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12 de marzo de 2006
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Brecha
de Uruguay - 10 de marzo de 2006
La Universidad, Labat y similares
Hay “metidas de pata” periodísticas que resultan
memorables. Hace pocos días, un colaborador del diario El País
igualó, sin proponérselo quizá, un episodio periodístico
resonante que hasta ha sido difundido, como ejemplo, en
artículos, comentarios sobre la prensa y en algún libro
importante.
Guillermo Chifflet
Este marzo se cumplirá un
nuevo aniversario de “la confirmación”, con el mencionado
artículo célebre, de una campaña contra la Universidad. En esa
fecha, hace varias décadas, el diario encuadró una carta, que
tituló “Hechos concretos”, recomendando especialmente su
lectura. Advirtió, además, en una sección (de las
desaconsejadas especialmente hasta por la Sociedad
Interamericana de Prensa) titulada “se dice”, el interés que
tenía la lectura de la carta “sin perder una línea”, “a fin de
que se advierta si hemos exagerado o denunciado
verdades”. La carta informaba que un martes 8 de marzo,
mientras se celebraba en la Facultad de Arquitectura el
plenario de la cnt, de una pieza que da a la sala de
profesores habían salido tres personas que, juntas, habían
abandonado el edificio y subido a un coche de matrícula
diplomática. Tales personas –denunciaba la carta– eran el
embajador cubano, el secretario de la embajada rusa y el
rector de la Universidad. Recordamos, en síntesis, lo que
siguió: como es obvio, el rector desmintió, con indignación
lógica, la “prueba” de una campaña, indignante en sí misma. Y
pocos días después, en el semanario Marcha, el autor de la
carta explicó que no había imaginado que se utilizara tan
escandalosamente algo que, de hecho, era un anónimo. Informó
entonces que la firma de la carta, E F Labat, la había
compuesto con las iniciales de Eduardo (nombre de uno de los
directores del diario), Fulgencio (por Fulgencio Batista), y
que el apellido (Labat) lo había compuesto con las primeras
sílabas de los apellidos Larreta y Batista. El artículo
reciente aborda diversos “temas”, que interesaría transcribir,
porque los comentarios surgen casi obvios. Pero hay un único
punto, espectacular en sí mismo, que resulta interesante
destacar: es el reproche que plantea a la Universidad por
haber cedido a la solicitud del pit-cnt para que los restos de
Ubagesner Chávez Sosa sean velados en el Paraninfo de la
Universidad. Importa señalar que admite que Chávez Sosa “fue
asesinado de la forma más repugnante que se pueda concebir,
aplicándole métodos de tortura que no pudo soportar”. Acepta,
asimismo, que el homenaje tendrá mucho de símbolo. Pero a
pesar de estas premisas evidentes no acepta que se utilice el
Paraninfo para el homenaje. ¿Por qué? Porque el hecho –según
el redactor de El País– “nada tiene que ver con la Universidad
ni con la cultura”. La insólita conclusión merecería
múltiples comentarios. Pero al “colaborador” del diario no le
resulta lógico que un acto que permitirá una manifestación
nacional contra la violación de los derechos humanos por la
dictadura, y al que la Universidad aporta un ejemplo en la
defensa de los derechos humanos al facilitar el Paraninfo, se
realice allí. El hecho (asesinato de un detenido) “nada tiene
que ver ni con la Universidad ni con la cultura”, afirma el
periodista. Pero “la gran metida de pata” (entre tanto
juicio cuestionable desde el punto de vista del respeto
elemental a los derechos) del planteo del periodista de El
País, es que, encima de sus insólitas conclusiones agregue
–como prueba del error de la Universidad– que notables
personalidades de Uruguay “no recibieron el honor de ser
velados en la Universidad a la que sirvieron y prestigiaron”.
Y aporta, como ejemplo, que al profesor Clemente Estable la
Universidad no le brindó ese homenaje. La ligereza
informativa merece figurar junto a la “prueba” famosa aportada
por Labat. ¿Por qué responsabilizar a la Universidad de
olvidar ese homenaje ante el fallecimiento de tan ilustre
profesor? ¿Por qué el redactor no empezó por informarse?
¿Acaso ignora el año de la muerte de personalidad tan
importante? ¿Por qué no dice que en 1976, cuando falleció el
profesor Estable, la Universidad estaba intervenida? ¿Por qué
no informa si esa intervención contó con el apoyo de algunos
directores de El País? (no de todos). En 1976 ya hacía tres
años que había sido disuelto el Parlamento, es decir,
estábamos en plena dictadura hasta para quienes creen que la
arbitrariedad, la represión, la tortura y la violación de los
derechos humanos comenzó allí. Este nuevo aporte,
demostrativo de la ligereza o animosidad con que se suele
atacar a la Universidad, puede ayudar, por cierto, a destacar
la importancia del homenaje al que se convoca para el próximo
14 de marzo en el Paraninfo. Porque felizmente hay quienes
pueden comprender que todas y cada una de las instituciones
democráticas y los demócratas tenemos la obligación de saber
que allí donde se han violado los derechos humanos de una
persona, están en juego los derechos de todos. Éste será, por
cierto, uno de los sentidos del mencionado acto. Un
universitario excepcional, Carlos Quijano, enseñó, con
claridad y coraje, cuando ya las sombras habían caído sobre
nuestra tierra, que “herir a la Universidad, alzarse contra
ella, pretender avasallarla, es herirnos a todos...”. No es
ése el sentido ni las posibilidades, hoy, del artículo del
“colaborador” de El País, ya que las instituciones se han
fortalecido. Pero importa denunciar los ataques injustos,
porque fue a partir de errores y mentiras que se llegó a una
agresión que, si se enfrentan hoy todos los ataques, por
pequeños y mezquinos que puedan parecer, no podrá
repetirse.
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