OR DOS CANALES, uno norteamericano y otro francés, vimos el video que
registra las torturas infligidas por tropas británicas de ocupación a
cuatro jóvenes iraquíes, en una base militar del sur del país,
probablemente Bassora. Vimos también las páginas del semanario londinense
News of the World que reproducen dichas imágenes. Es un nuevo testimonio
del horror que acompaña la invasión a Irak, que se suma a las torturas
infamantes de las tropas de ocupación yankis en las prisiones de Irak, a
las que practican en Guantánamo y en centros de detención clandestinos en
países de Europa y Asia, crímenes de lesa humanidad hasta ahora mantenidos
en secreto.
"¡Muéranse, malditos!"
Los jóvenes fueron capturados durante una manifestación en reclamo del
retiro de las fuerzas extranjeras de Irak efectuada en una ciudad de la
zona sureña ocupada por los británicos. A golpes, empellones y culatazos
los introdujeron dentro de la base. Los golpearon con saña, los tiraron al
suelo y los seguían pateando, arrinconándolos contra la muralla.
Me hicieron recordar al feroz apaleo del ciudadano negro norteamericano
Rodney King a manos de la policía, imágenes que también dieron la vuelta
al mundo.
En medio de insultos soeces, se oye claramente una vociferación:
"¡Muéranse, malditos!". Otro amenaza, uniendo la acción a la palabra: "Van
a recibir una buena paliza" (vous allez prendre une bonne râclée, en la
versión francesa).
El cabo que filmó las escenas (de las cuales se reproduce un minuto)
parece encantado con el espectáculo, y alienta a los militares a continuar
la golpiza.
Igual hacían los nazis. Otros soldados, todos armados a guerra, miran
la escena con indiferencia, como si fuera habitual, no intervienen y se
dirigen calmosamente al interior de la base.
Estos hechos ocurrieron a principios de 2004. A lo largo de dos años se
mantuvieron ocultos.
Es lo mismo que aconteció con las torturas inauditas en la cárcel de
Abu Ghraib, en la de Guantánamo y en las prisiones secretas de varios
países de Europa del oeste y del este, mientras los gobiernos permanecían
mudos.
Estos hechos se destaparon al presentarse evidencias documentales que
se difundieron por el mundo. A esa altura ya no se pudieron negar, pero se
efectuó una contracampaña mediática para desviar las responsabilidades.
Desde el domingo Al Jazeera exhibió el video junto a las cintas sobre
Abu Ghraib, para mostrar la continuidad de las prácticas de tortura por
parte de las tropas invasoras.
Blair en la picota
Estas revelaciones significaron un golpe en el plexo a Tony Blair, que
anda de paseo por Africa del Sur.
Se le vio desconcertado ante cámaras, y apenas atinó a replicar que en
Irak hay 80 mil efectivos británicos, y son pocos los que participan de
esas prácticas. Dijo que se iba a investigar.
Ayer detuvieron a tres soldados, pero es para tapar el ojo. Recuerden
que el gobierno de Blair, al igual que el de Bush, se mantuvo a lo largo
de estos tres años entre la ocultación y la mentira. Tapó los hechos
mientras pudo. Y sus falsedades llevaron a la muerte a un destacado
especialista cuyo testimonio, expuesto en entrevista de la BBC, desmentía
con fundamento que existieran armas de destrucción masiva en Irak
De modo análogo procedió el gobierno de Washington respecto a las
torturas en Abu Ghraib. Su preocupación obsesiva fue negar, contra todas
las evidencias, que se tratara de un procedimiento inculcado por la
superioridad militar, el Pentágono y la secretaría de Defensa.
Por esa vía procuró deslindar la responsabilidad del mando del ejército
y de Donald Rumsfeld, para hacerla recaer exclusivamente en algunos
soldados descarriados y en mandos inferiores.
Lo mismo acontece respecto a las prisiones de Guantánamo, en torno a
las cuales se ha originado un vasto movimiento mundial, de organizaciones
de derechos humanos, de juristas y otros, que reclama liberar a los presos
y cerrar la base. Pero todo sigue igual. Es un territorio fuera del mundo
y de la ley (internacional y norteamericana), donde se continúa torturando
a unos 600 detenidos sin juicio ni condena.
Por el retiro de las tropas
La respuesta inmediata en Irak fue un clamor generalizado por el retiro
de las tropas de ocupación. Que se vayan los invasores, fue la frase
reiterada con toda la voz.
Del mismo modo en Londres, conmocionada por las revelaciones, subió de
tono el reclamo por el retiro de las tropas británicas. (Esto lo vimos en
el canal francés, por cierto). Simultáneamente, mientras en el mundo
musulmán no cesan las expresiones de repulsa por las caricaturas de
Mahoma, Condoleezza Rice salió nuevamente a la palestra para descargar la
artillería pesada contra Irán y Siria.
Y ayer mismo se anunció que está listo un plan del Pentágono para
invadir Irán.
Publicado en La República
el 14 de febrero de 2006