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9 de febrero de 2006
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ALAI
Agencia Latinoamericana de Información - 6 de febrero de 2006
El sur es el norte
Frei Betto*
El mundo anda desnorteado, vocablo derivado de la brújula, cuya aguja
apunta hacia el Norte. El modelo imperante es el capitalismo neoliberal,
mercadocéntrico. Y para justificarlo el lenguaje hace peripecias
retóricas, asocia democracia con “mercado libre”, crecimiento del PIB con
desarrollo, especulación financiera con inversión.
Habitus
tabagium, bucalis degenerium (el uso de la pipa deja la boca torcida)
decían los romanos mucho antes de que Marco Polo les enseñe a preparar un
rico ravióli. Es eso, de tanto repetir mentiras ellas acaban con aires de
verdad. Como estas bien contadas mentiras: los italianos inventaron la
pasta, Hollywood es la mayor productora mundial de películas, el mercado
es libre.
Pregúntese si el mercado es libre a quien abre una
panadería, una gasolinera o una fábrica de fósforos. El hecho es que
vivimos bajo la dictadura del lucro exorbitante, a tal punto que el
Presidente celebraba el haber erradicado la deuda de Brasil con el FMI,
por un valor de US$ 15 mil millones de dólares. Mejor si hubiera pasado
por encima de la deuda y destinado el dinero para pagar la deuda social.
El valor corresponde a un poco más que el presupuesto anual del Ministerio
de la Salud.
Los datos de la ONU revelan que la coyuntura mundial
se agrava: de 6,3 mil millones de habitantes, 4 mil millones viven bajo la
línea de la pobreza, con un ingreso mensual inferior a US$ 60. ¿Donde está
la salida?, pregunta el Foro Social Mundial, reunido en Caracas. Lux ex
Oriente, decían los antiguos. Esta vez, la luz viene de América del Sur.
Se invierte la punta de la brújula de la esperanza: el Sur es el
norte.
Después de décadas de dictaduras en el Cono Sur, la
población se muestra saturada con el embuste de las políticas
neoliberales. Rechaza el ALCA, condena la invasión de Irak y vota por
cambios. Es lo que explica la elección de Chávez en Venezuela, Lula en
Brasil, Lucio Gutiérrez en el Ecuador, Kirchner en Argentina y, ahora,
Tabaré Vázquez en Uruguay, Michelle Bachelet en Chile y Evo Morales en
Bolivia.
En la práctica, la teoría es otra. Una vez elegidos,
algunos gobernantes ruegan para que olvidemos lo que escribieron,
hablaron, prometieron. Fue el caso de Gutiérrez, que asumió en 2003 y fue
depuesto del poder dos años después, por el pueblo ecuatoriano. Y, en
Brasil, Lula aún nos debe una política económica menos sumisa al gran
capital y la reforma agraria. Pero, las placas tectónicas de la política
se mueven en el suelo de América del Sur.
¿Ahora que hay de nuevo?
Primero, un rechazo a la élite conservadora. El electorado se cansó de los
viejos caciques, de las familias tradicionales instaladas como verdaderas
dinastías en el poder. Y, ahora, cree en quien le es imagen y semejanza,
nació pobre (Chávez, Lula y Evo), padeció bajo dictaduras militares (Lula,
Tabaré y Bachelet), expresa las demandas de los sectores excluidos de la
población.
Aunque de boca hacia afuera, los nuevos gobernantes se
sienten obligados a priorizar las políticas sociales, a reconocer la
autonomía de los movimientos populares, a defender la soberanía de Cuba y
a mantener la debida distancia frente a las injerencias de la Casa Blanca.
Aún es pronto para evaluar cuánto hay de demagogia en esa renovación
política de la parte Sur del continente. El hecho es que ella hace emerger
un nuevo sujeto político: los movimientos populares.
Otrora
tutelados por partidos o instituciones como la Iglesia y las ONGs, los
movimientos populares (indígenas, mujeres, negros, sin-tierra, barrios de
la periferia, sindicatos, etc.) son el fiel de la balanza en la nueva
coyuntura. Mejor gobernar con ellos que contra ellos. Ya no hay como
criminalizarlos o ignorar sus demandas, como hizo Fernando Henrique
Cardoso (FHC) en ocho años de mandato. Eso no significa que tendrán sus
reivindicaciones atendidas. Los dueños del poder ponen trabas a los
gobiernos. Pero ya son un avance políticas compensatorias que, como la
“Bolsa Familia”, distribuyen renta a millones de personas, aunque se sepa
que la remuneración del capital, a través del garrote fiscal, es muy
superior a los recursos destinados a los más pobres.
Este año el
elector brasileño es, de nuevo, convocado a las urnas. Se espera que vote
en sintonía con el proceso de renovación política de América del Sur, que
en breve podrá extenderse por otros países, como Perú, Nicaragua y México,
que tendrán elecciones presidenciales en le 2006. Tal vez no se pueda
escoger el ideal, pero sí el posible.
Entre muchos criterios, el
Evangelio acentúa los derechos de los más pobres. Sin vida para todos,
asegurada por reformas de la estructura agraria, de la educación y ofertas
de empleo, el Sur no tendrá norte. Tendrá muerte. (Traducción
ALAI)
- Frei Betto es escritor, autor de “Treze contos diabólicos e
um angélico” (Planeta), entre otros libros.
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