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24 de febrero de 2006
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Brecha
de Uruguay - 24 de febrero de 2006
Los Humala
Una lectura sobre el “chavismo a la peruana”
Ollanta Humala, luego de su levantamiento contra
Alberto Fujimori, entró en la política electoral propagandeado
por su hermano Antauro, quien organizó a los reservistas que
vendían su periódico “Ollanta”, muy bien confeccionado para
lectura popular y con un perfil antisistema.
Hugo Blanco*
En su
prédica Humala reivindicó al movimiento indígena. Eso atrajo a
la gente pobre que está harta del sistema. Por lo tanto la
corriente “humalista” tiene mucho de positivo. Los Humala
se llaman apropiadamente “etnocaceristas”. ¿Qué es eso? Es la
reivindicación de Andrés Avelino Cáceres, que dirigió las
guerrillas indígenas de resistencia contra las tropas
invasoras chilenas y los abusos que ellas cometían (1879).
Naturalmente que aplaudimos esa actitud. Pero ahí no
termina la historia. Cuando los guerrilleros indígenas
continuaron su lucha contra sus enemigos peruanos, los
hacendados, Cáceres los traicionó. Eso le dije a Antauro, él
me contestó textualmente: “No sólo los traicionó, los hizo
fusilar”. Le pregunté si sabía que durante el gobierno de
Cáceres los hacendados disfrutaron muy bien. Me dijo que sí,
porque “todavía no era tiempo de luchar contra ellos”. En
mi opinión, desde el asesinato de Atawallpa ya era tiempo de
luchar contra los invasores y sus herederos, como lo hicieron
Tupac Amaru I, Manco Inca, Juan Santos Atawallpa, Tupac Amaru
II. Esas rebeliones fueron correctas aunque no hayan sido
exitosas. El triunfo contra los hacendados con la
recuperación de la tierra fue logrado en forma pacífica por
nuestra lucha indígena de los años 1958 en adelante,
iniciándose en la zona semitropical del Cusco. Esa reforma
agraria democrática y pacífica fue respondida por la agresión
represiva armada, ante ello decidimos democráticamente
practicar la autodefensa, también armada, para defender lo
conquistado al grito de “¡Tierra o muerte!”. Aunque el
gobierno militar logró disolvernos, comprendió que si el
campesinado indígena había resistido en forma armada a los
inicios de la represión, la zona se iba a incendiar si le
arrebataban la tierra obligándolo a trabajar nuevamente para
las haciendas en forma gratuita, lo que ya no hacían durante
meses; para evitar ese levantamiento sacaron una ley de
reforma agraria, legalizando con ello lo que el campesinado
había hecho. Luego, en varios lugares del Perú se
produjeron tomas de tierra de las haciendas por parte del
campesinado; esto fue contestado a balazos por el gobierno de
Fernando Belaúnde. A pesar de los muertos las tomas de tierra
continuaron. Ante este panorama los militares comprendieron
que el Perú se iba a incendiar si el gobierno continuaba
defendiendo a balazos el régimen semifeudal de las haciendas.
Por lo tanto decidieron tomar ellos el poder y extender a todo
el Perú lo que habían hecho en la zona semitropical del Cusco.
Entró Velasco Alvarado (1968-1975) y decretó la ley de reforma
agraria para todo el país. Naturalmente nos parece positiva
la liquidación del latifundio, sin embargo debemos señalar los
aspectos con los que no concordó el movimiento campesino. A
diferencia de la reforma agraria hecha por el campesinado en
una zona del Cusco que se hizo en forma democrática, la
reforma de Velasco se hizo al estilo militar, verticalmente.
Esto trajo muy malas consecuencias: • Se programó un
calendario que el campesinado no aceptó, por eso se dieron
acciones campesinas que fueron violentamente reprimidas como
en Andahuaylas. En Huanta se produjo una masacre inmortalizada
por la canción “Flor de retama”. • No se respetó la cultura
indígena del ayllu o comunidad campesina y en muchas zonas en
lugar de devolver la tierra usurpada a los ayllus se
fabricaron gigantescas cooperativas superburocratizadas que
beneficiaron sólo a un puñado de funcionarios. El campesino
comunero indígena se levantó y a pesar de la represión
recuperó la tierra para las comunidades. • Haciendas de la
costa fueron parceladas dejando los pozos de agua en manos de
algunos privilegiados y a la mayoría de los parceleros sin
agua. Considero positiva la liquidación de las haciendas
por Velasco, pero junto con el movimiento campesino, he
luchado contra sus limitaciones. Me he extendido en esto al
tratar sobre Humala porque ellos no reivindican al movimiento
indígena democrático y de acción directa, como el del Cusco,
las tomas de las haciendas en la época de Belaúnde o el
movimiento comunero que recuperó las tierras de las falsas
cooperativas creadas por Velasco. Sus emblemas son Cáceres
y Velasco, dos militares que dirigieron a los indígenas y
cuando ellos querían aplicar su democracia indígena,
contestaban baleándolos. El comandante dirige a los indios,
y cuando éstos se pasan de la raya, los fusila. Por eso no
debe extrañarnos que en el partido de Humala se desconozcan
los dirigentes o los candidatos elegidos por las bases
democráticamente, no se permite que manden las bases, manda
“el comandante”. Hay coherencia en el
etnocacerismo. Nosotros estamos por el movimiento indígena
democrático, donde el movimiento no es guiado por ningún
comandante ni caudillo, sino por sí mismo. Reivindicamos la
lucha de los guerrilleros contra las haciendas, traicionados y
fusilados por Cáceres. Reivindicamos la reforma agraria hecha
por el propio campesinado en el Cusco. Reivindicamos las tomas
de tierras de la época de Belaúnde. Reivindicamos a los
comuneros que en Puno recuperaron la tierra de las
cooperativas fabricadas por Velasco. Reivindicamos al
movimiento indígena de Anta que maneja directamente su
municipio. No nos extraña que cuando un candidato de la
derecha pidió la amnistía para los militares masacradores de
gran parte de los 70 mil indígenas asesinados durante la
guerra interna, Ollanta Humala se indignó, pero no por el
pedido de amnistía para los asesinos, sino porque no debía ser
tratado en forma electorera ese “asunto tan delicado para la
familia militar”. Puestos en una balanza los miles de
indígenas muertos, frente a sus asesinos de la “familia
militar”, él está con la “familia militar”. Si no es así,
que declare públicamente que está contra la amnistía a los
masacradores. * Ex guerrillero y militante trotskista, ex
diputado. Durante largos años estuvo retirado de la vida
política.
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