Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
17 de febrero de 2006
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Prensa europea y América Latina
Profesionales de la desinformación
Cada día la prensa italiana publica afirmaciones falsas
y tendenciosas contra los gobiernos progresistas
latinoamericanos. ¿Es sólo casualidad o está en curso una
campaña de deslegitimación contra eso que para Donald Rumsfeld
es “el eje del mal latinoamericano a golpear”?
Gennaro Carotenuto desde Roma
La ex diputada europea Emma Bonino escribió en el
diario Corriere della Sera que “en Venezuela no existen
instituciones democráticas”. Días atrás, en el gr3, el
“neocon” Pipes compara a Salvador Allende con Adolf Hitler.
Otro día se le hace afirmar a Vargas Llosa la incomprensible
teoría por la cual Evo Morales sería un racista. Dos semanas
atrás una maquinación dio la vuelta al mundo para presentar a
Hugo Chávez nada menos que como antisemita. En el medio se
magnifica como novedad la elección de Michelle Bachelet (su
coalición está en el cuarto mandato consecutivo) y se hace
pasar casi en silencio la de Evo Morales (un giro en todos los
sentidos). La Repubblica se preocupa por la suerte de los
asesinos del Che Guevara: “procesarlos sería una venganza”,
dice, y Massimo D’Alema, el mismo que defendiera a Fernando de
la Rúa cuando ordenó disparar sobre la muchedumbre en Buenos
Aires, lanza acusaciones contra Néstor Kirchner o Hugo Chávez.
Pero quizás la perla de este inicio de año sea aquella del
semanario L’Espresso. El semanario histórico de la izquierda
progresista italiana, en el número del 19 de enero del 2006,
encarga el artículo de un especial sobre América Latina a un
tal Moises Naim presentándolo sólo como director del periódico
estadounidense Foreign Policy. Al lector le hubiera gustado
saber por qué un semanario italiano no le pidió este
importante artículo sobre América Latina a un periodista
italiano experto en temas latinoamericanos, o a un
latinoamericano. Ahora bien, aunque el lector de L’Espresso no
está en condiciones de saberlo, no sólo Naim no es
estadounidense, sino que se lo presenta enmascarado como
director de la prestigiosa revista Foreing Policy. Se esconde
al lector que Naim no es un latinoamericano común. Naim fue
ministro de Industria en Venezuela en los años noventa, en el
tiempo de las más salvajes privatizaciones, cuando ríos de
dinero de “tangentes” terminaban en los paraísos fiscales de
las Bahamas, cuando la gran mayoría de los venezolanos se
empobrecía como nunca en la historia, cuando el gobierno
masacraba cientos de personas con el “Caracazo”. Ni L’Espresso
ni Naim tienen el pudor de explicar que éste no es un
observador neutral sino un miembro de aquella clase política
corrupta desplazada por el movimiento bolivariano. Es como si
L’Espresso hubiera pedido a Pinochet un artículo sobre
Allende, a Menem un artículo sobre Kirchner, o a Collor de
Mello un artículo sobre Lula, “olvidando” explicar quiénes
fueron Pinochet, Menem o Collor de Mello y presentarlos como
observadores neutrales. L’Espresso hace así pasar como
análisis político insultos como “el peligroso bufón populista
Chávez” haciendo creer al lector que son producto de un
prestigioso observador neutral y no de un rencoroso exponente
de una de las clases políticas más corruptas de la historia.
¿Es así de ingenua la dirección de L’Espresso para no entender
que ésta es una pésima manera de hacer periodismo? Todo
esto en los pocos días de este inicio de 2006, y quien sabe
cuántas más perdimos o se nos han escapado. Como la perla
publicada en el suplemento Donna de La Repubblica firmada por
Alessandro Oppes que, bajo el título “Chávez visto de cerca”,
entrevista sólo y exclusivamente a opositores particularmente
envenenados y poco lúcidos. Está en curso una operación
decidida y sistemática que quiere separar a la opinión pública
occidental de la suerte de los gobiernos progresistas
latinoamericanos, presentarlos como ambiciosos, autoritarios,
peligrosos, no democráticos, para poder mañana llevar a cabo
la amenaza del ministro de Defensa estadounidense contra el
“eje del mal latinoamericano a golpear”. Gota a gota, día a
día, se están envenenando los pozos de la información en un
sentido antilatinoamericano. Es la misma gota de veneno que
desparramaba desinformación sobre Salvador Allende hasta hacer
creer que el golpe que deseaba Estados Unidos era la mejor
solución para terminar con un caos que no existía o que, en
todo caso, había sido provocado para eso.
Publicado en Brecha el 17 de febrero de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
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