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5 de febrero de 2006
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Brecha
de Uruguay - 3 de Febrero de 2006
Desde Bella Unión
Productividad o agonía
Dura prueba para el gobierno se presenta en Bella
Unión: crecer con justicia social justo allí donde se
enterraron esperanzas y millones de dólares.La hora de la
verdad para la izquierda en Bella Unión
Sergio Israel
No es un paisaje común.
Según el punto de mira se pueden ver las luces de Monte
Caseros, en Argentina, y casi al mismo tiempo la Barra de
Quaraí, al otro lado del Cuareim. Mientras en un bucólico
escenario frente al río Uruguay, en el parque Rivera, ayer
jueves un “show de música para todos” anima a los vecinos de
Bella Unión, en alguna parte de la ciudad se discuten
cuestiones que afectan seriamente el futuro de varias
generaciones en una zona con altísima tasa de desocupación y
otros males conocidos. Unas horas antes, ministros,
subsecretarios y directores, acompañados de una pequeña troupe
de dirigentes sindicales y legisladores llegaron a la ciudad
más norteña y castigada del país para dar un aventón al
cumplimiento de la palabra empeñada por el presidente Tabaré
Vázquez: relanzar el malherido cultivo de caña de
azúcar. Hacía años que el destartalado camino que une la
ruta 3 con el ingenio no recibía tanto tránsito. La actitud
ante los peludos que acampaban en el predio tomado sirvió como
termómetro de la situación. Hubo de todo: desde saludos con el
puño en alto hasta ceños fruncidos. Al mediodía hubo un
acto que incluyó brindis y almuerzo en el ingenio y al caer la
tarde un acto en la Junta Local con palabras de Mujica. En el
medio, varias reuniones y una recorrida por la empresa
Calvinor –a punto de ser cedida al grupo Carrau–, intentando
llegar a acuerdos con los diversos actores del complejo mundo
de la caña, la vitivinicultura y sus colaterales, una realidad
que con ojos montevideanos apenas se atisba.
EN LA MECA DE LOS TUPAS
La izquierda en el gobierno parece resuelta a
comenzar con su idea de país productivo precisamente allí
donde –en los últimos 30 años– fracasaron rotundamente los
gobiernos democráticos y la dictadura, con su publicitado
Vértice Norte. Pese a que en el pasado tanta plata dulce
(al menos unos 100 millones de dólares) trajo tan poco
bienestar y desarrollo, los habitantes de la zona no parecen
haber perdido las esperanzas, aunque no es sencillo aventurar
si realmente creen que ahora será diferente. En la década
de 1960 el procurador Raúl Sendic quiso expropiar 30 mil
hectáreas de las hermanas Silva y Rosas (hoy colonia del
Instituto de Colonización), comenzó a organizar a los peludos
y convirtió a varios en militantes tupamaros, algunos de los
cuales estuvieron presos e integran hoy la lista de
desaparecidos. Desde entonces, comenzaron a caer sobre la zona
diversos programas de ayuda: cada uno peor que el
anterior. Aunque no existe una investigación científica que
lo avale, podría decirse que la mayoría de los vecinos de
Bella Unión confía en la apuesta del gobierno. Ésta tendrá
como pilar a la caña de azúcar, pero procurará evitar el
peligroso camino del monocultivo. La política llamada de
sustitución competitiva de importaciones (porque desde el
gobierno de Luis Alberto Lacalle, MERCOSUR mediante, el azúcar
que se consume es en su mayoría importado) fue formulada por
Vázquez en la campaña electoral, reafirmada el 1 de marzo y el
9 de junio, y avalada entre otros por José Mujica y Raúl
Sendic hijo, dos nombres que en la meca de los tupamaros
tienen, a todas luces, un peso especial. Mujica llegó a
Bella Unión con su mejor versión de viejo paisano rezongón que
ya no tiene nada que perder y busca hacer razonar. Pero contra
lo esperado no se presentó en CALNU ni ante los ocupantes del
predio de Colonia España, acampados en el terreno de 36
hectáreas que está camino al ingenio. Al cierre de esta
edición estaba reunido con la intersindical, el secretariado
del PIT-CNT y los peludos, aunque no trascendió quién
sermonearía a quién. Los dirigentes peludos iban preparados
para rebatir al viejo dirigente su antipática y poco
revolucionaria idea de hacer crecer primero la torta para
luego repartirla. Sendic hijo, marcando otra posición, sí
llegó al campamento acompañado del presidente de la petrolera,
Daniel Martínez. Sendic lo hizo como presidente de la empresa
(propiedad de ANCAP y la Corporación Nacional para el
Desarrollo) que se supone será el buque insignia de la
operación salvadora: Alcoholes del Uruguay
(ALUR).
¿FANTÁSTICO O MÁS DE LO MISMO?
Por debajo de la
esperanza manifiesta se perciben las amarguras dejadas por más
de sesenta años de caña de azúcar. Como en cualquier pueblo
chico que se precie, abundan las rencillas y los
personalismos. Pero además, la sociedad cañera está dividida
en, al menos, cinco fragmentos por las viejas reglas
capitalistas: plantadores (llamados gringos o cañeros, unos
140, una docena de ellos muy poderosos), plantadores fundidos
o sin tierra propia (unos 300), peludos (unos 1.000 cortadores
a destajo), empleados del ingenio (140) y trabajadores
zafrales del ingenio (alrededor de 250). Pasando a
controlar el ingenio de CALNU, mediante un contrato de
alquiler sui géneris por diez años, el Estado no hizo otra
cosa que quedarse con una planta bastante obsoleta y mal
mantenida que la sociedad uruguaya ya había pagado con creces
por vía de créditos bancarios pendientes de cobro. Esa fórmula
habilitada por el BROU, que incluye comprar con dinero fresco
venezolano una destilería para producir etanol (véase
recuadro), irritó a los que controlaron hasta ahora la
ineficaz cooperativa, dejó tranquilos a los trabajadores del
ingenio, que mantendrán sus puestos de trabajo, y con muchas
dudas al grupo más numeroso y disperso, los
peludos. Después de lograda la firma del alquiler del
ingenio, el gobierno hizo circular el borrador de un documento
que se proponía suscribir el 31 de enero en Bella Unión,
aunque la vida demostró que la cosa aún está verde. Para ese
entonces las autoridades apostaban a llegar a un acuerdo
incluso con el sector más duro que se había sublevado el 14 de
enero ocupando, más o menos sorpresivamente, la pequeña chacra
de Colonización de apenas 36 hectáreas en poder –al menos en
los papeles– de un colono fundido. El campo improductivo,
perteneciente a un votante del mpp, tiene además la
particularidad de estar ubicado en un lugar estratégico, en
una esquina sobre la ruta de entrada al ingenio de CALNU y a
la ruta que lleva a Bella Unión, distante a sólo nueve
quilómetros. Las expectativas de los involucrados son
bastante distintas. Un sector de ellos confía en que se trata
de un cambio real y trascendente, mientras que otro teme que
sea más de lo mismo. Entre los primeros está el productor y ex
presidente de CALNU, en tiempos de la dictadura, Daniel
Moraes. El plantador dijo a BRECHA que el proyecto del
gobierno es “fantástico” porque “va a darle una oportunidad a
este pueblo”. En su opinión, la vieja idea de producir etanol,
si se concreta ahora, cuando en el mundo cada vez se habla más
de la necesidad de sustituir al petróleo, será como “un mesías
removedor sin límites”. Para Moraes, el episodio de la
ocupación de tierras no opaca la importancia del proyecto, y
la nueva perspectiva “minimiza los 15 años de crisis”, aunque
subrayó que se trata no sólo de hacer cosas sino de “avanzar
con la gente”. En el otro extremo los ocupantes del campo
de Colonia España, que siguen el ejemplo del Movimiento de los
Sin Tierra (mst) de Brasil, temen que el gobierno se haya
olvidado de los trabajadores. Los peludos agremiados en la
legendaria Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas (utaa),
una parte de los sindicalizados en soca (el gremio de los
trabajadores de CALNU) y una asociación de pequeños
productores reivindican la consigna “Por la tierra”, además de
llamar la atención, como sindicato, sobre el peligro de que la
concentración de las plantaciones de caña en pocas manos no
haga otra cosa que perpetuar las pésimas condiciones de
trabajo y la superexplotación que caracterizan al
sector. Si bien en el borrador elaborado por el gobierno se
habla de “generar también lo más rápidamente posible un
aumento de la generación de empleos genuinos y de la mejor
calidad”, de que “se han respetado los derechos de todos los
actores” y propone “la creación de una comisión asesora”
integrada por plantadores y cortadores de caña “que tendrá
como objetivo estudiar y proponer lineamientos estratégicos y
grandes acciones”, los sindicatos del sector no están
conformes. Los voceros de estas organizaciones, que
lograron primero la solidaridad de sectores llamados radicales
de Montevideo y luego de los trabajadores representados en el
PIT-CNT, dejaron en claro que no están en contra del proyecto
sucroalcoholero (nombre patentado por Agazzi), pero plantearon
varios reparos. Estiman que la concentración de la tierra en
pocas manos, la falta de una política de tierras en el
Instituto Nacional de Colonización y la ausencia de
participación de los trabajadores son síntomas muy
preocupantes. Quizás por falta de diálogo, los peludos
organizados en utaa no creen demasiado en el proyecto del
gobierno, aun cuando una parte del mismo está encabezada por
Raúl Sendic, que mantiene fuerte predicamento entre ellos. Los
peludos acampados esperaban a Mujica y a Sendic con sus
propias ideas sobre el tema y un gran póster del líder
desaparecido. El mensaje recurre al mito aunque su hombre de
confianza, Luis “Gordo” López, pasó a segundo plano porque no
estaba de acuerdo con la ocupación de tierras. A los peludos
tampoco les resulta confiable la generosidad en dólares de la
Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación (uita)
que está detrás del proyecto.
CAÑA CON COCA-COLA
La lucha
por la tierra y condiciones de trabajo más humanas para los
que quieran seguir como asalariados es una reivindicación a la
que nadie puede, razonablemente, enfrentarse. Sin embargo,
quienes se oponen con fuerza –sobre todo desde el mpp– a la
ocupación de tierras y lo ven como un golpe bajo a su
ministro, lo hacen con el argumento de que las experiencias de
cooperativas cañeras han sido catastróficas y que el pasaje de
un estatus a otro no es una cuestión sencilla. Y no faltan los
que dicen que en Bella Unión falta cultura de trabajo, que
muchos que se presentan como cortadores en realidad sólo posan
de tales y que “caña sólo cortaron con Coca-cola”. El propio
Mujica dejó clara su opinión escéptica con respecto a las
cooperativas, el 25 de enero durante el acto de la firma del
pasaje de CALNU a ALUR. En cuanto al legítimo reclamo de
condiciones de trabajo humanas, señalan que el camino son los
consejos de salarios. Sin embargo, no son pocos quienes en
Bella Unión reconocen que a los peludos le asiste al menos
algo de razón, aunque más no sea porque formar un sindicato en
pleno siglo xxi, en una actividad como la caña de azúcar, es
una tarea reservada para muy guapos y porque además a nadie se
le debería negar de plano el derecho a acceder a la tierra.
Otra cosa es que logren una productividad aceptable de acuerdo
a las exigencias actuales, un asunto que se presenta
precisamente como el gran desafío. El otro, concomitante, es
lograr que el Estado, en lugar de comportarse como un Leviatán
de siete cabezas, actúe en forma coordinada y racional al
servicio de los ciudadanos. Los de Bella Unión y los
otros. Producción: Carlos Caillabet
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