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5 de febrero de 2006

Brecha de Uruguay - 3 de Febrero de 2006

El origen “uruguayo” del armamento

Tráfico de armas hacia Brasil

Un esquema de triangulación de contrabando de armas y narcotráfico en el que participarían altos oficiales uruguayos preocupa al gobierno, aunque generó malestar la difusión de una investigación brasileña sin previa comunicación oficial.

Samuel Blixen
“Toda la región es un queso gruyer. Seguramente desde las fronteras con Paraguay, Argentina y Uruguay se introduce en Brasil el armamento pesado que utilizan las organizaciones de delincuentes en San Pablo y Rio de Janeiro. Ese armamento sólo puede ser suministrado por elementos militares, porque es armamento de guerra. ¿De dónde se obtiene? Las misiones de paz pueden ser una vía fácil para derivar armas. La investigación de una comisión parlamentaria brasileña sobre ese tráfico quizás sirva para instrumentar acciones conjuntas que desmantelen el vínculo entre militares y las mafias. Habrá que esperar la información oficial para iniciar aquí una investigación.”
Así se expresó una calificada fuente del gobierno consultada por BRECHA a raíz de las revelaciones de parlamentarios brasileños sobre la identificación de oficiales de alto rango, argentinos y uruguayos, involucrados en el tráfico ilegal de armas, obtenidas en grabaciones de conversaciones telefónicas y videos, en el proceso de seguimiento y vigilancia que organismos de inteligencia brasileños sometieron a miembros de las mafias Comando Vermelho, de Rio de Janeiro, y Primer Comando de la Capital, de San Pablo.
Miembros de la Comisión Parlamentaria Investigadora del Congreso en Brasilia afirmaron el lunes 30 que existen “pruebas contundentes” de la participación de un general uruguayo en el tráfico de armas. Según el diputado Moroni Torgan, el dato surgió de las afirmaciones de un narcotraficante que explicaba a su interlocutor quién abastecía desde Uruguay a la organización criminal de San Pablo.
En una primera instancia, legisladores brasileños afirmaron poseer el nombre de ese oficial, pero después explicaron que los datos recabados permitirían fácilmente ubicarlo, porque de las grabaciones surge el grado militar, el cargo que ocupa y hasta la dependencia en que trabaja. Otro tanto ocurriría con oficiales de alto rango argentinos, paraguayos y de Surinam.
Las declaraciones iniciales provocaron malestar en los gobiernos de los países involucrados, debido a que la información fue filtrada a la prensa sin que previamente hubiera una comunicación oficial a los respectivos gobiernos.
El subsecretario de Defensa, José Bayardi, explicó que no podían tomarse iniciativas hasta que no hubiera una información oficial y precisa. El gobierno no diluye la importancia del hecho, pero reclama información concreta para actuar. El diputado Luis Rosadilla (MPP), presidente de la Comisión de Defensa de la Cámara baja, afirmó a BRECHA que el esquema regional de tráfico de armas fue comentado en Bolivia entre periodistas y diplomáticos que asistieron a la asunción presidencial de Evo Morales, pero en los reiterados contactos que mantuvo últimamente con el embajador de Brasil en Montevideo “el tema nunca fue mencionado”.
Por lo pronto, el gobierno instruyó al embajador uruguayo en Brasilia, Pedro Vaz, para que tome contacto con la Comisión Parlamentaria Investigadora y, en lo posible, obtenga una copia del informe, hasta ahora secreto. El embajador tomó contacto con algunos legisladores y recabó información que consideró superficial y ambigua. Otro tanto hizo el embajador argentino Juan Pablo Lohlé, quien, según informaciones de prensa, no logró obtener los nombres de los seis altos oficiales mencionados en las cintas grabadas que maneja la comisión. El embajador de Paraguay en Brasil, Luis González Arias, sostuvo: “No se puede soltar algo así por la prensa, como una noticia. Esto se debe notificar primero a la embajada”.
Una alta fuente militar consultada por Subrayado, de Canal 10, manifestó su desagrado. “Que den los nombres”, reclamó, molesto por una información que involucra a todos los generales. Una fuente del gobierno consultada por BRECHA no descartó que algún alto oficial del Ejército pudiera estar comprometido en el contrabando de armas, pero aseguró que no existiría, como ocurrió antes con el “caso Berríos”, una postura corporativa para evitar la investigación y el castigo. “Será una oportunidad para depurar al Ejército de elementos indeseables, y no creo que pueda haber ninguna derivación institucional.”

LAS DENUNCIAS

La investigación de los parlamentarios brasileños es considerada en Brasilia como la más decidida acción, emprendida hasta el momento, para desarticular el vínculo entre traficantes de armas y narcotraficantes, que mantiene a las principales ciudades brasileñas en un virtual estado de guerra. La información, inicialmente revelada por Jornal do Brasil, confirma que los parlamentarios investigadores llegaron a detectar la trama del contrabando de armas y a confirmar que el suministro de material de guerra sólo es posible con la participación de militares de la región. La confirmación de ese vínculo surgió de la documentación obtenida tras meses de paciente vigilancia. Según el diputado Paulo Pimenta, que pertenece al Partido de los Trabajadores, del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, la comisión cuenta con grabaciones telefónicas, autorizadas por la justicia, de conversaciones mantenidas por intermediarios brasileños. “En esas grabaciones aparecen criminales brasileños conversando sobre la venta de armas, citando nombres de personas, de altos oficiales de las fuerzas armadas de esos países”, afirmó el legislador. Pimenta señaló que él mismo pudo comprobar en un operativo realizado en la frontera entre las ciudades de Uruguayana y Paso de los Libres cómo se registraba una entrada bastante significativa de armas.
El diputado Torgan (del conservador Partido del Frente Liberal), un antiguo comisario de la Policía Federal que ya presidió una comisión parlamentaria sobre narcotráfico, dijo que están identificados como parte del tráfico al menos cinco generales de Uruguay, Paraguay y Surinam, y otros seis altos oficiales del Ejército argentino. “La información que tenemos es que son todos militares de los ejércitos de estos países. De Uruguay llegarían armas nuevas y usadas”, afirmó. Según Pimenta, investigaciones realizadas tiempo atrás establecían que por un arma robada se pagaban 100 dólares en Montevideo, 300 en Rivera y más de mil en Rio de Janeiro.
Por las informaciones recabadas en la comisión, en Argentina las propias fábricas de armas ayudan a los oficiales a traficarlas. “Las informaciones que recibimos muestran dónde actúan estos oficiales y cómo hacen para transportar las armas a Brasil”, dijo Torgan. Una de las informaciones incluye hasta el nombre de una empresa transportadora involucrada con los oficiales del Ejército argentino, que traería las armas a través de las carreteras del sur de Brasil hasta Rio y San Pablo.
Por su parte, el diputado Colbert Martins da Silva Filho, también miembro de esa comisión del Congreso brasileño y dirigente del Partido Popular Socialista, sostuvo que la comisión tiene videos con imágenes de equipos, automóviles y personas, lo que probaría que los militares involucrados no sólo participan en el contrabando de armas. “Ellos participan simultáneamente del tráfico de drogas. Son operaciones combinadas”, dijo.

ANTECEDENTES

La investigación brasileña sobre el esquema de abastecimiento a las organizaciones criminales lleva varios años. En 2001, el Servicio de Inteligencia del Estado de Argentina inició una investigación a pedido del entonces gobernador del estado de Rio de Janeiro, Anthony Garotinho, sobre el origen de armas y granadas de mano de fabricación argentina secuestradas por las fuerzas de seguridad a miembros de las organizaciones criminales que operan en las favelas.
En 2002, la sucesora en el cargo de gobernador de Rio de Janeiro, Benedita da Silva, quien luego sería ministra de Acción Social del actual gobierno brasileño, reiteró el pedido de colaboración al gobierno argentino para detectar el camino de las armas ilegales. En abril de 2003 la policía brasileña detuvo en la periferia de Rio una camioneta cargada con 50 granadas defensivas fmk 2 de fabricación argentina, sus cajas de espoletas y 20 mil cartuchos alemanes para fusiles automáticos. Ya en esa época la Policía Federal de Brasil y los servicios de inteligencia de ese país trabajaban sobre la hipótesis firme de una red ilegal de tráfico de armamento de guerra, que sería abastecida por militares de países del MERCOSUR, particularmente Paraguay y Argentina. En algunos casos se trataría de material bélico declarado obsoleto o fuera de uso, que desaparecería del inventario de los depósitos del Ejército. En otros, de contrabando de armas proveniente de Estados Unidos y países europeos.
Ahora, las nuevas investigaciones subrayan el protagonismo de militares uruguayos en los procesos de triangulación. El origen “uruguayo” de armamento confiscado en Brasil a narcotraficantes estaría directamente relacionado con la participación uruguaya en las misiones de paz, una oportunidad para obtener armas en el exterior e ingresarlas en el país. Este extremo, según fuentes del gobierno consultadas por BRECHA, sería el mayor motivo de preocupación dado que, en el pasado, el tráfico de armas estaba reducido al material que pudiera ser robado de los arsenales o comprado a soldados, lo que implicaba maniobras delictivas de magnitud reducida.

 
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