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3 de febrero de 2006

Brecha de Uruguay - 3 de febrero de 2006

Debates pendientes

Los movimientos
ante los gobiernos progresistas

Con mayor énfasis que en las cinco ediciones anteriores, en la sexta edición del Foro Social Mundial (y II Foro de las Américas) la cuestión de las relaciones entre los movimientos sociales y los gobiernos de izquierda y progresistas de la región sobrevoló el evento. Aunque el debate es aún incipiente, dejó heridas abiertas, pero –a diferencia de períodos anteriores– todo indica que la sangre no llegará al río.

Raúl Zibechi
El director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, fue quien planteó el tema con mayor crudeza. En su opinión, trasmitida en un editorial publicado en la edición de enero del mensuario, los objetivos con los que fue creado el fsm corren el riesgo de desdibujarse, al punto que advierte el “agotamiento de la fórmula inicial”. Para Ramonet el foro va camino de “despolitizarse y folclorizarse”, de convertirse en una suerte de “feria internacional de asociaciones, un salón mundial de la sociedad civil”, y debe, por el contrario, “crear las condiciones de un paso al acto político”.
En su opinión, el encuentro de Caracas era una buena oportunidad de dar ese paso, ya que “por primera vez el foro se celebrará en medio de la revolución bolivariana y el conjunto de reformas que conduce el presidente Hugo Chávez”. Sumado a la “nueva atmósfera latinoamericana”, pautada por el triunfo conseguido en Mar del Plata en noviembre contra el ALCA y la llegada al poder de Evo Morales en Bolivia, el clima continental habilitaría las condiciones para hacer retroceder la globalización, a condición de “no ceder, no plegarse, no traicionar”. Concluye su alegato señalando que hay que “saber dar prueba de una voluntad política inquebrantable”.

INTRODUCIR MATICES

En una orientación muy similar a la de Ramonet se expresó pocos días antes de la iniciación del foro el sociólogo venezolano Edgardo Lander, definido por la agencia Carta Maior como “una de las principales figuras detrás del fsm 2006”. Lander considera que “hubo, en épocas anteriores, en muchas discusiones entre las organizaciones sociales, la pretensión de separar lo social de lo político, de creer que lo político era contaminado y sucio, que lo social era lo puro y autónomo”. Para este intelectual la realización del foro en Venezuela permitía que los movimientos de ese país entraran en contacto con los de otras partes del mundo para aprender de sus experiencias; la posibilidad de que gentes de otros países conozcan la realidad venezolana; y que “la presencia de muchos medios de comunicación y de mucha gente” en Venezuela “puede construir, significativamente, una barrera de protección ante las amenazas imperiales del gobierno de Bush”.
En el polo opuesto se situó el antropólogo y ex diputado del Partido de la Revolución Democrática (PRD) mexicano, Gilberto López Ribas. Para quien ahora participa en la “otra campaña” conducida por los zapatistas, “los movimientos sociales no deben confiar, por principio, en ningún cambio institucional, sea del signo que sea”. Apoyándose en su experiencia parlamentaria, López Ribas defendió el autonomismo y apuntó que la recaída en la corrupción de los partidos que son gobierno “es un destino y es estructural”, ya que la experiencia demostraría que “si se entra en el camino de la institucionalidad se termina reproduciendo el sistema”.
Una posición intermedia fue defendida por el editorialista de La Jornada, de México, Luis Hernández Navarro, quien aseguró que el foro se encuentra en una difícil encrucijada: “El establecimiento de gobiernos de izquierda en América Latina ha puesto en aprietos al foro. La organización nació como una instancia de encuentro y debate diferenciada de gobiernos y partidos. La presencia de mandatarios en sus plenos ha obligado a sus organizaciones a hacer malabares para no romper su pacto fundacional”. Sin embargo, estima que las cosas no pueden pintarse en negro sobre blanco: reconoce que Chávez ha establecido lazos tan profundos con los movimientos, que organizaciones como Vía Campesina, “tan celosa de su autonomía y tan reacia a tener tratos con el poder, ha forjado una magnífica relación con la revolución bolivariana”.

URUGUAYOS EN EL FORO

Las opiniones de uruguayos que llegaron a Caracas parten de las enormes dificultades que enfrentó la organización del evento para resolver los problemas de infraestructura, transporte y seguridad. Juan Castillo (PIT-CNT) tuvo la sensación de que “la ciudad colapsó” y recordó que los organizadores brasileños de los cuatro foros que se realizaron en Porto Alegre habían adquirido una gran experiencia en la materia.
Para Lilián Celiberti, de Cotidiano Mujer y la Articulación Feminista Marcosur, los problemas organizativos fueron los esperados, pero añadió problemas en las traducciones simultáneas y en la seguridad, y que no fueron pocos los que sufrieron robos.
A la hora de evualuar el encuentro, Castillo enfatizó lo que considera “una gran asamblea con debates, acción y movilización, un ejercicio democrático sano muy útil para conocer otras formas de ver el mundo y de crear alternativas”. Destacó la gran participación juvenil, la participación en una instancia que contribuye a que existan “cabezas abiertas y opiniones libres aunque no haya representaciones orgánicas”. Ante los debates planteados, señaló que “es un acierto el grado de democracia existente y no me parece que haya que institucionalizarlo”.
El dirigente sindical puso el dedo en dos de los temas en discusión: la mayor o menor organicidad del evento, en aras de una supuesta eficacia política, y el relacionamiento entre movimientos sociales y gobiernos progresistas o de izquierda. Sobre el segundo aspecto señaló que la trayectoria del sindicalismo uruguayo indica que “nuestro método histórico de relacionamiento con los gobiernos era la confrontación”, pero que ahora se trata de otras disyuntivas que consisten en “quedarnos a esperar el resultado de una gestión de gobierno o bien en tratar de incidir en su desarrollo”.
Sobre la cuestión de la autonomía cree que es “una construcción permanente” pero en el caso de los movimientos uruguayos estima que “la independencia de clase está ganada”. Sin embargo, este militante comunista considera que en el continente “todavía la idea de la correa de trasmisión no se ha superado”. Con ese término rememora viejos debates sobre si los movimientos deben limitarse a ser “correas” de los partidos o deben construir su independencia. Finalmente, Castillo advierte sobre la necesidad de seguir trabajando en esa dirección, ya que “en general en América Latina a los movimientos sociales les falta independencia política”.

EL PAPEL DE CHÁVEZ

Javier Taks, de la Casa Bertold Brecht, quien participa de la Red Vida, consagrada a la defensa del agua como bien público, cree que para este sector del movimiento el VI fsm fue exitoso. La red continental inspirada en la Coordinadora del Agua de Cochabamba, que consiguió revertir la privatización del servicio con vastas movilizaciones en abril de 2000, creció con la integración de movimientos de varios países europeos. En el área del agua, el relacionamiento con los gobiernos no ofrece dudas: “Como señaló Óscar Olivera, de Cochabamba, se necesita otra forma de hacer política, ya que los gobiernos de izquierda están donde están porque los movimientos los llevaron allí”. Sin embargo, estima que ese debate aún está “poco maduro en el foro y no está claro dónde y cómo pararse”.
Al igual que otros participantes uruguayos, cree que el papel de Chávez fue desmedido, en particular su participación en la Asamblea de los Movimientos, evento televisado donde habló durante tres horas, en lo que pareció “un diálogo de delegados que informaban a Chávez, le rendían cuentas al presidente del país que los hospedaba”, a tal punto que el mandatario venezolano parecía actuar como “el presidente de los movimientos sociales”.
Celiberti, quien ha participado en todos los foros y en el Comité Internacional, comparte una valoración crítica aunque no la focaliza en Chávez. “La pluralidad política estuvo menos presente”, señala. Cree que el debate sobre el futuro del foro quedó pendiente y que el debate sobre las relaciones entre movimientos y gobiernos de izquierda es muy complejo. No piensa que sea posible establecer dos bloques políticosociales homogéneos, como en los años setenta, y entiende la hegemonía “como algo más complejo, abierto, desde abajo”. Sostiene que “si ese proceso de construcción se paraliza en función de los gobiernos de izquierda se simplifican las contradicciones con un bando bueno y otro malo”.
Comparte con Taks el “problema” de que un líder como Chávez se convierta en un líder de los movimientos continentales, pero cree que el gran desafío del fsm “no es erigirse en interlocutor de los gobiernos con un proyecto político, porque el referente son los movimientos que tienen agendas diferentes y hasta contradictorias”. El debate sobre si el foro puede actuar como un “sujeto político” lleva directamente a la cuestión de la creación de una organización vertical y homogénea, lo que ha sido explícitamente rechazado desde que se creó ese espacio. Sin embargo, como apunta Ramonet, los tiempos y realidades políticas merecen respuestas urgentes. “El debate recién empieza”, apunta Celiberti. “Lo que más me preocupa es que esta convergencia de estrategias estatales delinee un eje político en el que no todas las voces tengan la posibilidad de hacerse escuchar.”

 
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