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25 de febrero de 2006

El Periódico de Catalunya - 25 de febrero de 2006

Occidente no libera a la mujer

• Es un error creer que una sociedad con libre expresión sexual configura la alternativa al velo y el burka

Shere Hite*
Una lucha se está librando en estos momentos en Irak y en otros países para generar un nuevo sistema de valores básicos y una nueva forma de llevar la sociedad y el Gobierno. ¿Dónde acabará situada la mujer después de todo este proceso?
Muchas mujeres --occidentales y orientales-- entienden que deberían tomar partido, bien a favor de las culturas tradicionales, bien aceptando los valores seculares globales de Occidente (donde está incluida la pornografía). Pero es poco afortunado suponer que hay que elegir entre estas dos opciones. Aunque la percepción es que la actual lucha internacional la libran la religión y la tradición, por un lado, y la sociedad secular occidental --incluso la cultura democrática--, por el otro, ésas no son las opciones a elegir.
¿Cuáles son, pues, los sistemas de valores que compiten y se ofrecen al pensamiento mundial? La sexualidad de la mujer parece ocupar un puesto central en la política global de hoy, aunque generalmente eso no se considere política de gobierno: a menudo los políticos hacen alguna referencia a la --humilde-- posición de la mujer en la familia y en la sociedad en Oriente Próximo, mientras las noticias en los medios occidentales nos muestran con frecuencia fotos de mujeres de aquellos países cubiertas de pies a cabeza con el burka o el velo islámico, ilustrando así la obligación que tienen de cubrirse el cuerpo fuera del hogar. El mensaje es: "La mujer goza de una mayor libertad en Occidente".
Así, se diría que la sexualidad femenina es el foco central de la confrontación mundial, puesto que el motivo por el que las mujeres se cubren es asegurarse de que nadie que no sean el marido o los parientes masculinos pueda ver sus atributos sexuales.

LA CONCLUSIÓN es que la guerra que se libra es entre las sociedades que tienen este sistema de valores y la nuestra, lo cual podría ser cierto. Pero últimamente hay un reconocimiento creciente del hecho de que el sistema que obliga a las mujeres a vestir el velo o el burka, forzándolas a quedarse en casa (sin poder trabajar), no es más religioso que el sistema occidental. Sin embargo, la existencia del sexo libre y la pornografía generan una notable confusión, ya que la sensación es que a la gente se le dice que una sociedad con libertad de expresión sexual configura la alternativa a la sociedad en la que las mujeres deben quedarse en casa. Pero esto sería como mezclar el tocino con la velocidad. Ahí se conjugan equivocadamente varios temas.
De hecho, la libertad sexual-pornografía no es la marca de una sociedad libre y democrática, aunque se trate de conceptos fáciles de retener, y las fotos pornográficas sean símbolos llamativos que circulan sin dificultad, normalmente en manos de aquellos que buscan hablar de la decadencia de Occidente y pretenden ilustrarla. Hoy defendemos los valores de nuestra sociedad en medio de una gran confusión.
No es la religión la que reprime a la mujer oriental y la coloca en una posición totalmente servil frente al conjunto hombre-Dios-sistema familiar, frente a la respetabilidad, etcétera, sino otra escala de valores elaborada por el hombre. Las mujeres tienen derecho a controlar su propio destino, incluyendo su propio sentido interior de la ética y de los valores, para recrear la moralidad y el estilo de gobierno sin que ni ellas ni los hombres se sientan oprimidos a causa de eso. Tienen derecho a crear algo nuevo.
En muchos países de Oriente Próximo, se puede ejecutar legalmente a una mujer por haber mantenido relaciones sexuales fuera del matrimonio, y eso como parte de una ley religiosa. Es conocido el caso de una madre (Amina Nawal), sentenciada en Nigeria a ser lapidada hasta la muerte bajo la estricta ley religiosa islámica (la sharia). Afortunadamente, después de una intensa campaña internacional, la sentencia que pesaba sobre Amina Nawal pudo ser conmutada y la mujer sigue viva, cuidando de su bebé ilegítimo.
Por contra, en los nuevos regímenes democráticos de Afganistán e Irak hay mujeres en el Gobierno. En el de Irak, una tercera parte de los ministros son mujeres --lo cual, en sí mismo, no implica ningún cambio automático de la legislación--, pero en realidad las mujeres como colectivo no controlan este tercio, y menos las que defienden sin miedo los derechos políticos de otras mujeres.
Me pregunto qué ocurrirá con todas ellas y con sus derechos en Irak y en Oriente Próximo ahora que las cosas están cambiando de manera tan drástica. La posición que las mujeres iraquís alcancen para sí mismas afectará a la de todas en toda la región y en todo el mundo. Desde aquí, mi saludo para ellas.

Traducción de Toni Tobella.

*Profesora de Sexología Clínica de la Universidad Maimónides de EEUU y autora de El informe Hite.
hite2000@hotmail.com

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