La semana pasada, en Washington, Condoleezza Rice definió a Venezuela
y a Irán como amenazas a la estabilidad regional y mundial, respectivamente. En
Caracas, esa misma semana, el líder del Parlamento iraní defendía el plan
nuclear de su país mientras discutía con las autoridades venezolanas la posible
visita del presidente Mahmud Ahmadinejah, a quien la secretaria de Estado
considera financista del terrorismo. El teniente coronel William Izarra, uno de
los arquitectos de la diplomacia activa con Teherán, afirmó en entrevista con
Página/12 que “la relación con Irán constituye un objetivo importante dentro de
la política exterior de la revolución bolivariana y entiendo que el presidente
Chávez no la dejará de lado por las presiones norteamericanas. Existe una amplia
agenda con países asiáticos en la que se contempla la cooperación nuclear con
Irán con fines pacíficos”. Considerado como uno de los ideólogos del proceso
venezolano, Izarra sostiene que la escalada de roces con Washington tiende a
ganar voltaje.
–¿Por qué Chávez no evita la guerra retórica con EE.UU.?
–Porque no es retórica. Usted se engaña si supone que estamos ante una guerra
de papel. Actualmente Venezuela representa un objetivo político para la
estrategia desestabilizadora de los EE.UU., que codician nuestras reservas de
petróleo y necesitan acabar de una vez con la Revolución Bolivariana para
impedir que su ejemplo cunda en la región. Pero si fracasa esa táctica de
inviabilizar nuestro proyecto político, Venezuela se convertirá en objetivo
militar prioritario, como parte del Plan Colombia.
–Los objetivos de ese plan son el combate al narcotráfico y la guerrilla
colombianos.
–El Plan Colombia no se ciñe sólo a las fronteras de ese país, es un plan
militar subregional, que en una fase futura puede incluir acciones violentas
contra el territorio venezolano y ocupación de zonas vitales. A mi entender, un
anticipo de esa probable “intervención directa” de EE.UU. quedó desbaratada
cuando una centena de paramilitares colombianos son detenidos en una finca
venezolana preparándose para acciones de sabotaje, que equivalen a “acciones de
intervención indirecta” de EE.UU. Es altamente probable que detrás de esa
incursión paramilitar estuviera la CIA.
–La “exportación” del Plan Colombia podría incluir al ejército
colombiano?
–En el medio o largo plazo es posible que haya confrontación militar entre
Colombia y Venezuela. Entre los escenarios que se analizan sobre los planes para
acabar con la revolución bolivariana no se descarta la guerra regional como una
forma indirecta de penetración del imperio. Yo diría que ése es el plan de
algunos generales colombianos, hay generales que por su formación ideológica no
toleran a Chávez ni a su influencia en la izquierda colombiana. Pero en el corto
plazo, lo real es que en la frontera hay paramilitares esperando la orden de
actuar de la CIA y sabemos que ya hay paramilitares dentro de Venezuela.
–¿Eso demuestra la vulnerabilidad venezolana?
–En cierta medida sí, nuestra principal fuerza no es militar sino política,
está en el extraordinario apoyo del pueblo a la revolución bolivariana.
–¿Ese argumento es suficiente ante un enemigo como EE.UU.?
–La fuerza militar de EE.UU. es poderosa para invadir territorios y aniquilar
gobiernos, pero no para doblegar la voluntad de un pueblo. No estoy hablando en
teoría, allí tiene usted el ejemplo actual de la resistencia del pueblo iraquí o
la victoria de Vietnam, liderado por Ho Chi Min, frente a franceses y
norteamericanos (décadas del ’50 al ’70). Ho Chi Min y otros teóricos de la
guerra popular como Mao Tse Tung nos enseñan cómo organizar una estrategia de
resistencia frente a una amenaza asimétrica que pudiera estar siendo elaborada
en Washington. Es pensando en ese escenario que en mayo de 2004 el presidente
lanzó el Plan de Defensa Integral de la Nación, en el cual estamos trabajando
actualmente para que la sociedad tome conciencia de que no sólo a los militares
les corresponde la defensa del territorio, de la independencia y la democracia
de nuestra nación.
–Los venezolanos parecen apoyar más a Chávez que a la revolución.
–Hay muchos venezolanos que apoyan la revolución porque la sienten, pero no
porque sean conscientes, no hay una consistencia ideológica. Debemos crear una
red ideológica que difunda y profundice las ideas de la revolución para que
rompamos por fin con la herencia de la IV República y la ideología de la
democracia representativa y se hagan carne los cambios radicales de la V
República, la democracia directa, el poder popular que acaba con el Estado
clientelista actual y pasa a definir el rumbo a través de cabildos abiertos,
gobiernos comunitarios y contraloría social del Estado.
–¿Hay corrupción en el actual gobierno?
–No diría en el gobierno, diría en sectores del Estado que aún cargan los
vicios del antiguo régimen. También hay organismos de seguridad que no cumplen
con la ley, hay denuncias formales sobre torturas de los servicios de
inteligencia venezolanos contra disidentes políticos. Son denuncias del año
pasado. Claro que el presidente no autorizó ni sabía nada de lo que estaba
ocurriendo sin su autorización.
–¿Qué rentabilidad estratégica puede traer el gasoducto sudamericano, con un
costo estimado en 20.000 millones de dólares?
–En los próximos 20 años el petróleo seguirá siendo una fuente de energía
insustituible, por eso los estudios de factibilidad del gasoducto no deben tomar
sólo en cuenta lo económico. Debe ser analizado su significado geopolítico.
Entiendo que además de fortalecer nuestra integración energética sería una
contribución para impedir que la Amazonia se convierta en un protectorado
internacional, digitado por el imperio bajo pretextos ecológicos y de
seguridad.
—¿Es cierto que los militares bolivarianos han iniciado contactos informales
con sus colegas de la región?
–No puedo responderle categóricamente, no tengo información al respecto. De
todas formas supongo que es natural que haya un acercamiento con los camaradas
de armas de los países hermanos. Creo que debemos trabajar para lograr una
integración de Defensa sin la injerencia de los Estados Unidos. Debe ponerse
manos a la obra para que haya una especie de Tratado Interamericano de
Asistencia Recíproca de los años ‘50 pero ahora con otra orientación, donde la
premisa de la guerra fría sea superada por la de la soberanía regional ante el
imperio; donde se parta de una alianza de los seis gobiernos progresistas de la
actualidad: Cuba, Venezuela, Brasil, Bolivia, Argentina y Uruguay, formando un
eje que debería contrabalancear al eje del Pacifico, donde están Colombia,
Ecuador, Perú y Chile, que se inclinan hacia los Estados Unidos y el
ALCA.