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10 de febrero de 2006

Brecha de Uruguay - 10 de febrero de 2006

Por un libre ejercicio del odio

Las “viñetas de Mahoma”

Doce caricaturas del profeta publicadas por un periódico danés despertaron en Europa una fuerte polémica sobre los alcances de la libertad de expresión. En varios países musulmanes se quemaron embajadas, hubo muertos y más de un centenar de detenidos. Es que el rostro de Mahoma parece ser útil para muchas causas.

“197. Anímalos a entrar en la senda del bien, pero no te escuchan. Ves sus ojos dirigidos hacia ti, pero no ven nada.
198. Sé indulgente. Ordena la justicia y rehúye a los ignorantes.”
Corán (VII. La línea divisoria).
“25. Este libro no es la obra de Satanás.
26. ¿A qué pensamientos os abandonáis?
27. El Corán ofrece la instrucción.
28. A los hombres que quieran marchar por el camino de la justicia.”
Corán (LXXXI. Las tinieblas).
Sofi Richero

I

Los dos epígrafes que inauguran esta nota deben ser justificados. En ambos casos se trata de versículos coránicos claramente amputados de contexto, lo cual, tratándose de una obra tan delicada como el Corán y un asunto tan complejo, justificadamente podrían habilitar sospechas últimas sobre su demagogia. Si se han escogido estos dos tramos del Corán y no otros es porque para el lector occidental –el prejuiciado y desprevenido decodificador occidental de Oriente, como es el caso de quien ahora escribe– parecen estar dedicados exclusivamente a Occidente. Palabras del islam que sencillamente parecen estar reivindicándose ante los ojos del mundo occidental y reclamando para sí, también, la justicia como centro de su doctrina teológica.
“Todo el que escribe sobre Oriente debe definir su posición con respecto a él; trasladada al texto, esta posición supone el tipo de tono narrativo que él adopte, la clase de estructura que construye y el género de imágenes, temas y motivos que utiliza en su texto; a esto se le añaden las maneras deliberadas de dirigirse al lector, de abarcar Oriente y, finalmente, de representarlo o de hablar en su nombre”, escribe Edward W Said en su célebre Orientalismo.1 Por ello esta nota no pretende disimular su osadía, y el justificado temor de caer en los burdos estereotipos culturales con que históricamente Occidente ha fabulado a Oriente, con esos “moldes cada vez más estandarizados” de la “demonología del ‘misterio Oriente’”, para usar dos expresiones que también pertenecen a Said.
El origen de lo que hoy desvela al mundo se remonta al 30 de setiembre del año pasado, cuando el diario danés Jyllands-Posten publicó 12 viñetas satíricas sobre el profeta –“Los rostros de Mahoma”, tal el título escogido para esa iconografía–, en el entendido de que era necesario desafiar la “autocensura” occidental e investigar “los límites de la libertad de expresión” en Occidente con respecto a los tabués religiosos propios del islam. Entre las 12 imágenes se cuenta una –la más reproducida y que se ha erigido en símbolo de todas las demás– en que el “turbante” (¿?) del profeta adquiere la forma de una bomba. En otra, se lo presenta exclamando que el paraíso se está quedando sin vírgenes para todos esos terroristas embelesados con la autoinmolación. No pasó nada en setiembre, curioso, pero una revista de Noruega volvió a publicarlas en enero y ahí comenzó todo. En solidaridad con sus colegas noruegos y daneses –bajo distintos argumentos, pero “en defensa de la libertad de expresión”– algunos otros medios europeos como los diarios Die Welt (Alemania); La Stampa y El corriere della sera (Italia); El País, abc, y El Periódico (España); Libération, Le Monde y France Soir (Francia), también las reprodujeron a lo largo de estos últimos días.
Reproducirlas o no reproducirlas, publicar o no publicar, esa es la cuestión. BRECHA tuvo que considerar, también, ese dilema y resolvió reproducirlas ya que se volvieron un hecho periodístico en sí mismas. “Si yo fuera un creyente convencido sospecharía de la capacidad de un infiel de representar algo tan enorme, absoluto, total y abarcador como el dios o su profeta. Digo, si alcanza con poner un cartelito que diga “Mahoma” para reproducir a Mahoma... Uno sospecharía que ninguna de estas personas miró jamás la pipa de Magritte. Qué mierda hacen en Europa, si ni siquiera van a los museos”, escribe “Sig” en un blog uruguayo2 que da cuenta apasionada de todo el debate.
Lo cierto es que esas viñetas satíricas son deliberadamente ofensivas para con gran parte del islamismo. Puede pensarse que desde el esfuerzo o desde la negligencia, el periódico danés ha conseguido, con creces, su propósito: la ofensa generó ofendidos. Quizás no contaban con el tamaño de la reacción –letal y repudiable–, porque enajenados, también ellos, con la consigna de la “libertad de expresión”, tampoco parecen haber mostrado voluntad por comprender la magnitud de la ofensa. No se trata, en el caso de estas caricaturas, de un ejercicio iconoclasta que busque satirizar, con escrúpulo e inteligencia, para interrogar, para problematizar, para discutir con sabiduría y urbanidad las diferencias culturales. Esas caricaturas son apenas unos toscos y negligentes “ejercicios de odio”, para tomar prestada una expresión de Borges al reseñar un cierto manual germánico para niños groseramente antisemita. Aquel libro, alegaba Borges, no hacía otra cosa que ratificar la desconfianza y la abominación del judío. Y lo mismo puede decirse de estas poco felices “viñetitas”, para con el islam.
El resultado: incendios en los distintos consulados y embajadas danesas en Oriente, decenas de muertos y heridos, cientos de manifestaciones violentas en las calles al grito de “¡Muerte a Dinamarca!”, la bandera danesa y su cruz ardiendo en todas partes, un boicot comercial a los productos daneses y noruegos –se estima que la industria danesa podría perder 1.600 millones de dólares anuales si se mantiene la medida que han emprendido 20 países musulmanes–, amenazas de muerte a varios periodistas y dibujantes, y editores despedidos... Hay un pedido de fatwa para asesinar a los caricaturistas del Jyllands-Posten, y un llamado a los musulmanes para observar “una jornada internacional de ira”. Un periódico iraní convoca a un concurso internacional de caricaturas sobre el Holocausto judío y lo que denomina “crímenes de Estados Unidos” bajo el título “¿Dónde está el límite de la libertad de Occidente?”.

II

En uno de los tantos artículos que dan cuenta del problema de la representación o del tabú religioso con relación a la imagen de Mahoma se aclara que no es el Corán el que prohíbe la representación de las imágenes, sino el Libro de Hadis, otra fuente de la legislación islámica redactada en el siglo xii, que recoge los hechos y dichos del profeta que no aparecen en el Corán. En ella, recuerda el artículo, cualquier intento de imitar a Dios, al profeta y de crear imágenes de seres vivos es considerado blasfemia. Pero tanto por el silencio del Corán al respecto, como por la complejidad y diversidad del mundo islámico, los chiitas, por ejemplo, sí retratan la imagen del profeta y de los santos. En ese mismo texto se refiere que, al parecer, la prohibición de la representación pictórica e iconográfica de Mahoma, nunca acatada universalmente, comenzó a ceder a medida que el islam se extendía más allá del mundo árabe. Miniaturas persas y turcas del siglo xii en adelante representaron figuras humanas, incluida la de Mahoma, aunque su rostro siempre estaba oculto, a menudo por una llama divina. En Internet, una página (www.muslimwakeup.com) da cuenta de algunas de las representaciones musulmanas de Mahoma, ratificando un intrincado e histórico debate que se ha dado también dentro del propio mundo religioso islámico.
La prensa mundial no ha parado de editorializar por estos días, convocando aquí y allá a a connotados “orientalistas”, filósofos, filólogos y politólogos para dirimir un fenómeno que tiene como corazón al problema de la “libertad de expresión” o “libertad de prensa” y cuáles deberían ser y son sus alcances. Una categoría que no tiene un sentido ni una valoración única, universal, inmanente y consensuada, más allá de lo universalmente establecido en términos legales o de derechos humanos. Laicidad y anticlericalismo, Occidente podría hacer un esfuerzo, tampoco son palabras con solución de interpretación rápida y armónica.
Lo cierto es que, aunque desde posiciones y frentes de argumentación distintos, buena parte de los editorialistas connotados del mundo tienden a acordar en un punto, y adjetivan en términos similares: las caricaturas del Jyllands-Posten son “malas”, o “frívolas”, “faltas de inspiración y talento”, “tontas”, “irresponsables”, “negligentes”.
En un polémico artículo publicado en El País de Madrid,3 Jean Daniel, director de Le Nouvel Observateur, las califica como “unas malas caricaturas” y habla en nombre de su “trágica frivolidad”, introduciendo un nuevo frente de interrogación al debate. Daniel justifica la libertad de expresión fundamentalmente a partir de los argumentos que provee la estética. Estas caricaturas “no demuestran ni audacia estética, ni sensibilidad emocional, ni un sentido de la oportunidad política particulares. No se puede decir que se encuentre en ninguno de esos dibujos la gran herencia de Daumier, Salvador Dalí o, en otro ámbito, de Buñuel. En ellos, el arte, es decir, el genio, salvaba la provocación”. A Jean Daniel le parece “insoportable que la vulgaridad sea lo único que ensucia lo sagrado. Si los surrealistas lo hicieron fue porque estaban al mismo nivel que el objeto de su profanación”. Luego se pliega a otro de los más poderosos y socorridos frentes de argumentación en este debate: “La libertad es una gran conquista. Tiene sus límites en las responsabilidades que la acompañan”.
También Robert Fisk, reconocido orientalista, escribe en The Independent4 y se refiere al periódico danés –una publicación sin dudas conservadora– como “el bobalicón diario en el que aparecieron esas tontas caricaturas”, mientras Sami Naïr, ensayista y politólogo especializado en Oriente, las califica como “provocadoras, estúpidas y perversas”.
En su definición más extendida, la caricatura es un arte gráfico que consiste en exacerbar rasgos o características para ponerlas en cuestión unas veces, o para descongestionar con humor realidades dolorosas, otras. Más allá de la violación occidental de un enorme tabú religioso islámico –en nombre de la libertad de expresión, en nombre de la laicidad, en nombre de lo que sea–, más allá del problema de la representación en torno a Mahoma, y mucho más allá de la pericia o la elegancia con que el arte de la caricatura es llevado a cabo, parece haber otro elemento, quizás el más insidioso, en juego. Fisk lo sintetiza de la siguiente manera en su artículo: “En cualquier caso, no se trata de si el profeta debe o no ser retratado. El Corán prohíbe las imágenes del profeta y aun así millones de musulmanes tienen y crean esas imágenes. El problema es que las caricaturas representan a Mahoma como imagen de violencia estilo Bin Laden. Muestran el islam como religión violenta. Y no lo es. ¿O queremos que sí lo sea?”.
Y tal como acota por allí algún otro editorialista (son muchos, abrumadores), “lo cierto es que un hombre con bomba, dependiendo de las circunstancias, para unos simboliza un terrorista, mientras para otros un guerrero y un luchador por la justicia”.

III

“Los rostros de Mahoma” hicieron que el mundo volviera a detenerse en hechos tan repugnantes como la fatwa contra Salman Rushdie, como el asesinato de Van Gogh, como el asesinato del olvidado Hitoshi Igarashi, muerto por verter al japonés Los versos satánicos (el libro de Rushdie). Y es que en todo este entuerto, quienes repudian la publicación de esas caricaturas pueden llegar a ser confundidos con aquellos que “dan alaridos ante el sacrilegio islamófobo y racista”, como escribe el editorial de Le canard enchainé. O con aquellos que, desde un abroquelamiento altruista en la defensa del “otro”, del “desamparado”, de la masa indigente e indiferenciada que nos muestra la tele todos los días como musulmanes, corren el riesgo de minimizar un baño de sangre que es desde todo punto de vista repudiable. Repudiable, y sin embargo, no incomprensible.
También llega raudo el argumento de que la libertad de expresión y la libertad de crítica es mucho más que un valor occidental, que es un derecho humano, recogido en el artículo 19 de la Declaración Universal. Y que no hay excepción para Mahoma, ni para Moisés, Jesús, o Vishnu. Que no sólo los occidentales debemos aspirar a ejercer la libertad de expresión al máximo, sino que también debemos luchar para que se haga extensible a todo el planeta. Vaya si Oriente sabe sobre esa característica de Occidente: la de hacer todo extensible. Pero el periódico danés no publicó caricaturas satirizando a Cristo. Según notifica The Guardian, en abril de 2003 el ilustrador danés Christoffer Zieler remitió una serie de viñetas de humor, no solicitadas, al Jyllands-Posten, que trataban de la resurrección de Cristo. Zieler recibió en respuesta un correo electrónico del editor del dominical del periódico, Jens Kaiser, diciendo: “No creo que los lectores del Jyllands-Posten disfrutarán de los dibujos. De hecho, pienso que provocarán un clamor. Por consiguiente, no los voy a usar”. Ese mismo “sentido de la oportunidad”, que no siempre contradice o descuida la libertad de expresión, podría bien haberlo usado el Jyllands-Posten para dialogar con Mahoma.
La situación entre Oriente y Occidente exige, quizás más que nunca, cuidados. La intelectualidad occidental –¿qué le está pasando a Martin Amis, a Oriana Falacci, o a Don DeLillo?– debería esmerarse un poco. Es que como advierte Fisk, este no parece “el momento más adecuado para recalentar la vieja basura de Samuel Huntignton sobre ‘el choque de las civilizaciones’”.

1. Orientalismo. Edward W Said. Editorial Debate, Madrid, 2002.
2. www.motoraway.blogspot.com
3. “Una frivolidad trágica”. Jean Daniel. En El País de Madrid, 07-II-06.
4. “El último leño a la hoguera” . Robert Fisk. Originalmente publicado en The Independent, y reproducido en La Jornada, 6-II-06.

 
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