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esfuerzo de Israel y del imperialismo de reducir al Estado nacional
palestino al carácter de simple colonia, de bantustán donde rige el
apartheid, forma parte del mismo proyecto que lleva a tratar de someter a
Siria y a extender la ocupación de Irak mediante una agresión contra Irán. Dicho
ataque está planificado y organizado desde hace rato y la ocasión de su
desencadenamiento depende simplemente de las elecciones en Israel (para lo cual
el gobierno de ese país mantiene en vida de modo obsceno a Ariel Sharon, para
dar continuidad política al nuevo mando) y, también, de las elecciones
legislativas de septiembre en Estados Unidos, cuando la pésima situación
económica, el enorme déficit en la balanza de pagos y en los gastos
presupuestarios, y el debilitamiento de la hegemonía a escala mundial, podrían
obligar a evaluar bien la posibilidad de extender la "guerra preventiva larga"
decretada por George W. Bush.
Es evidente que Israel, armado hasta los dientes con armas atómicas, amenaza
a un Irán que no posee dicho armamento, como ha comprobado la ONU. También que
la seguridad de Irán está puesta en cuestión, desde sus fronteras mismas, por
los ocupantes de Irak que amenazan a Teherán nada menos que con bombardear el
país con armas atómicas tácticas (ya que no tienen los medios para arriesgar
otros 300 mil soldados en otra ocupación y para enfrentar una resistencia aún
mayor que la de Irak). Las amenazas de potencias nucleares como Estados Unidos,
Francia y el Reino Unido contra un país casi desarmado son, por tanto, tan
hipócritas como las que abrieron el camino a la invasión de Irak.
Igualmente hipócritas son los reclamos a los palestinos por la presencia de
Hamas en la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Recordemos: Hamas fue estimulado
y prácticamente creado por los servicios israelíes y por el gobierno saudita
para debilitar a los partidos laicos nacionalistas o marxistizantes (Al Fatah,
Frente Popular de Liberación Palestino, Frente Democrático Popular por la
Liberación de Palestina y otras organizaciones, ligadas a Siria o a Irak).
Entonces, para los fascistas de Tel Aviv Yasser Arafat era terrorista. Después
lo fue también el ultramoderado Abu Mazen. Y ahora el pretexto es que Hamas (que
fue su hechura pero escapó de sus manos) forma parte del gobierno.
Los hechos son otros: el país sigue ocupado, invadido, y continúa siendo
víctima de un terrorismo de Estado salvaje que todos los días destruye vidas y
viviendas. El agua sigue en manos de Israel y el territorio ha sido subdividido
militarmente. La construcción de colonias judías en territorios ocupados está en
el orden del día, y en las elecciones Israel sólo permitió en Jerusalén que
votasen 6 mil 300 palestinos sobre 110 mil con derecho a voto y, por supuesto,
no permitió el sufragio de los millones de palestinos refugiados. Cínicamente,
el imperialismo habla refiriéndose a las zonas ocupadas de "territorios en
disputa", califica a las colonias fascistas y racistas judías de
"asentamientos", y dice que el muro de la infamia que la ONU ha ordenado
derribar, Israel lo habría construido "para su seguridad nacional".
El propio Sharon, criminal de guerra en Líbano, carnicero de Sabra y Chatila,
provocador de la última intifada con su incursión armada en el territorio
de la mezquita más sagrada del Islam, sería ahora un "hombre de paz".
El triunfo de Hamas se debe a que Sharon impidió vivir a la ANP y le quitó
credibilidad y prestigio, y no tanto a la corrupción en aquélla, aunque es real.
El triunfo de Hamas se debe a que administró bien las municipalidades que dirige
y, además, mantuvo la lucha armada contra el ocupante respondiendo al terrorismo
de Estado con el terrorismo de los desesperados. Si el fundamentalismo islámico
crece en el país más laico del mundo árabe, es como respuesta al fundamentalismo
de los cruzados sionistas e imperialistas y su terrorismo cotidiano.
Un pueblo ofendido, humillado cotidianamente, agredido todos los días,
ocupado y despojado de su territorio y de sus bienes, ha optado por seguir
luchando. Hamas recoge esa voluntad, aunque la expresa deformadamente, pues es
un partido de orden aunque con bombas y armas. Además, si Israel bombardease
Irán, no solamente crecería Hamas y, desgraciadamente, también el terrorismo de
los desesperados, sino que recrudecería en Líbano el de Hezbollah y el de los
grupos prosirios, porque ese acto equivaldría a prender fuego a todo el Medio
Oriente, y la agresión a Irán obligaría a perpetuar sine die la ocupación
de Irak y la resistencia popular, a la que se agregarían los chiítas y, por
supuesto, a "limpiar" la retaguardia reocupando Palestina y reduciendo a Siria,
a la que Estados Unidos acusa cotidianamente de ser cuna de terroristas y de
desestabilizar a Líbano (que Israel invade y bombardea a cada rato sin que
Washington diga nada).
No es posible ver lo que está pasando en Palestina y la preparación de la
agresión a Irán como algo ajeno a la situación mexicana, algo que "no hay que
ver". Si el petróleo, como consecuencia de esa guerra en Medio Oriente, llegase
a costar cien dólares el barril, ¿quién asegura la independencia de México o de
Venezuela o, al menos, la propiedad mexicana o venezolana de sus recursos
energéticos? ¿Y qué pasaría con la economía mundial y mexicana si Estados Unidos
entrase en recesión? Esta es la hora de la protesta mundial.
galmeyra@jornada.com.mx