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17 de febrero de 2006
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Brecha
de Uruguay - 17 de febrero de 2006
Brasil
La pesadilla de la criminalidad
La seguridad es el tema prioritario para los brasileños
de las grandes ciudades. Rio de Janeiro es el lugar más
expuesto, donde se muestra la total ineficacia de las
autoridades en el combate a la criminalidad. Lo peor: toma
cuerpo la convicción de que la violencia sólo puede combatirse
con violencia.
Mário Augusto Jakobskind desde Rio de Janeiro
La semana pasada un grupo de
policías participó en una manifestación en el aeropuerto
internacional Tom Jobim, en la puerta de ingreso de los
turistas, para alertar a los visitantes sobre la cuestión. Los
policías llevaban pancartas y distribuyeron panfletos en
varios idiomas alertando que la seguridad es un grave problema
de Rio. Explicaban los riesgos que corren los visitantes, pues
las autoridades estaduales pagan mal a los policías, lo que
provoca enormes problemas en el combate a la violencia urbana.
Se considera que este factor aumenta la vulnerabilidad al
facilitar la acción corruptora de los delincuentes. La
respuesta de las autoridades consistió en abrir una
investigación para castigar a los manifestantes que acudieron
al acto organizado por el Sindicato de Vigilantes. La cuestión
de fondo, o sea los salarios policiales, fue respondida de
forma vaga señalando que se habían realizado ajustes el año
pasado. En general, las críticas son respondidas de modo
poco convincente en todos los niveles: gobiernos estaduales,
federales o municipales. El ejemplo más reciente fue dado por
el alcalde de Rio de Janeiro. César Maia estaba concediendo
una entrevista a corresponsales de prensa extranjera para
hablar de los Juegos Panamericanos que se celebrarán el
próximo año en Rio, de la sucesión presidencial y, tema que no
puede faltar, de la violencia urbana. Aunque el municipio
de Rio es responsable sólo de la Guardia Municipal, cuerpo de
actuación limitada, Maia prefirió optar por la cautela. Para
el alcalde, por el hecho de haber sido capital federal hasta
1960, Rio es una ciudad de mayor visibilidad y exposición ante
los medios, por lo que cualquier suceso tiene mayores
dimensiones que lo que le sucede a cualquier otra ciudad del
país. Sin embargo, dijo, Rio ocupa hoy el lugar número 23 en
el ranking de criminalidad. El alcalde, en tanto, no dio
mayores detalles sobre esas estadísticas ni acerca de qué
ciudades estarían por delante de Rio en materia de
criminalidad.
ASALTO A MANO ARMADA
Después de haber
afirmado que las áreas turísticas de Rio son seguras, por
estar bien protegidas, el alcalde quedó desconcertado con la
pregunta de Andrej Kaurjuzov, de la agencia rusa Novosty.
“Permítame discrepar pero ayer fui víctima, junto a mi mujer,
de un asalto a mano armada en una concurrida calle de Ipanema
a las tres de la tarde. Nadie me auxilió, ni siquiera la
policía.” El alcalde no tuvo mejor ocurrencia que asegurar
que el corresponsal ruso no es un turista sino alguien
radicado en la ciudad. Días después, en la sede de la alcaldía
de Rio donde trabajan 700 funcionarios, en el centro de la
ciudad, un asalto a un furgón blindado que transportaba dinero
se saldó con un muerto y tres heridos, y el consiguiente
pánico que se extendió entre los empleados. La violencia
ocupa grandes espacios en los medios y se le vienen dedicando
profundos estudios académicos que abordan también la política
económica actual. Destacan las contradicciones entre quienes
defienden políticas neoliberales que debilitan los estados,
pero a su vez reclaman eficiencia estatal en el combate al
crimen. El propio alcalde César Maia, del derechista pfl, que
defiende un Estado mínimo, es feroz crítico de la ineficiencia
policial. Predomina en los medios un abordaje estilo
“sentido común” en función de la reacción individual de las
víctimas o de sus familiares, y se extiende la defensa de la
pena de muerte. Se cierran los ojos, y hasta se aplaude, la
acción truculenta de la policía en áreas donde viven los más
pobres, como las favelas. Siguiendo esta filosofía, la Policía
Militar del estado de Rio de Janeiro viene utilizando métodos
muy violentos pero sin ninguna eficacia. Es el caso de los
caveirões, vehículos militares similares a tanques de guerra
que atemorizan a los habitantes de las favelas por su práctica
indiscriminada de violencia. Ese tipo de acción policial fue
condenada por entidades de derechos humanos como la Comisión
de Libertad de Expresión y Derechos Humanos de la Asociación
Brasileña de Prensa (abi). El uso de esos vehículos es
justificado por las autoridades de seguridad para actuar en
áreas consideradas de alto riesgo, donde generalmente el
narcotráfico tiene gran poder de fuego. El argumento es
poco convincente, porque el poder de las cuadrillas de
narcotraficantes crece justamente en las áreas donde el Estado
está ausente o tiene muy escasa presencia, que es justamente
en las zonas donde viven los más pobres. O sea, los
traficantes se imponen haciendo un “servicio social”
sustituyendo al Estado. Además, proporcionan a los jóvenes
–muchos de ellos hijos de trabajadores– salarios
superiores al promedio del país. Para quien no tiene
perspectivas de insertarse en el mercado de trabajo o sólo
puede aspirar a recibir salarios mediocres, emplearse con el
narcotráfico es tentador, aun sabiendo que se trata de una
actividad de enorme riesgo con escasas posibilidades de
supervivencia.
JUEGOS PANAMERICANOS
Los medios
saludaron con euforia el anuncio de la realización de los
Juegos Panamericanos, ya que el sistema de seguridad pública
de Rio será reforzado por 10 mil hombres provenientes de un
cuerpo especial de la recién formada Guardia Nacional. Esos
efectivos fueron entrenados en el municipio de Anápolis, en el
interior del estado de Goiás, relativamente próximo a la
capital, Brasilia, y, según se informa, deberán luego de los
Juegos incorporarse en etapas a otras fuerzas del sistema
policial. Se trata de una contribución efectiva del gobierno
federal a Rio de Janeiro, ciudad considerada, a pesar de las
alegaciones en contrario del alcalde César Maia, una de las
más violentas del país. En lo inmediato, Rio se prepara
para el Carnaval, donde los hoteles tienen sus plazas
cubiertas por turistas extranjeros, sobre todo en los barrios
de Copacabana e Ipanema. Este sábado 18, la playa de
Copacabana será escenario de uno de los mayores eventos
musicales en la historia de la ciudad. Los Rolling Stones se
presentarán en un show gratuito al aire libre, para una
concurrencia estimada en más de un millón y medio de personas.
Para ello las autoridades estaduales y municipales montaron un
dispositivo especial de seguridad, idéntico al de la fiesta de
fin de año que se realizó en la misma plaza de Copacabana,
cuando dos millones de personas asistieron a shows musicales y
un espectáculo de fuegos artificiales. En esa ocasión los
eventos se realizaron esparcidos por toda la orla marítima a
lo largo de cuatro quilómetros, pero en esta ocasión el
escenario será mucho menor y no superará un quilómetro de
largo. El show de los Rolling Stones está siendo considerado
como un test de seguridad urbana.
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