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12 de febrero de 2006
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Brecha
de Uruguay - 10 de febrero de 2006
Carta abierta a José Mujica
Jorge Zabalza
Señor ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, don José Mujica Cordano
De mi mayor consideración:
No tuve otro remedio que
leer en la prensa las siguientes expresiones suyas: “Para
generar riquezas hay que producirla, producirla no significa
que se reparta, son cosas distintas, pero no se puede repartir
lo que no existe y ésta es como la discusión del huevo o la
gallina: hay que incrementar la riqueza y a la vez luchar por
repartirla, pero es parte de toda nuestra lucha”. ¡Nunca
hubiera creído que Harvard le ganara tanto la cabeza, señor
ministro! Porque entonces..., ¿de dónde saldrán los más de 8
mil millones de dólares que pagaremos en cinco años solamente
por servicios de la deuda externa? ¿O dónde fueron a parar los
850 millones de dólares que ingresaron en 2005 por
exportaciones de carne? Y los más de 100 millones de dólares
que recibió CALNU en unos pocos años, ¿en cuántos bolsillos
terminaron? Como usted bien sabe en Uruguay ya existe la
riqueza, hay mucha torta para repartir pero se la comen los
leones, don Mujica. Hay redistribución del ingreso, pero al
revés, en el sentido de aumentar la injusticia social y la
brecha entre ricos y pobres. Falta voluntad para repartirlo
con los más infelices y necesitados. Si se comenzara por
distribuir así la riqueza que ya produce este país tan
productivo se estaría impulsando el desarrollo social y, a
partir de él, otro tipo de crecimiento económico. Por la
tierra y con Sendic (padre). Los “peludos” de Bella Unión
metieron el dedo en la matadura. Para hacer un país productivo
que beneficie a los de abajo, hay que encarar el viejo y
querido arreglo de los campos, el problema eterno de la
tenencia de la tierra. No puede ser que tierras, ganados y
granos, los recursos naturales más importantes con que cuenta
Uruguay, sigan siendo gestionados por unos pocos y salvajes
latifundistas (nacionales y extranjeros) en beneficio propio,
de la industria agroexportadora y de grandes
multinacionales. En el proyecto sucroalcoholero tal como
está, los mismos privilegiados de siempre siguen recibiendo
los favores del Estado. Son los que se apropiaron de los
créditos incobrables que les regaló la dictadura, son los
violentos que provocan las condiciones de miseria que hacen
nacer niños desnutridos y con raquitismo en Bella Unión. En
ese proyecto que usted firmó, los asalariados rurales siguen
estando tan o más explotados que siempre. En lugar de los
prometidos cuatro platos de guiso (¿o era en broma?) sus
familias seguirán con más hambre que nunca. Hay que pensar
en recolonizar los campos, hacer una fábrica o centro poblado
de cada uno de los latifundios hoy desiertos. ¿O Raúl estaba
tan errado? No habrá Uruguay productivo en serio, de verdad,
sin reforma agraria, aunque estas dos palabras provoquen su
ira ministerial porque es como mentar la soga en casa del
ahorcado. ¿Qué le cuesta al gobierno el esfuerzo de
adjudicar unas cuadritas locas (1.200 hectáreas, más o menos)
a familias de asalariados rurales organizados en cooperativas
y con ganas de trabajar la tierra? Sería mucho menos que el
Reglamento Provisorio que José Artigas aplicó en 1815. ¿Es que
no quieren chocar con los grandes terratenientes que aplauden
en la Rural del Prado? Siempre se dice que en Uruguay no
existe hambre de tierra. Pero los ocupantes de las chacras del
INC tienen todas las hambres, incluida la de tierra para
trabajar. ¿Qué tal darle un par de millones de dólares de los
de Chávez para que tengan la oportunidad de demostrar su
capacidad de gestionar la tierra? Después de todo es la misma
cifra que se regala a los asociados de CALNU comprando una
cartera incobrable con dineros del pueblo venezolano. Es
hora de que usted, señor ministro, recobre sus raíces y se
juegue por aquello con lo que tantas gárgaras hizo desde 1960
a esta parte, especialmente a partir del día que salimos de
las catacumbas (marzo de 1985) armados con el Plan por la
Tierra y contra la Pobreza, escrito por Raúl Sendic
(padre). Porque desde el gabinete se están jugando a otro
país productivo, el de las grandes multinacionales asentando
sus reales en nuestras zonas francas, y a cambio de espejitos
y cuentas de colores, reciben de regalo exoneraciones de todos
los impuestos habidos y por haber, obtienen créditos blandos
para traer de Chile los materiales de construcción y de
Finlandia las maquinarias, se les da permiso para crear
fuentes de trabajo semiesclavo, plantaciones de eucaliptos
depredadoras y pagar bajos salarios a obreros tercerizados o
sub-subcontratados. Es el mismo modelo de producción de la
United Fruit en Centroamérica o de las maquiladoras en México.
¿Qué es lo que está usted consintiendo, don Mujica? Otra
política económica es posible. En realidad hay dos modelos de
“Uruguay productivo”. Contrapuestos. Antagónicos. Por un lado,
el que produce para los pocos dueños de todo, comprometido con
los acreedores y el FMI, y por el otro, el siempre prometido
por la prédica de izquierda, un Uruguay que produzca para el
bienestar de las grandes mayorías. Y hay que elegir uno u
otro. No caben soluciones intermedias. Para llevar adelante el
modelo popular, basta tomar las medidas que vienen planteadas
desde el Congreso del Pueblo y la CEPAL en los sesenta, por
Wilson en los setenta y que redondeó Raúl Sendic con su
propuesta para luchar contra la pobreza. Agregados al de la
reforma agraria, van estos cuatro puntitos: • Aumento
sustancial de los salarios y las pasividades, un shock de
capital volcado al consumo, que incentive la demanda de
productos alimentarios, salud, vivienda y educación, creando
un clima propicio en el mercado interno y provocando las
pequeñas y medianas inversiones necesarias para satisfacer el
crecimiento de la demanda. • Nacionalización de la banca.
Control estatal del comercio exterior. Control de precios y
ganancias. Medidas imprescindibles para acabar con el Uruguay
plaza financiera y especulativa. • Suspender por tiempo
indeterminado el pago de los servicios de la deuda externa,
apuntando a hacer frente común con los pueblos
latinoamericanos para no pagar más y sacudirse el yugo de los
organismos internacionales. El Frente de Deudores no se crea
honrando la deuda, sino creando el hecho detonante que obligue
a la toma de posiciones en el resto del continente. Como hace
Venezuela con el petróleo y Telesur. • Aumento vigoroso de
la inversión pública. Carreteras y vías férreas, viviendas
populares, institutos para la educación, hospitales, puertos,
producción de energía, combustibles, portland, alcoholes,
inversión en frigoríficos y molinos estatales que vuelquen al
Estado las ganancias de la agroexportación para reinvertirlas
productivamente. En el capitalismo, solamente el Estado
puede proponerse invertir en educación sin hacer negocio con
los educandos, en salud sin lucrar con las necesidades
imperiosas de los enfermos, en vivienda sin caer en la
especulación inmobiliaria. Es el único inversor que no corre
desesperado tras el incremento de su rentabilidad. ¿No es
un Estado, el de la Venezuela bolivariana, el que aporta 7
millones de dólares para el proyecto sucroalcoholero, Telesur
y demás iniciativas de inversión? ¿Por qué no descalifican su
política por estatista o como miembro de una izquierda antigua
que se abraza con Fidel, el gran ausente del 1 de marzo? ¿Por
qué no le aconsejan a Chávez que apueste a la inversión de las
grandes multinacionales? Reciben con besos y abrazos los
regalos de Papá Noel, sin decir palabra sobre la concepción de
política económica que los hace posibles. Mientras se
aguanta a la gente, ilusionándola con un reparto después que
la torta crezca (¿no lo dijo Jorge Batlle hace años?), nos
alejamos irremediablemente del Uruguay productivo para todos,
y se sigue generando riqueza para los acreedores de la deuda,
las privilegiadas multinacionales, el complejo agroexportador
y la plaza financiera. Esperando que se acepte el convite
para debatir sobre la tenencia de la tierra y la reforma
agraria del siglo XXI, sin caer en agravios y
descalificaciones como suele ocurrir. Saluda
atentamente, Jorge Zabalza
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