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casi tres meses -17 de noviembre- el presidente de Cuba, Fidel Castro,
advirtió ante una audiencia de universitarios que el socialismo en la isla
caribeña estaba en riesgo de "morir" si el sistema no corregía sus errores,
injusticias y desigualdades sociales. Lejos del espíritu autocrítico del líder
revolucionario, Hassán Pérez, segundo secretario de la Unión de Jóvenes
Comunistas (UJC), afirma que ese discurso "es una prueba más de lo robusta que
es la revolución, porque es capaz de percatarse de los defectos que nos
lastran".
Castro advirtió en esa pieza oratoria: "O vencemos esos problemas o morimos".
Y retó a la nueva generación de dirigentes que lo escuchaba a que respondiera si
conocía la inequidad existente en la sociedad cubana, donde hay "nuevos ricos"
que ganan 40 o 50 veces el salario de un médico y sobreviven muchos ancianos con
pensiones mínimas.
No hubo respuestas en ese momento. Ni después. Al menos públicamente no ha
habido debate sobre ese importante discurso de seis horas, como en los viejos
tiempos, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.
De paso por México, Hassán Pérez, quien es diputado, historiador y que ha
sido dirigente de organizaciones de base del Partido Comunista cubano desde la
adolescencia, aseguró en entrevista que "a las nuevas generaciones nos
corresponde actuar para que el proceso social sea irreversible, para que dentro
de 50, 100 años, Cuba siga siendo socialista. Y estamos haciendo lo que nos
corresponde".
-¿Y qué dice la dirigencia de la UJC sobre la aparición de clases sociales en
la sociedad cubana, que Castro puso de manifiesto en ese discurso?
-Es un fenómeno incipiente. Después de la disolución del bloque socialista,
después del periodo especial que vivimos entre 1986 y 1988, que no fue otra cosa
sino un colosal combate por sobrevivir, hoy vemos logros impresionantes. Pero
también, a consecuencia de algunas medidas que fueron necesarias, tenemos un
pequeño grupo de población que puede gozar de bienes y recursos que no son
resultado de su trabajo sino del acceso que tienen al dólar.
-¿Por qué los jóvenes comunistas no reconocieron esa estratificación en la
sociedad, evidente desde hace ya varios años, e iniciaron antes este debate?
-Se discutía cotidianamente el problema. Pero a partir de las palabras de
nuestro comandante en jefe hay una conciencia superior sobre el tema.
-¿Con qué valores e ideas pueden incorporarse los jóvenes de hoy a la defensa
de un sistema socialista? ¿Por qué tendría que interesarse la nueva generación
en que Cuba siga siendo socialista?
-Es muy cierto aquello de que cada generación se parece más a su época que a
sus padres. Pero la revolución cubana ha logrado concatenar los sueños y
aspiraciones de varias generaciones. Los chicos de 13, 14 años hoy defienden la
revolución como lo podría hacer un veterano de la guerrilla en la Sierra
Maestra. No somos jóvenes de laboratorio; no vivimos en una urna de cristal.
Participamos activa y responsablemente en el proceso.
-El discurso de Fidel en el Aula Magna fue una gran ejercicio de
autocrítica...
-La revolución cubana no es autocomplaciente sino de auténtica creación,
siempre inspirada por la unidad de nuestro pueblo y nuestro liderazgo.
-El presidente advirtió que el socialismo podía ser derrotado, no por una
agresión externa sino por los errores de adentro.
-Ese es un peligro real si no somos capaces de que los jóvenes entiendan que
nuestro modelo no se sustenta en el consumo, en las prebendas materiales, sino
en la cultura, el desarrollo, la justicia social, la equidad, el conocimiento,
la educación, salud para todos. No sólo es cuestión de mensajes y discursos,
nuestros jóvenes están en capacidad de fundar, de participar en las tareas
fundamentales para la continuación de la revolución; están preparados para
continuar la revolución cuando nuestro líder físicamente ya no esté. Otros
asumirán la tarea. Y todos discuten, todos se sienten responsables de que así
sea.
-En un momento de su discurso en el Aula Magna, Castro preguntó a su
auditorio, principalmente universitarios, si conocían las desigualdades sociales
que hoy afectan a la sociedad. Y no hubo respuesta.
-No era una pregunta para responder en el escenario. El impacto de esas
palabras lo que hizo fue duplicar, ¡multiplicar!, nuestro compromiso y nuestro
esfuerzo. Ese día muchos nos quedamos pensando que no hay que dormirnos en
nuestros laureles.
-Y también habló del salario. Dijo que debe alcanzar para que cada persona
viva de su trabajo. ¿Hoy es suficiente el salario de un cubano para cubrir sus
necesidades si no tiene acceso al dólar?
-El salario se acaba de aumentar en una proporción como no se veía desde hace
15 años. Pero el poder adquisitivo de nuestra sociedad no puede compararse con
la de una sociedad en el capitalismo. Nuestro poder adquisitivo es mayor a lo
que parece por los subsidios, porque 85 por ciento de la población es
propietaria de su vivienda, porque tenemos la libreta. El salario es más
poderoso que hace cinco años. La revolución no está a la retaguardia en ese
sentido.
-A propósito de viviendas, el presidente también habló del gran déficit
existente.
-Este año se va a retomar el plan de construir más de 100 mil viviendas. Por
eso digo, más que responder con fórmulas al discurso de nuestro comandante en
jefe, lo que hay que hacer es trabajar desde el pueblo, con el pueblo, para el
pueblo.
-Esa es una fórmula.
-Pero es que no hay varita mágica para seguir en el camino de la revolución
de manera inquebrantable, venciendo al enemigo más poderoso de la tierra.
-¿Admiten la autocrítica?
-Estamos en un proceso de reflexión extraordinaria sobre el desafío. Y la
conciencia crítica de nuestra revolución es nuestro comandante en jefe.
-¿No los obligaría a un discurso menos triunfalista?
-No lo es. Si somos muy optimistas es porque nos han entrenado para derrotar
al imperio más poderoso. La revolución no va a desaparecer. No te lo digo como
discurso apologético, sino como resultado del debate en que estamos inmersos.