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un solo día, el 27 de febrero
de 1976, el Sahara Occidental logró su independencia de España, en su
territorio se fundó la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) y
Marruecos y Mauritania le declararon la guerra. Treinta años después, el
pueblo saharaui "pueblo árabe, africano y musulmán", según el primer
párrafo de su Constitución, y el único estado arábigo de habla
hispana vive dividido entre un franja del propio territorio liberado
tras la invasión y derrota de Mauritania, y alrededor de 25 campamentos de
refugiados en la zona más inhóspita del Sahara argelino la
hamada y el territorio invadido por la monarquía marroquí.
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Hasta hoy, la RASD ha sido reconocida por 80 países de cuatro
continentes, el primero de ellos Madagascar, que estableció relaciones
diplomáticas el 28 de febrero de 1976, posteriormente Ruanda, Argelia,
Angola, Mozambique, Seychelles y México que, gracias a la actuación del
entonces embajador en Argelia, Óscar González, dio su respaldo irrestricto
al derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, mientras que los
últimos reconocimientos provienen de Sudáfrica, Kenia, Uruguay y Ecuador.
No obstante, todavía el 1 de febrero de 2006, el reino de Marruecos
llamaba la atención al secretario general de las Naciones Unidas, Kofi
Annan, sobre la "injerencia extranjera" que reconoce "una pseudo-república
del Sahara".
Un largo "muro de seguridad" internacionalmente conocido como el
Muro de la Vergüenza separa desde 1988 el territorio invadido de la
zona liberada por el Frente Polisario, la organización político-militar
que se fundó en 1973 con el fin de lograr la independencia de España y
que, en 1979, firmó un acuerdo de paz con Mauritania. Según Marruecos, ese
muro no representa una división territorial ni legitima la existencia de
un territorio liberado, es tan sólo un resguardo, una barrera que
garantiza el alto al fuego que el Polisario estableció por mediación de
las Naciones Unidas.
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Para España, el Sahara es un tema contencioso entre Madrid y Rabat, que
se junta al de Ceuta y Melilla; y es también un punto de contacto entre su
política internacional y nacional, dado el enorme respaldo popular que
tienen los saharauis entre los españoles. Para Francia, el Sahara
Occidental es una zona de tradición colonial no francesa que rompe el
monopolio de su injerencia en el norte de África, de ahí que de forma
permanente haya respaldado las pretensiones colonialistas marroquíes. Para
Marruecos, el Sahara Occidental es una fuente de materias primas
excepcional, amén de que le es indispensable someterlo por motivos de
estabilidad interna, pues para su población dominada por una monarquía
despótica es un recordatorio constante de la posibilidad de un gobierno
democrático y musulmán, donde la violencia contra las mujeres es castigada
con el repudio social. Para la Organización de Naciones Unidas, es un
territorio cuyas reivindicaciones de independencia han sido examinadas
tanto por la Asamblea Nacional, en razón de ser un asunto de
descolonización, como por el Consejo de Seguridad, por tratarse de una
cuestión de paz y seguridad. En julio de 2005, Kofi Annan nombró a Peter
van Walsum como nuevo enviado especial para el Sahara Occidental, pero la
ONU no ha logrado sacar del estancamiento la situación de esa república
árabe hispanoparlante, que Marruecos considera su provincia del sur. Para
la Unidad Africana la posición estaba clara desde su inicio y por ello
reconoce a la RASD como miembro de pleno derecho desde 1985.
La riqueza en fosfatos de la región de Bu Craa, en bancos de pesca en
las aguas atlánticas frente a las Islas Canarias, y en petróleo en la
frontera con Argelia son la motivación principal de la acción marroquí.
Desde 1962, a nivel internacional se reconoce la "soberanía permanente
sobre los recursos naturales", entendido como el derecho de los pueblos y
las naciones a usar los recursos naturales en sus territorios, pero
todavía hoy no son claros su alcance y consecuencias jurídicas exactas. En
particular no se sabe si el principio de la soberanía permanente prohíbe
toda actividad relacionada con los recursos naturales que pueda emprender
una potencia administradora. De ahí que Marruecos presione el
reconocimiento del Sahara como una parte de su territorio nacional y
dificulte todo proceso de censo, voto y participación de los saharauis a
favor de su autodeterminación.
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Amnistía Internacional y otras organizaciones de derechos humanos han
denunciado en múltiples ocasiones los tratos inhumanos y degradantes que
las autoridades marroquíes dispensan a los saharauis. Marruecos no sólo
bombardeó con napalm y fósforo blanco a las caravanas de mujeres, infantes
y ancianos que se dirigían a las zonas de asilo proporcionadas por Argelia
en 1976, así como los campamentos de refugiados de Um Drega, Tifariti,
Amgala, El Maltani y Gelta Zemur, sino que en los territorios invadidos
sigue reprimiendo manifestaciones, encarcelando a los activistas de
derechos humanos, torturando a los representantes políticos y jurídicos
saharauis, a quienes también prohíbe salir de Marruecos para representar a
nivel internacional a su pueblo. Las condiciones de vida de los presos en
la "cárcel negra" de El Aaiun han dado prueba de la voluntad marroquí de
no reconocer derecho alguno a las y los saharauis.
Las preguntas obligadas a estas alturas son ¿por qué ningún país
europeo ha reconocido la RASD a pesar de la existencia del grupo "paz para
el pueblo saharaui" en el Parlamento Europeo? ¿Por qué no intervienen
jurídicamente contra la ocupación militar del Sahara Occidental por parte
de Marruecos, a pesar de que existan decenas de resoluciones del
Parlamento Europeo que defienden el derecho del pueblo saharaui a la
autodeterminación y envían anualmente apoyo humanitario a los campamentos
de refugiados?
El 16 de octubre de 1975, la Corte Internacional de Justicia informaba
a la Asamblea General de la ONU que no existía soberanía territorial
alguna de Marruecos y Mauritania sobre el territorio del Sahara
Occidental, sólo vínculos históricos y culturales. Asimismo, afirmaba que
"en tiempos de la colonización de España" (1884) éste no era "tierra de
nadie", pues estaba habitado por un pueblo nómada, organizado social y
políticamente bajo jefes competentes. En noviembre del mismo año, España,
Marruecos y Mauritania emitieron una declaración sobre el Sahara
Occidental, el "Acuerdo de Madrid", según la cual las responsabilidades de
España como "potencia administradora" del territorio se transferían a una
administración temporal tripartita, que no afectaba su condición
internacional de "territorio no autónomo". Este acuerdo no fue presentado
a las cortes españolas ni publicado en su Boletín Oficial. En 1976 España
se retiró de esa administración sin un claro reconocimiento del gobierno
saharaui independiente. Mauritania, que junto con Marruecos atacó
inmediatamente después a la RASD, en 1979 firmó la paz con ella y en 1984
la reconoció oficialmente.
Marruecos se declara hoy " única potencia administrativa del Sahara
Occidental". Entre 1990 y 2000 manipuló a las organizaciones
internacionales, fingiendo aceptar el referéndum con que los saharauis
elegirían entre la independencia o la integración a Marruecos. En
realidad, imponía impedimentos tales como no permitir que el referéndum se
efectuara en las zonas donde viven los saharauis, sino sólo en la que ese
reino ocupa. Hoy reconoce que las Naciones Unidas están involucradas en
una negociación, pero denuncia que todas las acciones tendientes a mejorar
las condiciones de vida de los habitantes del Sahara son un reconocimiento
"de hecho" de la RASD en lo que Marruecos llama la "zona cojín" allende el
muro.