os
años en el poder público fueron suficientes para constatar que aquel no
es mi lugar. Prefiero actuar en la base, junto a los movimientos populares", es
la conclusión del fraile dominico Frei Betto, después de ejercer durante 687
días como asesor especial del presidente Lula y como coordinador de movilización
social del programa Hambre Cero. A fines de 2004 decidió abandonar el cargo, por
discrepar con la política económica del actual gobierno.
Mosca azul, el libro que acaba de lanzar, es una reflexión sobre el
poder, al que considera "la mayor de las tentaciones humanas". En entrevista
publicada por Jornal do Brasil (22 de febrero), Betto sostiene que "la
picada de la mosca azul inoculó al Partido de los Trabajadores el veneno que
representa el cambio de un proyecto de nación por un proyecto de elección". Cree
que el PT (partido que contribuyó a fundar hace 26 años) se convirtió en un mero
instrumento de acceso al poder, dejando de lado la organización de los
trabajadores y los excluidos. Con ello "la permanencia en el poder pasó a tener
mayor importancia que el vínculo orgánico con el movimiento social".
Betto sostiene que los partidos que "hacen alianzas espurias acaban siendo
víctimas de sus adversarios históricos que se muestran como compañeros
ocasionales". Esa sería, en su opinión, una de las razones de la debacle moral
del Campo Mayoritario, el sector que condujo, hasta las últimas elecciones
internas de octubre, los destinos del partido desde comienzos de la década de
1990. No quiere personalizar sus acusaciones sino, como se empeña en repetir,
entender las razones que condujeron a un sector importante a caer en los mismos
vicios que criticaba.
El tema central del libro es "cómo evitar el veneno de la mosca azul e
injertar valores en la estructura de poder". Confiesa que no tiene respuestas a
las preguntas más acuciantes: "¿Por qué en el poder las personas tienden a
despersonalizarse, prefiriendo encarnar más la función que ocupan que las
personas que de hecho son? ¿Qué enfermedad es esa que lleva a las personas a
quedar embelesadas con el poder, en una tendencia de autodivinización por ocupar
una instancia de poder?" Todo su esfuerzo lo dedica a hacer una etiología de esa
patología, buscando eludir la personalización y dejando rigurosamente fuera a su
amigo Lula.
Betto sostiene que el PT puede cambiar, ya que es mucho más que la camada de
dirigentes acusados de corrupción. Sostiene que volverá a votar por Lula, pero
ahora lo hace por una cuestión de pragmatismo: "Entre los candidatos que se
presentan me quedo con aquel que, como mínimo, no ha criminalizado a los
movimientos sociales ni ha intentado cooptarlos". Pese a ello, recuerda en la
misma entrevista que su apoyo a Lula es crítico, y su horizonte consiste "en el
fortalecimiento de los movimientos sociales".
Pese a su sólido y prolongado compromiso con los movimientos populares de
Brasil, muy en particular con los Sin Tierra, Frei Betto sostiene en otra
entrevista (Brecha, 24 de febrero) que "no hay condiciones para cambios
por vías no institucionales". De ahí su opción por participar de lleno en el
gobierno de Lula, incluyendo un indeseado traslado de residencia a Brasilia,
donde estaba su oficina. Cree que una de las razones que alientan la corrupción
en Brasil es la falta de una profunda reforma política, uno de los principales
errores del gobierno de Lula, "que favorece el clientelismo, la corrupción y la
caja dos", en alusión a la doble contabilidad que manejan todos los partidos del
país para encubrir los ingresos espurios.
Quizá una de las reflexiones más interesantes de Betto consiste en la
necesidad de que un contrapoder vigile y controle al poder estatal, como forma
de evitar abusos. Una parte sustancial de su libro, aún no traducido al español,
consiste en analizar "cómo se comporta el poder cuando no interacciona con otro
poder, que es la movilización de los movimientos populares". En esos casos,
sostiene, se cae en un cierto absolutismo que favorece la corrupción. El libro
número 43 de Frei Betto está dedicado a lo que considera como el reaseguro de la
izquierda política, "ese poder popular que es el sujeto de la democracia real".
El fraile dominico queda entonces en una doble apuesta que parece consistir en
combinar la actuación institucional con las acciones de base de los movimientos,
que podrían -deberían- alimentarse mutuamente.
Sin embargo, profundizando en su pensamiento se adivina cierto escpeticismo
frente a la lógica estatal e institucional, incluso la partidaria. Quizá se
trata de una radicalización hacia la política plebeya, como consecuencia de su
paso por el poder: sostiene que el PT debe ser apenas "el canal de las
transformaciones sociales y la expresión político-partidaria de las aspiraciones
de los más pobres". En los hechos, no concibe a los partidos como sujetos de los
cambios sino sólo como la forma de canalizar la lucha de los movimientos.
En otros momentos, como en su respuesta final a Jornal do Brasil
acerca de su actitud ante la próxima campaña electoral, fue tajante: "No
creo en los cambios de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba. Aprendí
en Planalto (sede del gobierno) que un gobierno sólo funciona bajo presión. Para
perseguir ese objetivo es mejor Lula que cualquier otro. La presión sobre el
gobierno de Lula es mucho más viable que bajo un gobierno tucano (del PSDB de
Fernando Henrique Cardoso), que trató a los movimientos populares como cuestión
policial".
Ahora que el gobierno petista parece estar saliendo del atolladero que fue el
año 2005, y cuando todas las encuestas predicen un fuerte crecimiento de la
candidatura de Lula para la relección en octubre, voces como la de Frei Betto
parecen más necesarias que nunca. Si a pesar de las serias denuncias sobre
corrupción y al continuismo con el modelo neoliberal Lula volviera a ganar la
presidencia por otros cuatro años, la "tentación del poder" puede ser una trampa
mortal. Una ética basada en el compromiso con los movimientos de los de abajo
puede ser una inyección de moral para una izquierda que la necesita como el pan.