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5 de marzo de 2006

Brecha de Uruguay - 3 de marzo de 2006

Mapa de la semana

Irán e Irak: Crisis paralelas

Las conversaciones entre Moscú y Teherán para enriquecer uranio en territorio ruso buscaron destrabar el conflicto por el programa nuclear iraní, que este lunes será el centro de la Conferencia de la Agencia Internacional de Energía Atómica. También en el golfo Pérsico, pero en Irak, continuaron los enfrentamientos entre sunitas y chiitas. En Nigeria la lucha entre cristianos y musulmanes ya causó más de 150 muertos.

Roberto López Belloso
Las crisis de Irán y de Irak transcurrieron de manera paralela esta semana. Una tiene el eje en el probable fortalecimiento militar de un Estado islámico, Irán, que modificaría la correlación de fuerzas en el golfo Pérsico. La otra está centrada en el potencial desmembramiento de otro Estado de mayoría musulmana que también podría ocasionar cambios en la región, llegando incluso a la partición del país. Algunos analistas, sin embargo, las ven como convergentes. El punto en el que podrían llegar a tocarse es la hipótesis de que una guerra civil en Irak podría actuar como un contrapeso al fortalecimiento que ha venido experimentando Irán como potencia regional.
Como es sabido, las potencias medianas o regionales son un factor importante de estabilidad si sus conducciones políticas están comprometidas con el multilateralismo. Es el caso de Brasil en América del Sur, de India en Asia y de Sudáfrica en el África Meridional. Sin embargo, el rol que pueda tener Irán como potencia regional sería diferente. Los países antes mencionados tienen con la potencia hegemónica –Estados Unidos– una relación de “paz fría”. Por una parte mantienen una postura explícitamente contraria al unilateralismo de Washington (oposición que se evidencia en medidas concretas, como su alianza para que el Sur tenga asientos permanentes en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas), pero por otra parte actúan como factores de estabilidad en sus respectivas regiones. Con la peculiaridad de que la que propician es una estabilidad que no cuestiona expresamente los intereses hegemónicos. Como si la hipótesis subyacente en las cancillerías de esas tres gravitantes naciones fuera que la “pax americana” es el campo de cultivo del que surgirá el multilateralismo que buscan. Por el contrario, la consolidación de Irán como potencia regional plantea una situación diferente. Estaríamos ante una potencia mediana que se situaría más cerca de la potencia desafiante (China) que de la potencia hegemónica. Esa diferencia es la que permite cruzar, al menos en el campo teórico, las crisis de Irak y de Irán.

CHIITAS CONTRA SUNITAS

El efecto que tendría en el equilibrio político del mundo islámico una guerra civil entre chiitas y sunitas en el Irak ocupado sería negativo para Irán. Los chiitas tienen como régimen emblemático a la teocracia iraní y son mayoría entre la población de Irak, pero son minoritarios en el contexto general del mundo islámico. El rol de Irán entre los otros países musulmanes se vería debilitado si comienzan a dividirse las lealtades entre una y otra facción religiosa. Las apelaciones de Teherán a destruir al “enemigo común” (Israel) se verían opacadas por la realidad más inmediata y palpable de una prolongada guerra civil en Irak. El principal perdedor en ese escenario sería Irán, ya que lo alejaría del rol protagónico que ha venido asumiendo, tanto en su defensa de un programa nuclear supuestamente pacífico pero suficientemente ambiguo como para actuar como disuasor, como en su búsqueda permanente de la estabilidad en la posguerra iraquí. El apoyo al proceso político marcado por Estados Unidos para Irak y la continuidad de su plan atómico que exaspera a Washington no son políticas contradictorias de Teherán, sino que ambas convergen en su consolidación como potencia regional.

LOS SOSPECHOSOS DE SIEMPRE

Ante esta situación la pregunta que surge naturalmente es quién está tan interesado en debilitar a Irán como para prender la mecha de una guerra civil musulmana. O en otras palabras, quién colocó la bomba que destruyó parte de la cúpula dorada de la mezquita que acompaña la tumba del imán Ali Al Haidi. Las fuentes más proclives a una interpretación antiestadounidense de los hechos señalaron a los servicios secretos de ese país como instigadores del atentado. La versión oficial de los ocupantes angloestadounidenses, y también la del gobierno iraquí, responsabilizan a la red islamista Al Qaeda. Independientemente de quién haya sido el autor intelectual del episodio, lo cierto es que ambos sospechosos obtuvieron beneficios. Estados Unidos obtuvo un cambio sutil pero importante en la lectura que se hace de la situación iraquí: pasó de ser un enfrentamiento complejo de analizar entre una resistencia variopinta y una fuerza de ocupación extranjera, a ser un enfrentamiento civil entre comunidades musulmanas rivales. No está claro cuánto va a durar esa lectura simplificada, pero por el momento el atentado ha logrado más que la maquinaria de relaciones públicas de Washington: mostrar la crisis iraquí como un problema entre iraquíes. También Al Qaeda –en caso de existir– se beneficia, por lo menos a dos puntas. En el frente interno logra que la situación bélica en el terreno sea más complicada, y eso siempre perjudica al ocupante. En el frente internacional, favorece la existencia de grietas en el apoyo casi unánime que venía recibiendo Irán a raíz de su rol de víctima en la crisis nuclear. La supuesta raíz wahabita de Al Qaeda tiene poco que ganar con un crecimiento del chiismo, por lo que este enfrentamiento entre chiitas y sunitas los favorece.

MUSULMANES DE EUROPA

Mientras esto ocurre en Oriente Medio, Bosnia-Herzegovina, único país musulmán europeo (más allá de ser formalmente una entidad de croatas católicos, serbobosnios ortodoxos y bosnios musulmanes), acaba de iniciar en La Haya un juicio contra Serbia por genocidio de Estado. Es la primera vez que el Tribunal Internacional de Justicia de las Naciones Unidas atiende un caso de este tipo. Los acusadores basan su caso en testimonios recogidos en el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (donde se está juzgando por ejemplo a Slobodan Milosevic), pero ahora lo trasladan a una instancia de controversias entre países, por lo que podrían obligar al gobierno serbio a pagar una indemnización de miles de millones de dólares. Serbia se defiende diciendo que se trató de actos de violencia cometidos por individuos, en cambio Bosnia asegura que fue un plan de Estado. La corresponsal de El País de Madrid Elsa Ferrer citó a uno de los abogados de la parte acusadora, Sakib Softic, quien calificó la acción serbia de haber sido “como un tsunami provocado por el hombre que destruyó el carácter de Bosnia-Herzegovina y a una parte sustancial de su población no serbia”, lo que a lo largo de los años de la guerra implicó “una ruta sembrada de cadáveres, familias rotas, centros culturales y de credo arrasados y juventudes destruidas”.

También en Nigeria

Sea cual sea la forma en la que se midan las distancias –en quilómetros o en marcas culturales–, Onitsha queda muy lejos de Bagdad. Allí, sin embargo, se vivió una ola de violencia interreligiosa extrema al mismo tiempo que las cámaras de las grandes cadenas se concentraban en la lucha entre chiitas y sunitas. Los corresponsales de Afrolnews aseguran que al menos 123 personas han muerto en los actos más recientes de violencia sectaria en Nigeria. El origen fue una serie de protestas en contra de la publicación de caricaturas del profeta Mahoma por parte de un medio danés. Esto despertó la ira de musulmanes nigerianos que quemaron más de una decena de iglesias cristianas, tal como se informó oportunamente en BRECHA. Sin embargo las cosas no se detuvieron ahí. Los cristianos respondieron a los ataques contra sus templos y lo hicieron en la ciudad suroriental de Onitsha, “donde grupos de vengativos jóvenes armados salieron a las calles en búsqueda de musulmanes como represalia por los mortales ataques contra cristianos” ocurridos en el norte, predominantemente musulmán.
Emeka Umeh, dirigente del grupo nigeriano de derechos humanos Organización para las Libertades Civiles, dijo que “contamos al menos 60 muertos el martes, y el miércoles no menos de 20”, en el estado de Anambra. Cuando la semana pasada se comenzó a conocer información sobre cadáveres de cristianos igbos asesinados en el norte del país, “multitudes enfurecidas” salieron armadas a las calles “para vengarse de los musulmanes”, asegura Afrolnews. Además de en Onitsha también hubo matanzas en Awka, Nnewi y Enugu, por lo que la violencia se extendió por un radio de más de cien quilómetros.
El artículo de la agencia de noticias africana asegura que en un contexto en el que los 126 millones de nigerianos están divididos entre un norte predominante musulmán y un sur cristiano, “la controversia de las caricaturas ha servido simplemente como una chispa más en este último episodio de violencia sectaria”. Miles de personas han muerto en esporádicos ataques de violencia en Nigeria desde el año 2000, cuando una docena de estados de mayorías musulmanas en el norte comenzaron a aplicar el código legal islámico de la Sharia, agregó el informe.

 
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