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5 de febrero de 2006

La Nación de Chile - 5 de Febrero de 2006

Los huesos del edecán

Vuelco en el caso
del asesinado edecán de Allende

La nueva investigación judicial aporta contundentes datos que vinculan a oficiales de la Armada con civiles de ultraderecha como autores del atentado en que murió el marino. Exhuman restos, aparecen nuevos testigos: el cadáver sigue hablando.

Jorge Escalante La Nación
Los hijos del ex edecán del Presidente Allende, capitán de navío Arturo Araya, tomaron una dolorosa pero fundamental decisión para el nuevo proceso que se instruye por el crimen de su padre: pidieron a la jueza Patricia González, del 17 Juzgado del Crimen de Santiago, la exhumación de los restos del comandante desde el cementerio de Playa Ancha en Valparaíso.

El objetivo es realizar una nueva autopsia para acercarse científicamente a la presumible existencia de un francotirador que pudo ser el verdadero causante de la muerte; distinto al autor material que estableció el proceso del Juzgado Naval de Valparaíso, luego de ocurridos los hechos la madrugada del 27 de julio de 1973.

La controversia tiene que ver con la autopsia original, la trayectoria de la bala homicida y el hallazgo esa noche de sólo cuatro vainas en el lugar del crimen, cuando los impactos de bala periciados en el frontis de la casa fueron cinco, más la vaina que debió quedar de la sexta bala que entró en el tórax del edecán y le dio muerte.

Este antecedente tiene directa relación con otro ángulo de la nueva investigación, que busca determinar la existencia de un complot político-militar para asesinar al comandante Araya, que difiere de la simple teoría de la “coincidencia” o “casualidad” del crimen, que sustentó la justicia naval.

“El homicidio del comandante Araya tuvo lugar sin ninguna preparación previa”, afirmó la sentencia del proceso dictada a fines de los años ’70 en Valparaíso en la causa instruida por el entonces fiscal naval, capitán Aldo Montagna y su secretario, el oficial naval Jorge Garretón Iturra, ex cónsul general en Caracas. El juez naval de la época fue el contraalmirante Arturo Troncoso.

EL “FIFO”

La nueva investigación judicial arroja antecedentes frescos que avalan la hebra indagatoria del complot, en el sentido de que existió una vinculación entre oficiales de la Armada en servicio activo, especialmente de inteligencia e Infantería de Marina, con civiles de ultraderecha que instigaron la asonada de esa noche en la casa del comandante, o que participaron directamente en ella. Algunos de estos civiles eran, efectivamente, militantes del movimiento de extrema derecha Patria y Libertad (PL), lo que en un momento negaron pero que hoy se conoce por los testimonios de los propios altos dirigentes de PL en ese tiempo.

Luis Palma Ramírez, el “Fifo”, que participó en el atentado al edecán, declaró recientemente que estando detenido en la cárcel pública de Santiago a raíz del crimen del comandante Araya, “el mismo 11 de septiembre de 1973 me sacó de la cárcel gente de la Armada”, para llevarlo a su casa.

La jueza González pidió a Gendarmería la información de los libros de registro del penal de ese tiempo, para saber qué oficiales de la Armada sacaron a Fifo Palma.

Como se recuerda, Gendarmería entregó a los tribunales una información similar cuando, en 1974, la DINA sacó de esa cárcel al ingeniero comunista David Silberman, quien luego desapareció. Mediante esta información de Gendarmería se determinó que fue el teniente Armando Fernández Larios y otros agentes los que, con identidad falsa, sacaron a Silberman.

En este caso, la investigación apunta a conocer las identidades de los oficiales de la Armada que rescataron a Palma, para saber, entre otras cosas, por orden de quién actuaron.

Palma se convirtió, un par de años después, en una las “estrellas” de la asociación ilícita criminal de militares y civiles del Comando Conjunto, y actualmente tiene diversos procesamientos por crímenes de lesa humanidad.

UN TAL “GUMPER”

Otro dato relevante lo aportó hace un mes Uca Lozano Jeffs, una joven estudiante en 1973 que también participó en el atentado. Sostiene que habló horas después del crimen “con la Armada” conversando con “un oficial de inteligencia de apellido Gumper” y que éste le dio algunos consejos. Se ha establecido que se trata de Daniel Guimpert Corvalán, entonces teniente de Infantería de Marina y agente del Servicio de Inteligencia Naval en Valparaíso.

Guimpert también se unió después al Comando Conjunto y hoy le afecta, al menos, una sentencia de prisión, una acusación formalizada y tres procesamientos, todos como autor de secuestro y desaparición de militantes de izquierda durante la dictadura.

La misma Uca Lozano revela que después de conversar con “Gumper”, fue a su casa a buscarla el oficial de “inteligencia de Carabineros” de “apellido Ezquivel”. Se trata del oficial hoy retirado Germán Esquivel Caballero, quien, curiosamente, llegó la madrugada del atentado a la casa del edecán Araya a hacer preguntas. Esquivel es el mismo que, según información judicial, al día siguiente del atentado armó la falsa teoría de que el autor del crimen del edecán era el obrero “socialista” José Riquelme Bascuñán. Esquivel fue otro agente del Comando Conjunto.

 
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