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5 de febrero de 2006
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El Periódico
de Catalunya - 4 de febrero de 2006
El derecho a dibujar a Dios
• Con la crisis de las
caricaturas nos jugamos que las religiones salgan de la esfera
privada en Europa
Bernard Cassen Director general de 'Le Monde Diplomatique'
y presidente de honor de Attac France.
¿Se pueden hacer
caricaturas de Dios? Sí, contestaron una docena de diarios
europeos, quienes, para mostrar su solidaridad con su colega
danés Jyllands-Posten, reprodujeron estos últimos días
los 12 dibujos que éste publicó en su edición del pasado 30 de
septiembre. Uno de ellos representaba a Mahoma con un
turbante en forma de bomba a punto de explotar. Por su parte,
Le Monde publicó el 3 de febrero un retrato del
profeta en portada. Lo que se ha dado en llamar el asunto
Mahoma se está convirtiendo en un asunto de estados, así,
en plural. El dibujo puede gustar o no, se puede considerar
provocador o no para los musulmanes que rechazan la idea misma
de representación del profeta, pero aquí se trata de la
relación entre un eventual lector y un órgano de prensa
privado. Y los tribunales están para reprimir una infracción
de la ley, suponiendo que se hubiera cometido. Pero, hasta que
se demuestre lo contrario, la blasfemia no es delito en ningún
Estado de Europa. En una situación normal, las cosas
hubieran tenido que quedar así, y es lo que pasó durante
cuatro meses. Pero, reaccionando con efectos retardados, unos
dignatarios religiosos de Arabia Saudí, seguidos por los de
otros países, sacaron de nuevo el asunto a finales de enero y
llamaron al boicot de los productos daneses. A continuación,
el conflicto alcanzó a los gobiernos: Arabia Saudí, Libia y
Siria ya han convocado a sus embajadores en Copenhague para
consultas, y nadie sabe hasta dónde llegará esta
escalada. Más allá de las posiciones de circunstancia, el
asunto Mahoma plantea graves cuestiones de fondo sobre
la presencia del islam en Europa y, en general, sobre el
estatuto de las religiones y su inserción en el ámbito
público. Y las fronteras no son tan claras, ya que los
adversarios cuentan con embarazosos compañeros de
viaje. Que capitales como Riad, Trípoli y Damasco, donde
detentan el poder dictaduras opuestas a toda noción de
derecho, se coloquen en primera línea, desacredita seriamente
la causa de los adversarios de la blasfemia. Por el
otro lado, que los grupos de extrema derecha, y sobre todo los
daneses, se conviertan de repente en los defensores de la
libertad de la prensa sólo puede ser un estorbo para los
demócratas.
LO QUE MÁS debe preocupar es que,
intentando favorecer esta cuestión, las autoridades religiosas
(y no solamente las musulmanas) intenten replantear la
cuestión de la separación de la esfera privada --incluyendo la
religión-- de la esfera pública, fundamento constitutivo de la
Europa moderna heredera de la de las Luces. Se pudo observar
en Francia en el 2004, cuando fue adoptada casi por unanimidad
del Parlamento la ley que prohíbe hacer ostentación de signos
religiosos en el interior de los establecimientos escolares.
Designando formalmente todos los signos (particularmente las
kipas de los judíos, las grandes cruces de los
católicos y los turbantes de los sijs), el texto se refería en
primer lugar a los velos islámicos llevados por las jóvenes
musulmanas. En aquella ocasión vimos nacer una extraña
coalición en contra del texto. Por un lado, todas las
jerarquías religiosas lo criticaron, cada una esperando sacar
alguna cuota de mercado en un ámbito escolar hasta
entonces a salvo de todo proselitismo. Por el otro lado,
grupos y personalidades de izquierda y de extrema izquierda
--a menudo ateos y ¡hasta feministas!-- se erigieron en
campeones de la supuesta libertad de las jóvenes
afectadas. ¡Como si estas últimas fueran liberadas de las
presiones familiares y sobre todo comunitarias que intentan
encerrarlas en la concepción más patriarcal del islam!
Contrariamente a las previsiones alarmistas de estos grupos, y
más precisamente del llamado Una escuela para todas y todos,
que finalmente perdieron toda credibilidad, la ley fue
masivamente respetada en todas partes. Ordenando a los
gobiernos europeos sancionar a empresas de prensa, algunos
gobiernos y grupos árabes eluden deliberadamente la frontera
impermeable entre lo público y lo privado. Aunque no llegan
hasta este punto, algunas autoridades religiosas católicas,
particularmente en Francia, en solidaridad con sus homólogas
musulmanas, mandan, sin embargo, señales sigilosas a los
políticos para que den a conocer su posición.
LO QUE
ESTÁ en juego es el estatuto de las religiones en la sociedad:
¿están o no sus preceptos y dogmas, de los que tendríamos que
hacer una recopilación, por encima de la ley común? La
pregunta es más válida para el islam, ya que éste no separa
verdaderamente la esfera pública de la privada. Claro está que
la gran mayoría de los musulmanes de Europa viven
tranquilamente su fe en el ámbito de las instituciones de su
país, pero no es igual para las organizaciones que se arrogan
el derecho de representarles y que, en Francia, se sumaron a
la laicidad republicana sólo de puertas afuera. Hasta
ahora, los gobiernos han aguantado. Ojalá se sintieran
animados por las palabras del ilustrador palestino Baha
Bujari, publicadas en el diario católico La Croix
en su número del 2 de febrero: "¡El jaleo que surgió de estas
caricaturas fue una vergüenza! Estoy seguro de que la mayoría
de los musulmanes que se manifiestan ni siquiera las vieron.
Siguiendo la propaganda de un puñado de extremistas, corren el
riesgo de estropear nuestras relaciones con Europa. Si yo
estuviera en el poder, presentaría mis disculpas al Gobierno
danés".
Traducción de Caroline Rouquet
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