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16 de febrero de 2006
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Brecha
de Uruguay - 10 de febrero de 2006
Argentina-Uruguay
Un difícil papel
Hace ya varios meses que la histórica relación de
hermandad entre Argentina y Uruguay se encuentra seriamente
perturbada.
Emilio García Méndez*
El conflicto en cuestión
ha surgido en relación con los problemas de contaminación y
por la amenaza de un considerable daño ambiental que la
instalación, en las orillas del río Uruguay, de una inmensa
fábrica de celulosa del lado uruguayo amenaza provocar. A muy
pocos quilómetros, del lado argentino, en la provincia de
Entre Ríos, la ciudad de Gualeguaychú, cabecera de una región
que ha hecho del turismo una fuente importantísima de
ingresos, se encuentra en estado de legítima y comprensible
agitación social. El gobernador de la provincia, un típico
caudillo local en absoluto sospechoso de alguna sincera
preocupación ecológica, quien con la misma vehemencia estaría
defendiendo la instalación de las papeleras si fueran
funcionales a sus intereses, se ha colocado a la cabeza del
conflicto. El gobierno nacional argentino, por su parte, se ha
colocado a la cabeza de la cabeza. Los cortes permanentes de
los puentes internacionales que unen a ambos países, con
tránsito particularmente intenso en épocas de vacaciones, han
agravado ulteriormente la situación. El corte de rutas, una
metodología ya rutinaria de la protesta social argentina, se
extiende por primera vez al campo de las relaciones
internacionales. Nada hace prever, por el momento, un final
inminente ni feliz. Sin pretender entrar en argumentos
detallados de naturaleza técnica, ambos países parecen
esgrimir buenas razones para sostener un conflicto que, como
tal, a nadie beneficia. Del lado del gobierno uruguayo los
motivos son obvios. Se trata de una de las mayores inversiones
en la historia del país. Imposible desconocer que de aquí se
derivan, y en realidad a él se subordinan, prácticamente todo
el resto de las argumentaciones uruguayas. Del lado del
gobierno argentino no todo lo que reluce es oro. El ímpetu y
la insólita dureza sostenida durante varios meses parecen
ceder terreno, justo en estos días, a una ambigua
“realpolitik” que se concretaría en apelar a una (lentísima)
decisión del Tribunal de la Haya. También no presentar la
demanda está en consideración. En todo caso, como en
muchísimos otros temas, lo único consecuente parece ser el
movimiento en zigzag. Resulta interesante escarbar un poco
más en esta inédita preocupación ecológica de un gobierno como
el argentino, que al igual que todos los anteriores no se ha
destacado jamás por algún tipo de desvelo consecuente por el
ecosistema. Sobran más bien las evidencias en contrario.
Parafraseando al dramaturgo brasileño Nelson Rodrigues (que
obsesivamente acostumbro citar), quien lo afirmaba respecto
del dinero, parece que “hay gente que por votos hasta es capaz
de una buena acción”. Pero también del lado argentino
llama la atención el silencio prácticamente absoluto de todo
el arco opositor en relación con el tema. Casi podría decirse
que el gobierno está llevando adelante e inaugurando una
política de Estado por default. Pero el que calla no siempre
otorga. Muchas veces se trata de un silencio producto más del
desconcierto y la falta de conocimiento que de un asentimiento
y conformidad real con lo actuado. A pesar de que el
gobierno argentino está convencido de lo contrario, me
pregunto si no será hora también en este plano de que la
sociedad se ocupe de recordarle que el Estado es algo más que
su transitoria administración. ¿No habrá llegado el momento de
nacionalizar este debate y exigir que las posiciones a
defender se ubiquen en el contexto de una política global
sobre el ambiente? ¿Existe una política tal? Por lo demás, ¿no
sería conveniente e interesante a la vez que en Uruguay
ocurriera otro tanto? Un conflicto con el último país del
mundo que se pensaba que pudiera ocurrir golpea a las puertas
de Argentina. ¿Cómo seguirá esta historia? Urgido hace
poco un ex ministro de finanzas brasileño por un grupo de
periodistas para que expresara una opinión sobre el futuro de
la economía de su país, respondió con finísima ironía: “En
esta región ni el pasado es previsible; imagínese el futuro”.
* Argentino, abogado, profesor de la
Universidad de Buenos Aires y consultor de unicef. Desde
octubre de 2005 es además diputado de la Alternativa para una
República Independiente (ari).
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