| Latinoamérica - rodelu.net |
25 de febrero de 2006
|
Brecha
de Uruguay - 24 de febrero de 2006
El tábano del poder
Frei Betto rompe el silencio
Carlos Alberto Libânio Christo, frei Betto, participa
activamente en la política brasileña en los últimos 40 años.
Acaba de lanzar su libro número 43, en el que hace una
reflexión crítica del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.
En entrevista exclusiva para BRECHA retrata una evaluación
crítica de su participación como asesor especial del
presidente.
Mário Augusto Jakobskind desde Rio de Janeiro
Es uno de los más destacados
activistas en favor de las luchas populares: comenzó su
andadura militante en el movimiento estudiantil de los sesenta
en grupos católicos que luchaban contra la dictadura instalada
en abril de 1964 que derribó al presidente João Goulart; pasó
cuatro años en prisión y a fines de los años setenta se acercó
al líder sindical Luiz Inácio Lula da Silva, de quien se
convirtió en amigo y compadre, colaborando en la fundación del
Partido de los Trabajadores (PT). Con la elección de Lula,
frei Betto pasó a ejercer como asesor especial del presidente
y como coordinador de movilización social del programa Hambre
Cero. Después de 687 días decidió abandonar el cargo, a fines
de 2004, por discrepar con la política económica del actual
gobierno, “más favorable al gran capital y poco sintonizado
con la deuda social que, en Brasil, es enorme”. Periodista
y escritor consagrado, el fraile dominico escribe casi
diariamente para varios periódicos brasileños, y acaba de
editar Mosca azul, una reflexión sobre el gobierno de Lula y
el comportamiento político del núcleo dirigente del PT.
Básicamente, frei Betto discrepa con la posición actual del
partido que contribuyó a fundar, hace 26 años, porque la
cúpula dejó en segundo plano los ideales que llevaron al PT a
convertirse en el mayor partido político de la izquierda de
América Latina. En esta entrevista frei Betto muestra que,
a pesar de los pesares, el PT aún tiene condiciones para
cambiar, o sea para superar la práctica política oportunista
que en su opinión ha llevado adelante el llamado Campo
Mayoritario, y retornar a sus orígenes para continuar siendo
“el canal de las transformaciones sociales y la expresión
político-partidaria de las aspiraciones de los más pobres”.
Envió “un cariñoso abrazo a ese pueblo [uruguayo] tan
combatiente y querido”, y explicó por qué votará nuevamente a
Lula, ya que espera que “el PT no repita la película que
terminó en tragedia ética”. —¿Cuál es el significado de
Mosca azul? —Mosca azul trata del poder, la mayor de las
tentaciones humanas. Recorro los clásicos: Platón,
Aristóteles, Maquiavelo, Montaigne, Hanna Arendt, Robert
Michels. Intento diagnosticar el proceso histórico que llevó
al PT al gobierno de Brasil y las causas de su involucramiento
en procesos antiéticos. Analizo la crisis de la izquierda
brasileña, su tendencia a cambiar un proyecto de nación por un
proyecto electoral, y enfatizo en la importancia de gobernar
en sintonía con los movimientos populares, condición de una
democracia real. —Durante 687 días usted participó en el
gobierno de Lula como asesor especial de la Presidencia y
decidió abandonar el cargo. ¿Qué sucedió? —Dejé el gobierno
para retomar mi actividad literaria. La mosca azul no me picó.
Y también por discrepar con la política económica, más
favorable al gran capital y poco sintonizada con la deuda
social que, en Brasil, es enorme. —Si el gobierno cambiara
su rumbo, decidiendo cumplir al menos una parte de las
promesas de la campaña electoral, ¿volvería a ocupar el cargo
al que renunció? —El gobierno de Lula hace una política
externa soberana e independiente; políticas sociales avanzadas
como Hambre Cero, Bolsa Familia, el microcrédito, la
valorización de la agricultura familiar; una importante
reforma educativa, etcétera. Por lo tanto cumple en parte lo
que prometió en la campaña. Faltan las reformas agraria,
política, tributaria y laboral. Y la reforma previsional no me
agrada, porque es onerosa para los jubilados. Aunque fuera el
gobierno de mis sueños jamás volvería. Dos años en el poder
público fueron suficientes para constatar que aquel no es mi
lugar. Prefiero actuar en la base, junto a los movimientos
populares. —El PT ha cumplido 26 años. Hubo una fiesta en
la que Lula, según la prensa, prácticamente perdonó a todos
los que cometieron deslices y fueron objeto de denuncias de
corrupción. ¿Qué piensa de eso? —Creo que el PT aún le debe
al país una investigación rigurosa de todo lo que sucedió. La
cuestión no es inculpar personas sino investigar
responsabilidades. —¿Cree que el PT terminó, como partido
transformador de la realidad brasileña, o aún tiene chances de
rescatar las banderas que lo convirtieron en el mayor partido
de la izquierda de América Latina? —Una de las tendencias
del PT, el Campo Mayoritario –que ahora no es más hegemónica
en la dirección del partido– se dejó picar por la mosca azul.
Es lo que analizo en mi libro. Pero el PT es mucho más que esa
corriente. Tiene 860 mil afiliados. Creo que el PT puede
recuperarse, porque jamás sobrevivirá como un partido
socialdemócrata. Si no es el canal de las transformaciones
sociales y la expresión político-partidaria de los más pobres,
el PT no tendrá futuro, o quedará como el ptb (partido
laborista liderado por Leonel Brizola), un partido de
alquiler, completamente desfigurado de sus orígenes políticos
e históricos. —Se aproxima una elección presidencial y una
campaña con características salvajes, o sea con acusaciones
mutuas entre el PT y el PSDB/pfl, con parte de la opinión
pública encontrando que ambos tienen razón. Usted ha dicho que
va a votar por Lula, pero ¿va a participar en la campaña por
la reelección de Lula, aun si repite las alianzas con partidos
conservadores y de derecha? —Votaré a Lula, pero espero que
su campaña presente un proyecto consistente de cambios
sociales y, sobre todo, una política económica vinculada a las
demandas sociales y no a la inversa. En Mosca azul analizo
cómo los partidos que hacen alianzas espurias acaban siendo
víctimas de sus adversarios históricos que se muestran como
compañeros ocasionales. Espero que el PT no repita la película
que terminó en tragedia ética. —¿Cree que las
transformaciones que Brasil necesita para mejorar las
condiciones de vida de la gente pasan sólo por la vía
institucional? —También abordo ese tema en el libro. No hay
condiciones para cambios por vías no institucionales. Pero
tampoco habrá avances sin el fortalecimiento del movimiento,
de la sociedad civil organizada. Un poder necesita siempre la
contraposición de otro poder, porque en caso contrario comete
abusos y desvíos. Es ese poder popular el objeto de mi libro y
el sujeto de la democracia real. —¿Cree que un eventual
segundo mandato de Lula tendrá condiciones para cumplir las
promesas de la campaña, desvinculándose del capital financiero
y realizando una política económica con otros moldes que la
actual? —Va a depender de la presión de los movimientos
sociales. El gobierno sólo responde a las presiones. Si el
gobierno se mantiene desvinculado de sus bases populares, es
posible que se repita esa contradicción de un programa social
avanzado contenido por una política económica conservadora,
para la cual la responsabilidad fiscal no debe tener como
contrapartida la responsabilidad social. —Algunos analistas
han dicho que el gobierno de Lula estaría viviendo una gran
contradicción entre su política exterior y la interior, pero
que en algún momento el gobierno deberá optar. —Las
contradicciones son muchas, como ocurrió con François
Mitterrand en Francia y, a mi modo de ver, ocurrirá con
Michele Bachelet en Chile. Hoy los partidos socialdemócratas
como el PSDB son de hecho conservadores, retrógrados, y los de
izquierda, como el PT, el PCB, son socialdemócratas. De
izquierda son Fidel Castro, Hugo Chávez y, espero, Evo
Morales. Tabaré Vázquez y Lula caminan sobre el filo de la
navaja. —Usted está acompañando los acontecimientos en
América Latina, la elección de Morales, el avance de la
revolución bolivariana, los avances de los movimientos
populares en Ecuador, Perú y Nicaragua, entre otros, y la
moderación de ciertos gobiernos como en Uruguay. ¿Cómo analiza
el cuadro actual en el continente? —Hoy el Norte es el Sur.
Es aquí en América Latina donde la democracia está dando un
salto de calidad. Fatigado con el neoliberalismo, el
electorado vota gobiernos populares, que la derecha
caracteriza como populistas. Es claro que la coyuntura no
siempre permite que lo deseable se torne posible. Pero creo
que hay avances considerables, como el rescate del MERCOSUR y
el entendimiento entre los gobiernos de la región. El desafío
es que el movimiento social aumente su poder para forzar a los
gobiernos populares a ser coherentes con sus programas de
campaña.
|