Picerno señala que en otra misiva dirigida a Juan María Pérez, escrita
a los dos días de la matanza de Salsipuedes, desde la Isla de Juan Tomas,
paraje próximo al Paso del Sauce del Queguay, Rivera admite que se hizo
perseguir a los charrúas hasta su "exterminio".
"Mi estimado amigo.- Ya Ud. savra p.r los partes dados al Gov o q.e el
resultado sovre la horda de salvages q.e tanto an afligido a nuestro país,
a correspondido a el empeño con q.e el Exto les a perseguido asta lograr
su total esterminio y de lo q.e nos debemos felicitar. Si envargo, q.e
todavía falta algo q.e aser pero lo mas difícil esta ya vencido. Con esta
fecha pongo a dispocion del Gov.no a un Reg.to de Cavallería q.e debe
servir de polecia en los terminos q.e la Ley previene...", dice la
carta.
El investigador añade otro documento a su trabajo: la respuesta que
Rivera dio a la publicación "El Iris" de Río de Janeiro el 30 de octubre
de 1848, cuando en Brasil se le increpaba haber ordenado la masacre de los
indígenas, cuyo texto reproduce el Boletín Histórico del Ejército Nº 193 y
196.
"...Se a min coube a fortuna e glória de acabar com uma horda de
selvagens nomados e ferozes, abrigada nas escabrosidades do paiz, fiz o
que outros nao puderam alcanzar antes de mim, e cumpri as ordens do
gobernó, com grande satisfacçao das populaçoes, que por tantos annos foram
victimas de correrias, roubos e mortes d´ aquelles bandidos. (...)
Limitarme-hei porêm aos factos inventados. (...) E´falso que houvesse
necessidade de atraiçoar os selvagens para os-destruir: nem estes
selvagens foram nunca alliados do gobernó oriental, nem os orientaes, com
quem eu tive a fortuna e honra de combater para cima de 35 annos, em mais
de cem batallas, podian tener taes homens, desde que por utilidade geral,
se-decretava o seu exterminio..." (Textual). "No había ningún derecho a
asesinarlos. Si cometían algún delito, según la Constitución flamante,
estaba la Justicia para procesarlos. Ya existía un Código Penal que se
aplicaba a quienes eran 'ciudadanos naturales' por haber nacido libres en
el territorio y los charrúas también eran 'ciudadanos legales' por haber
participado como combatientes en las luchas por la independencia. Esto lo
reconocía la Constitución de 1830", dice Picerno.
La "apología" de los Sanguinetti
Picerno subraya que en declaraciones sobre la masacre de los charrúas
tanto el ex presidente Julio María Sanguinetti como su esposa, la
profesora Martha Canessa, estarían configurando una apología del genocidio
de los charrúas al desconocer intencionalmente la verdad histórica. El
investigador recuerda que en una entrevista con Carlos Perciavalle, cuando
le habló del "genocidio", Sanguinetti lo interrumpió y dijo: "No repitas
eso de que hubo un genocidio acá". "No es cierto, históricamente no hubo
ningún genocidio acá. Además ni lo hubo ni lo podía haber. Porque a los
pobres indios los esclavizaban. Y lo último que quería era matar a aquel
que hacían trabajar..."
Picerno agrega que también en la sección "Ecos" del diario El País,
Sanguinetti dijo que "se trataba de una cultura arcaica", como si por ser
arcaica no tuviera sus valores, no hubieran sido valientes, defensores de
la independencia, y aliados de Artigas. Nos preguntamos si por ser
arcaicos no tenían derecho a vivir como todo ser humano", señala el
investigador.
El pasado 1º de diciembre, el semanario Búsqueda informó de una charla
que la profesora Martha Canessa dio el miércoles 23 de noviembre en la
sede departamental del grupo político Nueva Fuerza Colorada, del diputado
Daniel García Pintos, donde abordó el tema "Rivera y los charrúas".
Canessa dijo que los charrúas "eran muy pocos, violaban, robaban, y
mataban, y el entonces presidente Fructuoso Rivera no tuvo otra
alternativa que civilizar y poner colonos, así que no se puede hablar de
que haya promovido un genocidio".
Picerno sostiene que si eran pocos no había derecho de exterminarlos y
replica a Canessa respecto a que los charrúas mataran o violaran, cuando
no hay documentos serios que demuestren lo último, sino que, por el
contrario, eran las mujeres y niñas charrúas las violadas por españoles y
gauchos. El investigador también refuta otras expresiones de Canessa
respecto a que "Rivera tuvo mala suerte, tuvo mala prensa", que los
uruguayos inventaron un mito sobre los charrúas, mientras Rivera era un
personaje auténtico y su cuestionamiento de si matar "¿130 charrúas son un
genocidio?"...
Para Picerno, las declaraciones de Sanguinetti y Canessa contravienen
el artículo 6º del Tratado de Roma, donde se considera genocidio una serie
de actos "perpetrados con la intención de destruir total o parcialmente a
un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal". "Uno de los
Derechos Humanos fundamentales es el conocimiento de la verdad. Por lo
tanto instamos a quienes tienen responsabilidades, a informarse tanto de
la documentación histórica de nuestro pasado, como sobre Derechos Humanos
y los tratados que han sido ratificados por Uruguay sobre genocidio",
destaca Picerno. "Creemos que es hora de una reflexión: no se puede seguir
adulterando la realidad histórica, y los ciudadanos de hoy no somos tan
incautos como aquellos que creyeron en quienes los llevaron al genocidio.
Hoy tenemos los documentos probatorios, por lo tanto el genocidio y el
fraude ya no tienen cabida. Es la hora de la verdad y de la dignidad",
concluye el investigador.