La propuesta del Presidente de EEUU, George W. Bush a favor de
las energías limpias fue acogida el miércoles con poco entusiasmo
por los analistas, quienes describieron el discurso como
inusualmente tímido.
En tanto que los ecologistas, que celebraron su descripción del
problema energético de Estados Unidos como una “adicción al
petróleo”, señalaron que la solución propuesta, un aumento de un 22
% en la investigación de energías limpias, no satisface las
necesidades actuales.
Además, manifestaron su profunda decepción al constatar que
durante el discurso de una hora ante la nación y el Congreso, el
Presidente ni siquiera mencionó el calentamiento global causado por
la combustión de petróleo y otros combustibles fósiles. Estados
Unidos, uno de los dos países industrializados que no han ratificado
el Protocolo de Kioto destinado a reducir las emisiones de gases
invernadero, emite un 25% del total mundial.
“Cuando se omite por completo el principal desafío, o sea el
calentamiento global, los planes simplemente no son creíbles”,
señaló Steve Cochran, portavoz de Environmental Defense. “Las
declaraciones de anoche fueron lamentablemente insuficientes”,
afirmó el “New York Times” en un mordaz editorial publicado el
miércoles exclusivamente destinado a destacar la incapacidad del
Mandatario para abordar el tema en forma seria.
Discurso fome
Bush, con niveles de popularidad muy por debajo de los que tenían
Ronald Reagan y Bill Clinton en momentos comparables de sus segundos
mandatos, dedicó la primera parte de su discurso a la “guerra contra
el terror” y ofreció una segunda parte inusualmente modesta en
cuanto a tono, sustancia e incluso a estilo de oratoria.
“Este es el primer discurso de Estado de la Nación que recuerdo
tras el cual el Presidente ha concluido la sesión debilitado en
lugar de fortalecido”, escribió Ryan Lizza, veterano analista
político, para “The New Republic”.
“Reprochado. Cuidadoso. Modesto”, fue como el analista político
Robert Brownstein, de “Los Angeles Times”, describió el discurso.
Según Brownstein, “la prudente agenda” delineada por Bush “parecía
menos destinada a transformar el debate político que a ayudar a [los
republicanos] sobrevivir un entorno político hostil” previo a las
elecciones al Congreso, programadas para noviembre.
En este contexto, sus propuestas relativas a la energía, las
cuales se suponía iban a ser audaces y de largo alcance, fueron un
anticlímax. “Tenemos un problema grave: Estados Unidos tiene una
adicción al petróleo, el cual a menudo se importa desde lugares
inestables del mundo”, declaró Bush, y agregó que por medio del
desarrollo de tecnologías alternativas se propone “reemplazar más de
un 75% de nuestras importaciones de petróleo provenientes del Medio
Oriente para 2025”.
Tras recordar que el Gobierno ha invertido casi 10 mil millones
de dólares en el desarrollo de fuentes de energía alternativa en los
últimos cinco años, Bush anunció la “Iniciativa de energía avanzada”
que, una vez autorizada por el Congreso, incrementaría la inversión
del Departamento de Energía en unos 300 millones de dólares en el
año fiscal 2007. Un asesor del Congreso señaló que esos 300 millones
son equivalentes a lo que Washington actualmente gasta en sus
operaciones en Irak durante un período de dos días.
Energías alternativas
La Casa Blanca informó que el aumento sería distribuido para el
desarrollo de “etanol celulósico”, un combustible producido de los
desechos agrícolas; las tecnologías de carbón limpio; energía solar;
energía eólica; híbridos para vehículos motorizados, y el desarrollo
de células de combustible de hidrógeno.
Steven Pearlstein, columnista del “Washington Post”, expresó una
opinión particularmente sardónica de las propuestas de Bush: “¿Hay
alguien que realmente crea que un Presidente y un vicepresidente que
se hicieron ricos a partir de sus vínculos con la industria del gas
y el petróleo y presidieron la más grande transferencia de riqueza
desde los consumidores a la industria jamás vista en la historia del
hombre, nos llevarán más allá de una economía basada en petróleo
hacia una basada en chips de madera, tallos o pasto perenne?”,
refiriéndose a la descripción que hiciera el Presidentede las
fuentes de etanol celulósico.
La intención de Bush de reducir las importaciones de Medio
Oriente fue recibida con desdén incluso por sus aliados
neoconservadores. Ellos han afirmado que el impacto sobre los
precios creado por las demandas de crudo de Washington es lo que
fortalece y enriquece a los exportadores del Medio Oriente, lo que,
en su opinión, contribuye, directa o indirectamente, a los
movimientos islámicos radicales que amenazan a Estados Unidos e
Israel.
En vísperas del discurso de Bush, la empresa líder mundial de
energía, Exxon Mobil, informó ganancias de 36 mil millones de
dólares el año pasado, lo que marca un récord histórico para una
empresa estadounidense. Éstas fueron el resultado de precios sin
precedentes para el petróleo y el gas, además de generosas
exenciones tributarias y otros subsidios fomentados por Bush y el
Congreso, con una mayoría de republicanos. LND
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