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12 de febrero de 2006

Brecha de Uruguay - 10 de febrero de 2006

Jefe de la Armada al juzgado

Destrucción de archivos de la dictadura

El nuevo comandante de la marina, Juan Fernández Maggio, deberá explicar a los magistrados qué archivos de la dictadura se destruyeron, cómo fue el procedimiento y qué autoridad gubernamental impartió las órdenes.

Walter Pernas
Las palabras de Fernández se incrustaron como metralla en la pared hermética que resguardó durante los últimos 20 años el secreto de los archivos de las Fuerzas Armadas. El miércoles 1, al asumir el cargo, le tocó responder ante la prensa por un tema que tanto complica la vida –aún hoy– a las tres armas: decir la verdad con respecto a los desaparecidos y a los demás crímenes de la dictadura. Pero, haya querido o no, lo dijo: “Hay un archivo que no aparece, que fue destruido en los últimos 20 años, sobre todo en la última década, sobre todo las personas que (...) tenían un dossier, un asentamiento por problemas ideológicos. Y ahí hay una dificultad, hay archivos que no están. (...)”. Luego, en un intento por aclarar –¿relativizar?– sus dichos, apeló al recurso del olvido: “Pero estamos hablando de tres décadas para atrás. La memoria no es muy precisa. Y debemos contar con retirados que colaboren y que presten sus declaraciones al respecto”. Ya cuando la salida del laberinto parecía imposible, se le disparó nuevamente el gatillo y las balas cayeron como una lluvia metálica sobre cuatro períodos de gobierno, tres presidentes, y cerca de una decena de ministros de Defensa, entre otros jerarcas. El archivo, dijo Fernández Maggio, “fue destruido en los últimos 20 años, sobre todo en la última década. (...) Fueron sucesivas autoridades y por directivas del Poder Ejecutivo, hace ya más de diez años, que se fueron sacando de los archivos las personas que estaban con un dossier por motivos ideológicos”. El oficial estaba hablando de resoluciones u órdenes administrativas, pero también –implícitamente– de eventuales conductas delictivas. Pues destruir un archivo donde podría figurar gran parte de la verdad con respecto a los crímenes de lesa humanidad del período represivo constituiría otro atropello a los derechos humanos.
No quedó claro si las personas que aparecían nombradas en esos dossiers fueron notificadas de tal situación antes de proceder a la destrucción. El comandante no precisó quiénes eran esas “sucesivas autoridades” que impartieron tamañas órdenes, aunque rápidamente se puede verificar que el Poder Ejecutivo hace “más de diez años” estaba encabezado por Luis Alberto Lacalle (1990-1995) o por Julio María Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000).
Desde el Partido Nacional y el Partido Colorado se han escuchado voces que niegan las afirmaciones de Fernández Maggio: el diario La República publicó testimonios de los ex ministros de Defensa Mariano Britto (nacionalista) y Yamandú Fau (colorado) y del ex vicepresidente blanco Gonzalo Aguirre. Pero el partido parecía jugarse sólo en la prensa. El Poder Ejecutivo no solicitó explicaciones al nuevo jerarca y ni el Poder Judicial ni el Ministerio Público abordaron el caso de oficio ante la eventual comisión de un delito, que además es particularmente grave porque vulnera derechos fundamentales de la ciudadanía como el derecho a la información.
Por ello, un abogado penalista, Gustavo Salle, se presentó ante la justicia en “calidad de mero ciudadano de este país” a denunciar estos hechos, “que de confirmarse su efectivo acaecimiento en el mundo real, podrían revestir carácter delictivo”, según señala el escrito al que accedió BRECHA.
El jurista sostuvo que el vicealmirante Fernández Maggio “declaró públicamente y en presencia del presidente de la República (Tabaré Vázquez), del vicepresidente (Rodolfo Nin Novoa), de la ministra de Defensa Nacional (Azucena Berrutti) y del ministro del Interior (en funciones, Juan Faroppa), entre otras altas autoridades”.
Salle dijo a BRECHA que adoptó la iniciativa “ante la pasividad de la autoridad del Poder Ejecutivo y del Poder Judicial”.
El abogado se presentó a la distribuidora de turnos y esa oficina designó a la jueza Fanny Canessa y a la fiscal Ana María Telechea para encargarse del caso.
Fuentes de la investigación dijeron a BRECHA que en primera instancia se procurará obtener la grabación con las declaraciones y luego se ordenará un interrogatorio al comandante en jefe de la Armada para que precise y profundice el contenido de sus dichos.
Salle estimó en la denuncia que se pudo cometer el delito de destrucción de documento verdadero, que se pena con la misma sanción que el de falsificación de documentos. La mera falsificación tiene una pena de tres a 18 meses de prisión, pero la falsificación ideológica por un funcionario público se castiga con dos a ocho años de penitenciaría.
 
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