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19 de febrero de 2006
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La Jornada
de México - 18 de febrero de 2006
Occidente y su libertad de expresión
Marcos Roitman Rosenmann
Resulta
habitual mezclar la crítica con el argumento. Preguntado por la
definición de un cuadrado saltan las respuestas más dispares. Prefiero un
triángulo, me gusta la aritmética, odio los cuadrados. Es asombroso, pero no se
responde. Si llevamos el razonamiento al campo de lo político y nos interrogamos
¿qué son las clases sociales?, podemos encontrar exabruptos y descalificaciones,
respuestas tales como: ya no existen, el proletariado es un mito revolucionario,
los burgueses son reaccionarios, etcétera. Los más avisados buscan adjetivar.
Pero nos quedamos en las mismas. Es la circularidad del círculo. Un callejón sin
salida. Debates donde se contraponen con mejor o peor fortuna ejemplos y casos
particulares sin llegar nunca a definir nada. Hablar por hablar. El parloteo
vano del argumento sofista, donde se repite lo mismo hasta la saciedad se
impone. No hay manera de respetar un argumento construido lógicamente cuyo
principio de explicación no conlleve opinar sobre lo definido; es decir,
mantener la autonomía en la definición. En otras palabras, enunciar un problema
no conlleva estar de acuerdo con su enunciado.
La publicación de viñetas caricaturizando al profeta Mahoma en un periódico
conservador danés no provoca la ira de los pueblos islámicos, es su imagen
convertida en terrorista lo que determina el estallido de violencia. La
posterior edición en los principales periódicos de Europa occidental, apoyándose
en el ejercicio de la libertad de expresión, es ahondar en la provocación.
Apoyándose en la libertad de expresión se reproducen hasta la saciedad. El
objetivo es reivindicar un derecho por encima de cualquier otra circunstancia
que amerite su rechazo. No caben medias tintas. No se puede ceder ante el
fundamentalismo religioso. Las caricaturas serán de mal gusto, inoportunas, pero
nadie puede impedir la libertad de prensa y de expresión. Occidente cierra
filas. Pero ése no es el problema. Sabemos claramente que determinados
artículos, gestos, símbolos suponen incitar a la violencia, crear conflictos y
herir sensibilidades. Todo ello lo saben quienes ejercen el periodismo y la
política. Saben qué se puede y se debe hacer y decir. El cómo y el dónde. No es
pues un problema de libertad de expresión y libertad de prensa. Lo que se
discute es otra cosa. Tampoco sirven los argumentos sobre el tipo de regímenes
políticos de Oriente. No se puede meter la crítica en el argumento. El ejercicio
de la libertad de expresión y de prensa está regulado y no pueden saltarse
límites deontológicos. Por ello la discusión es de otra índole. La libertad de
expresión se define por sí, al igual que la libertad de prensa. Existe o no
existe. Por ello, resulta curioso que el problema se enfoque como el derecho
inalienable de un periódico y de un periodista por encima de cualquier
consideración a publicar una viñeta de tipo religiosó amparándose en la libertad
de prensa, por encima de consideración ética o principio moral. Loable argumento
al cual recurren y en el que se parapetan todos los grandes medios de
comunicación y gobiernos de los países de Europa occidental. Así no ha lugar a
equívocos. Occidente es libre, defiende la cultura, la democracia y los valores
de la civilización. Por todo ello vale la pena luchar y rasgarse las vestiduras.
Se cierran filas. La OTAN, el Parlamento y todas las instituciones de la Unión
Europea llaman a los gobiernos del mundo árabe a comportarse y controlar sus
huestes, adjetivando al mundo árabe como teocracias sin valores democráticos.
¿Pero es realmente un problema de libertad de expresión y libertad de prensa?
Veamos. Las viñetas fueron publicadas en Europa y causaron efectos en el mundo
árabe, musulmán e islámico: ese era el objetivo. Crear violencia y provocar. Si
se trata de hablar de libertad de prensa y de expresión, hablemos. Pero no en
Oriente, hagamoslo en nuestro mundo, en Occidente. No metamos la crítica en el
argumento. Aquí todos los días se viola el derecho de libertad de expresión y se
atenaza la libertad de prensa. El control ejercido por los gobiernos y las
empresas que mantienen la publicidad en los periódicos configura una mordaza
"consentida". A la censura, la negativa a publicar informaciones sobre la guerra
de Irak, Afganistán o Israel se une el engaño masivo y la manipulación sobre la
realidad en Venezuela, Cuba o cualquier país que no sea del agrado de la
multinacional de la información. Asimismo, la presión a periodistas y la acción
de ministros de gobernación para evitar publicaciones habla de la inexistente
libertad de expresión y de prensa. Es más, las grandes multinacionales contratan
páginas de publicidad en la prensa diaria, cuestión que las hace invulnerables
cuando se trata de escribir sobre la situación de sus empleados o sus servicios.
En España si hablamos de Telefónica, Banco Santander Central Hispano, BBV,
Iberia, El Corte Inglés o Zara, existe un colador que impide hablar de despidos,
incumplimiento de contratos, trabajo negro, etcétera. El País, El
Mundo, ABC saben hasta dónde pueden llegar. ¿De qué libertad de expresión y
prensa hablamos? Algo similar ocurre en la televisión privada, no menos en la
pública. El mercado de la publicidad obliga. El que paga define el límite de la
libertad de expresión y acota la libertad de prensa. Siempre hay excepciones. Lo
alternativo es otra cosa. Pero estamos acostumbrados a confundir libertad de
expresión y prensa con noticias consideradas exclusivas provenientes de las
grandes agencias de información. La libertad de prensa y expresión en los países
de Europa gozan de muy mala salud. Su prensa en manos de las grandes compañías
es cuestionada desde hace ya tiempo, y bueno sería darnos cuenta y no confundir
el sentido del problema. El conflicto es otro. Ni choque de civilizaciones ni
alianza de civilizaciones. Tras esta dinámica se busca la creación de conflicto
donde se utiliza la religión y la teología con el objetivo de establecer un
control político y favorecer un proceso donde se legitime la guerra total. La
nueva cruzada contra un enemigo integral. No es un problema de corto plazo. La
crítica al mundo árabe favorece en Europa una acción inmediata sobre la
emigración y practicas xenófobas y racistas. Igualmente consolida el mito de la
superioridad étnico-racial de la razón cultural de Occidente y su civilización
fundante del progreso material como el gran logro del siglo XXI. Un renacimiento
del fundamentalismo cuya cruzada se levanta para proteger al mundo católico,
apostólico, romano y sus variantes judía, ortodoxa y protestante.
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