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9 de febrero de 2006

La Tercera de Chile - 7 de febrero de 2006

El costo real de la guerra en Irak

Joseph Stiglitz
Las cosas más importantes de la vida no tienen precio. Pero eso no significa que los asuntos que tienen que ver con la preservación de la vida, como la defensa, no deban ser objeto de un análisis económico frío y duro.

Poco antes de la actual guerra en Irak, cuando el economista de la administración Bush Larry Lindsey sugirió que los costos podrían estar entre los US$ 100 y 200 mil millones, varios funcionarios lo objetaron. Pero las cifras de Lindsey estaban muy subestimadas.

Preocupado porque la administración Bush pudiera estar engañando al mundo sobre los costos de la guerra en Irak, tal como lo había hecho con las armas de destrucción masiva de ese país y sus vínculos con Al Qaeda, me asocié con Linda Bilmes, una experta en presupuestos de Harvard, para analizar el asunto. Incluso nosotros, oponentes a la guerra, nos sorprendimos de lo que encontramos, ya que los cálculos, conservadores a moderados, van desde un poco menos del billón de dólares hasta más de dos billones.

Nuestro análisis se inicia con el presupuesto de US$ 500 mil millones de los que habla públicamente la Oficina de Presupuesto del Congreso, que, de cualquier manera, es 10 veces superior a lo que la administración dijo que costaría la guerra. Sus estimaciones se quedan cortas porque las cifras reportadas no incluyen siquiera el costo presupuestal total al gobierno. Y los costos presupuestales son apenas una fracción de los costos para la economía en su conjunto.

Por ejemplo, la administración Bush ha hecho todo lo que ha podido para ocultar la enorme cantidad de veteranos que han regresado con heridas graves. Por lo tanto, no es sorprendente que la cifra de US$ 500 mil millones no tome en cuenta los costos de por vida que el gobierno tendrá que pagar a estas personas en los años que vienen.

Los costos presupuestales ascienden a 652 mil millones de dólares en nuestro cálculo conservador y a 799 mil millones de dólares en el moderado. Cabe suponer que ya que el gobierno no ha limitado otros gastos o aumentado los impuestos, los costos se han financiado contrayendo deuda. Por supuesto, la mayor parte de los costos de las lesiones y las muertes está a cargo de los soldados y sus familias.

El gobierno norteamericano argumentó alguna vez que la guerra en Irak sería buena para la economía. Pero, como en muchos otros casos, las cosas han resultado ser diferentes: las compañías petroleras son las grandes ganadoras, mientras que las economías de EEUU y del mundo han salido perdiendo.

Al mismo tiempo, el dinero que se ha gastado en la guerra pudo haberse utilizado de otra forma. Calculamos que si se hubiera destinado parte de esa suma a la inversión interna en caminos, escuelas e investigación, se habría estimulado más a la economía estadounidense en el corto plazo y su crecimiento se hubiera fortalecido en el largo plazo.

En suma, incluso nuestro cálculo "moderado" puede subestimar significativamente el costo del involucramiento de Estados Unidos en Irak. Y ni siquiera incluye los costos relacionados con la pérdida de vidas y propiedades en ese país.

No intentamos explicar si se engañó deliberadamente al pueblo estadounidense en cuanto a los costos de la guerra, o si la profunda subestimación de la administración Bush se debe atribuir a la incompetencia, como afirma vehementemente que fue el caso con las armas de destrucción masiva. Tampoco tratamos de evaluar si hubiera habido maneras más efectivas de financiar la guerra. Las pruebas recientes de que las muertes y lesiones se habrían reducido enormemente si se hubiera provisto a las tropas de mejor blindaje personal, indican que la parquedad en el corto plazo puede llevar a costos en el largo.

Tales consideraciones parecen estar más allá de los cálculos de la administración Bush. Los elaborados análisis de costo-beneficio de los proyectos importantes han sido práctica común en el Departamento de Defensa durante casi medio siglo. La guerra en Irak fue un proyecto inmenso y, sin embargo, parece que el análisis de sus beneficios fue erróneo y el de sus costos casi no existió.

No podemos más que preguntarnos: ¿Había maneras alternativas de utilizar una porción de los billones de dólares que ha costado la guerra que hubieran fortalecido la seguridad, fomentado la prosperidad y promovido la democracia?

 
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