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12 de febrero de 2006
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Brecha
de Uruguay - 10 de febrero de 2006
Desencuentros
Mujica, los cañeros y la ocupación de tierras en Artigas
Sergio Israel
El jueves 16 la justicia
de Bella Unión continuará sus actuaciones en el caso de las 36
hectáreas de tierras ocupadas en Colonia España. Ese día se
habrá cumplido un mes desde que allí se instalara un grupo de
“peludos”, trabajadores del ingenio de CALNU (ahora en manos
del Estado a través de Alcoholes del Uruguay, ALUR) y pequeños
productores interesados en recibir tierras para plantar caña
de azúcar. Ayer, jueves, el directorio de ALUR, la nueva
empresa a cargo del ingenio, se reunió a los efectos de
adoptar las primeras decisiones operativas que incluyen un
proyecto definitivo de inversiones (entre ellas un llamado a
licitación para adquirir una destilería que permita producir
biocombustibles) y otras medidas organizativas para realizar
el mantenimiento de la vieja planta procesadora de caña de
azúcar. El presidente de la Unión de Trabajadores
Azucareros de Artigas (UTAA), Luis López, dijo a BRECHA que,
independientemente de la lucha por la tierra, el sindicato
planteó a las autoridades de ANCAP y ALUR la necesidad de una
instancia tripartita entre el Estado, los plantadores y los
trabajadores. Hasta ahora la única forma de participación se
reduce a un consejo consultivo instalado por ALUR para
determinar las grandes líneas de trabajo. El jueves 2 los
ocupantes del terreno de Colonia España esperaron en vano la
visita del ministro del ramo, José Mujica, que estuvo en la
zona pero no se trasladó al ingenio ni a la zona ocupada.
Mujica sí tomó parte –junto a dirigentes del PIT-CNT y
trabajadores del sector, entre ellos ocupantes de las tierras–
de una reunión que se realizó en la sede del sindicato de
trabajadores de CALNU. Pero allí se limitó a repetir un
discurso similar al que formuló el 25 enero en el Edificio
Libertad cuando se firmó el traspaso del ingenio a manos del
Estado. “Estamos en un Estado de derecho; no puedo salir
con una bayoneta a meter pechera inútilmente”, dijo el
ministro, en lo que se interpretó como una crítica a los
ocupantes de tierras y a los que exigen una intervención mayor
del ministerio, que en un principio se había planteado llegar
a un acuerdo social en Bella Unión pero luego desistió a
ello. Después del choque que tuvo lugar a fines de enero
con los directivos de CALNU, que pretendían recibir un crédito
extraordinario de 500 mil dólares como condición para firmar
el arrendamiento del ingenio por diez años, Mujica se presentó
en Bella Unión interesado en dejar claro que necesita antes
que nada el compromiso de los plantadores para aumentar de 3
mil a 10 mil hectáreas el área de caña cultivada y lograr al
mismo tiempo una productividad adecuada (al menos siete
toneladas por hectárea). El ministro hizo hincapié en la
necesidad de elevar drásticamente la productividad y dejó
entrever que entregar tierras a los peludos podía ser
contraproducente. El gobierno se propone fomentar desde el
próximo otoño el cultivo de 2.800 nuevas hectáreas de caña de
azúcar como parte del denominado proyecto sucroalcoholero.
Para ello está entregando créditos a los plantadores que
tienen tierras y estén dispuestos a volver al cultivo de
caña. Los representantes de los peludos y otros
trabajadores de la caña sostienen que si el gobierno no adopta
medidas para salvaguardar a los cortadores, esos nuevos
créditos que recibirán los beneficiados de siempre servirán
para perpetuar las pésimas condiciones de trabajo y la
superexplotación de los cortadores de caña. Mientras Mujica
considera que la ocupación de tierras es “un palo en la rueda”
del gobierno, los peludos estiman que la medida sirve para
llamar la atención acerca de sus demandas que están siendo
olvidadas por las autoridades. Por otra parte, fuentes del
gobierno confirmaron a BRECHA que, desde antes de la ocupación
de Colonia España, el Instituto Nacional de Colonización tenía
dispuesto entregar unas 170 hectáreas a los cañeros que
quisieran convertirse en plantadores. Si bien la mitad de esas
tierras, que quedaron en manos de UTE, son inundables, la otra
mitad podrían ser explotadas. Los trabajadores se negaron a
recibirlas porque, a diferencia de las de Colonia España, que
estaban improductivas, éstas eran explotadas por un pequeño
plantador que las perdió por deudas con la empresa
eléctrica.
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