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12 de febrero de 2006
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Busti-Laden y las plantas de celulosa
Jorge Azar Gómez
Latinoamérica,
además de sus conocidos vínculos geográficos, históricos
y culturales, muestra hoy al mundo un nuevo y nefasto vínculo que, si bien
no es nuevo, alcanza en nuestros días su más marcado aspecto: la desunión.
Porque es el caso que hoy por hoy América Latina es un continente
desunido. Ni más ni menos.
Países tradicionalmente hermanados como Uruguay y Argentina se debaten
hoy en un pantano de discusiones, cuando no hace mucho miraban el futuro
conjunto con optimismo, hasta hace poco el Río de la Plata era el río que
unía, hoy es el río que separa. No hace mucho ante la menor diferencia los
gobernantes se unían para encontrar la solución más justa, hoy se agravian
y dejan que jerarcas se agravien y alejen a las partes.
Esta situación, como es lógico, es entonces fuente de desórdenes
sociales y políticos de magnitudes directamente proporcionales a la
actitud irresponsable y corrupta de gobernantes que con discursos
demagógicos o silencios cómplices hacen a los habitantes de su país
inconscientes instrumentos de intereses foráneos que --es bien conocido--
encuentran en situaciones como las actuales el mejor caldo de cultivo para
sus objetivos.
La caricatura que el gobierno argentino está dibujando de América
Latina, con su silencio cómplice ante los actos de violencia promovidos
por el piquetero gobernador Busti, se asemeja a la violencia desatada en
el mundo islámico como reacción a las caricaturas de Mahoma publicadas en
Europa.
Es que nos preguntamos ¿qué inversor mirará a América Latina, de ahora
en adelante, como plaza de inversiones, con el antecedente que Argentina
está imponiendo, de que si al país vecino de donde se radican las
inversiones, éstas no son de su agrado, le detendrán cargas, sancionarán
al país sede de la inversión con piquetes oficiales avalados y aceptados
por un gobierno que se dice democrático, cercenando el derecho al libre
tránsito que todo ciudadano del mundo tiene?
Con este hecho, Argentina está acabando con algo más que la tradicional
hermandad entre Uruguay y Argentina, está acabando con algo mucho más
importante: la confianza del mundo en Latinoamérica y de Latinoamérica en
sí misma, representada por sus gobernantes. Ello conlleva a una situación
altamente explosiva cuyos resultados pueden colocar a la región al borde
de su ruina histórica.
Por todo esto es necesario que Uruguay y Argentina actúen ya, si es
necesario, desplazando a los funcionarios más imprudentes sea Busti, sea
Gargano, y de ahí en adelante un consenso racional que constituya la única
posibilidad de negociación sobre bases fuertes, capaces de hacer factibles
medidas excepcionales para una situación excepcional como esta. La
diplomacia versallesca no tiene más lugar.
No hay otra opción. Porque la historia sí que no concede moratorias.
9 de febrero de 2006
Jorge Azar Gómez
Ex Representante de Uruguay ante O.N.U.
azarjorge@hotmail.com
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