l ingreso de Bush al recinto de la Cámara de Representantes fue
anunciado como si fuera un emperador romano, con voz tonante: "¡El
Presidente de los Estados Unidos de América!". Durante su discurso los
asistentes se pusieron de pie decenas de veces, en una unánime rutina
gimnástica. Al final firmó autógrafos a diestra y siniestra. En el medio,
el intento de mantener las tropas en Irak, rechazado por mayorías
crecientes, el espionaje telefónico ilegal y la Ley Patriota, sin hacer
mención alguna a las torturas practicadas por sus tropas en varios
continentes y a la corrupción flagrante que afecta su entorno
inmediato.
Cindy, Coretta y la madre del sargento muerto
Estaba presente todo el establishment, incluso el nuevo integrante de
la Corte Suprema Samuel Alito, impuesto a presión por Bush pero con la
votación más baja en el Senado (58 en 100, incluidos 4 demócratas). En
cambio se impidió la entrada a Cindy Sheehan, la luchadora por la paz,
madre de un soldado muerto en Bagdad que acaba de participar en el FSM de
Caracas. Contaba con la invitación de un senador, pero la expulsaron
alegando que llevaba una T-shirt con un mensaje contra la guerra. Al
inicio de su discurso Bush rindió homenaje a Coretta Scott King, viuda de
Martin Luther King, fallecida esa madrugada. Se guardó de mencionar su
prolongada lucha por la paz y los derechos civiles, y en particular su
decidida oposición a la invasión norteamericana a Irak. En cambio, estaba
todo el escenario montado para proyectar en escena a la madre de un
sargento muerto en Falluya, y hacia ella se enfocaron todos los
reflectores. Nada menos que Falluya, bombardeada por las tropas yankis con
fósforo vivo y borrada del mapa.
El objetivo de Bush en su mensaje sobre el estado de la Unión era
revertir el estado de una opinión pública que por franca mayoría se
pronuncia contra la guerra en Irak y reclama el retorno de las tropas.
Influyen en esta nueva conciencia el número de soldados muertos, por más
que se oculten, la sensación de que se están hundiendo en un pantano como
en Vietnam, y la comprobación de las torturas perpetradas por las tropas
yankis en Irak, Guantánamo, Afganistán, así como en países de Europa y
Asia, la matanza de civiles en Pakistán, en suma un largo rastro de sangre
y actos que degradan la condición humana. Frente al Capitolio se realizó
en la tarde del martes una escenificación de prisioneros torturados.
Espionaje telefónico y ataque a derechos civiles
Encuestas como la de Los Angeles Times/Bloomberg, previas al discurso,
registran que 55% contra 43% desaprueban la labor de Bush, mientras 62%
contra 31% opina que el país necesita cambiar de rumbo. Es una caída
vertical desde el año pasado para el presidente, que será sometido a
prueba en las legislativas de noviembre. En su alocución explicitó su
empecinamiento de mantener las tropas sin límite diciendo que "las
decisiones las tomarán los mandos militares, no los políticos en
Washington".
También justificó el programa secreto de espionaje interno y su
extensión. En nombre de la "lucha antiterrorista" vale todo según Bush,
pero ello provoca rechazo generalizado. "El programa secreto viola la ley,
así de simple", señaló el New York Times. Otro tanto cabe decir de la Ley
Patriota, que significa la denegación de los derechos civiles y cuya
extensión reclamó al Congreso. Esto cuando Human Rights Watch y otros
organismos acusan al gobierno de torturas, desapariciones, arrestos
arbitrarios y otras violaciones de DDHH.
En el discurso planteó también la eliminación de 140 programas sociales
y la prolongación de los recortes impositivos que favorecen a los ricos.
Dijo que los norteamericanos tienen "adicción al petróleo" y habló de
promover sucedáneos, pero a las petroleras no les va nada mal: la mayor,
ExxonMobil, batió en 2005 el récord de utilidades, con 36,13 mil millones
de dólares, un aumento de 42% sobre el año anterior.
También brilló por su ausencia toda mención a los actos de corrupción
que cercan su entorno.
Enron, corrupción al máximo
Ello comprende las investigaciones que hicieron perder el liderazgo en
el Congreso a los parlamentarios más allegados a la Casa Blanca (Tom DeLay
y otros). Segundo, a la investigación sobre altos funcionarios de la
presidencia que filtraron el nombre de una agente clandestina a los medios
(hecho vinculado a las mentiras sobre la invasión a Irak). Pero la
frutilla sobre el pastel es que el mismo martes comenzó el juicio a dos
empresarios que contribuyeron a su carrera y se beneficiaron de su
política, Ken Lay y Jeffrey Skilling, ejecutivos de la hoy clausurada
Enron tras un proceso definido como "uno de los casos de corrupción y
fraude más grande en la historia empresarial del país".
Publicado en La República
el 2 de febrero de 2006