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10 de febrero de 2006

Brecha de Uruguay - 10 de febrero de 2006

Caricatuerie*

La caricatura, por definición, es el arte de exagerar el rasgo para burlarse de un sujeto acentuando sus aspectos ridículos o desagradables.

Erik Emptaz

Ese género se ejerce en Francia en un marco claramente definido desde hace cien años por la República laica, y ampliamente utilizado por Le canard enchainé desde su creación. Cada uno es libre, en materia de religión, de filosofía o de ideología, de creer lo que quiera. Pero también, en los límites de la ley, de discutir, de criticar, de caricaturizar aquello en lo que no cree. No hay ninguna excepción para Mahoma, Moisés, Jesús o Vishnu, tampoco para el imán, el rabino, el obispo o la criada del cura.
Este ejercicio iconoclasta puede por cierto practicarse con más o menos inspiración y talento. Por esta única razón, no habríamos publicado sin duda todas las caricaturas de Mahoma aparecidas en el diario danés Jyllands-Posten. La mayor parte de ellas no son, en efecto y según nuestra opinión, ni muy divertidas ni sobre todo muy originales. Pero habida cuenta de la situación, toman evidentemente un valor muy distinto. Pues las reacciones demenciales suscitadas por la publicación de esos simples dibujos de prensa son mucho menos divertidas. ¡Aun cuando son muchísimo más caricaturales!
Los que instrumentalizan a los creyentes y a su cólera no se contentan con exagerar el trazo, caen directamente en lo grosero. Y, lo que es más grave, en lo violento. Esas manipulaciones de un resentimiento que demoró en manifestarse, ya que los 12 dibujos fueron publicados el 30 de setiembre último, cobraron ya seis muertos. ¡Seis muertos en nombre del profeta! ¡Seis muertos, sobre todo, en nombre de todos los que se ocultan detrás de su barba! Y Mahoma debe tener sin duda una barba bien profusa, vista la cohorte de quienes se guarecen en ella para servir sus pequeños intereses.
Allí se encuentran a granel los países del Golfo y Egipto, que fueron los primeros en atizar el fuego para hacer creer que son más musulmanes que sus islamistas; Pakistán, que quiere congraciarse con quienes lo consideran más cerca de Bush que de Alá; Siria, país laico poco conocido por su gran piedad o sus manifestaciones callejeras, que supo crear en un instante, en Damasco y en el Líbano, cortejos “espontáneos” de “creyentes ofendidos” que queman embajadas y banderas a pedido. También se encuentran en esa cohorte los palestinos y sobre todo Irán, que aprovecha para echar leña al fuego, esperando ganar así puntos en la crisis sobre la cuestión nuclear. O aun el Vaticano, que defiende su propia capilla, o Bush el Piadoso y Blair el Tartufo, quienes a causa de su papel en Irak se indignan por esas caricaturas “totalmente ofensivas para el islam”.
Por aquí, el propietario franco egipcio (y cristiano) de France Soir, procesado por la justicia, espera rehacer sus vínculos con El Cairo echando al responsable de la publicación de los dibujos “impíos” en un diario que ya no administra más. Por su lado, el sin embargo laico Movimiento contra el Racismo y por la Amistad entre los Pueblos, para hacerse notar, acusa al mismo diario de “giro racista de la libertad de expresión”, haciendo una amalgama entre raza y religión.
Más allá de esta mojigatería utilitaria, de esta religiosidad pragmática, queda aun espacio para una cosa y su contrario. Algunos musulmanes protestan, con razón, por la amalgama entre islam y terrorismo, pero al mismo tiempo, para lavar la afrenta, llaman al asesinato y al baño de sangre. Otros ponen el grito en el cielo por el sacrilegio islamófobo y racista, pero no se ofuscan en lo más mínimo por textos o dibujos antisemitas de quienes militan en sus filas.
A otros no se los oye ni se los ve pero, como Le Pen, se frotan las manos contando los votos que este tipo de amenazas les puede aportar... En una palabra, ¡Alá es grande, pero Mahoma sirve a todo el mundo!
Esperando que las autoridades religiosas “de amor” y de “tolerancia” llamen a la calma para poner fin a este desenfreno caricatural y sangriento de odio, de violencia y de intolerancia, continuaremos con seguridad dando púa con este tipo de temas. Vista la manera en que los acontecimientos evolucionan, “el anticlericalismo anticuado” caro al Canard es de quemante actualidad.

* Editorial del semanario satírico francés Le canard enchainé publicado el miércoles 8. Su título, “Caricatuerie”, es un juego de palabras entre caricature (caricatura) y tuerie (matanza).

 
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