Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
18 de marzo de 2006
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El perfecto culpable
La muerte de Slobodan Milosevic
Murió en Holanda Slobodan Milosevic. Era el último
carnicero de los Balcanes después de la muerte de sus
cómplices, el croata Franjo Tudjiman y el bosnio Alija
Itzebegovic. Sin embargo para la OTAN ha sido un excelente
“único culpable” de la masacre balcánica de los noventa. En La
Haya se defendió bien y su muerte evita un juicio que se fue
haciendo incómodo para los triunfadores.
Gennaro Carotenuto desde Roma
El ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic murió el
sábado 11 en la cárcel de la ONU de Sheveninghen, en Holanda.
Será sepultado hoy en forma privada en su pueblo natal en
Serbia. Ha sido la fórmula elegida después de una larga
polémica entre quienes pretendían sepultarlo fuera del país y
quienes querían hacerlo con los honores de un prócer. Quedan
dudas sobre las circunstancias de la muerte del criminal de
guerra. Según sus perseguidores habría llevado a cabo un plan
diabólico para causar su muerte de manera de culpar a sus
carceleros. Habría consumido voluntariamente fármacos que
habrían provocado el infarto que lo mató. Es la tesis de la
jueza suiza Carla del Ponte, que durante años rechazó
cualquier pedido de Milosevic y sus médicos para que curara
sus enfermedades en Moscú. Aunque fuera cierta la tesis del
infarto autoprovocado, testimonia el escaso nivel de controles
en una cárcel de máxima seguridad como la holandesa. Ya van
seis prisioneros serbios muertos en circunstancias poco
claras. Aunque no fuera cierto –y Slobo haya sido
efectivamente matado o dejado morir–, es una pieza más del
castillo revisionista serbio que, con algunas razones y muchas
más sinrazones, dibuja un país que se ha convertido en
víctima. Para Del Ponte –que con la muerte de Milosevic vio
romperse su juguete, el juicio en el cual escogió sólo los
culpables convenientes para la OTAN– cerrar el proceso fue una
derrota a la cual no quiere resignarse. El mismo día de la
audiencia que puso fin al “juicio Milosevic” por muerte del
reo, exigió del gobierno de Belgrado la entrega inmediata de
otros dos criminales de guerra, Radovan Karadzic y Ratko
Mladic. Lo hizo condicionando las negociaciones para el
ingreso de Serbia en la Unión Europea. Serbia es un país con
enormes culpas colectivas; sin embargo paga y sigue pagando
con cientos de miles de prófugos en su territorio y con la
inminente pérdida de Kosovo y Montenegro. Ya es difícil
entender si toda Serbia, inocentes y culpables, nacionalistas
y demócratas, es rehén de sus criminales de guerra que aún
guarda y defiende en su territorio o si es rehén de la lógica
de los ganadores de la guerra, que con el endurecimiento de
este proceso de criminalización colectiva, impiden al país
hacer sus cuentas y mirar por fin hacia adelante. El
dibujante Corax, en el semanario Danas, diseñó dos diablos que
acompañan a Milosevic a una enorme olla en el infierno. Desde
la olla Franjo Tudjiman y Alija Itzebegovic lo saludan
amistosamente. Unidos en la muerte, los tres grandes y sus
miles de cómplices menores testimonian –ojalá– el fin de una
época que supera todas las polémicas sobre las causas de la
muerte del ex presidente serbio. Es una interpretación, la de
Corax, que confronta la de los occidentales de la OTAN, que en
1999 intervino en Yugoslavia bombardeándola hasta obligarla a
rendirse. Para éstos, en la persona de la jueza suiza Carla
del Ponte, Milosevic era el único culpable de diez años de
guerras en seis distintos frentes. Hubiese sido una solución
fácil, que hubiese salvado a muchos amigos de Occidente, desde
el fascista y antisemita Tudjiman, hasta los terroristas
albaneses del UCK entrenados en Estados Unidos que se
prestaron a crear el caso para justificar la “guerra
humanitaria” de la OTAN para “liberar” Kosovo. Pero era una
solución a la cual Milosevic supo oponerse en el juicio,
demostrando que las acusaciones del tribunal representaban un
teorema indemostrable y hasta enfriando el interés occidental
en poner fin a un juicio cada vez más incómodo.OPINIONES
BALCÁNICASLa prensa de todo los Balcanes ha dedicado un gran
espacio a la muerte de Slobo. Por lo menos tres diarios
serbios eligieron la tesis del asesinato. Kurir, uno de los
diarios más populares de Belgrado, titula con una sola
palabra, ubijen, asesinado. Su muerte coincidió con el
tercer aniversario del asesinato de su gran opositor Zoran
Djindjic. Para la prensa democrática es preocupante que
Djindjic aún no tenga herederos en un momento en el cual la
muerte de Milosevic conlleva el riesgo de una radicalización
nacional-conservadora del país en víspera de perder Kosovo y
Montenegro. Otras fuentes, más optimistas, consideran
irrelevante la muerte del ex mandatario para los futuros
escenarios políticos. Suicidio, homicidio o muerte natural,
sombra siniestra o muerte irrelevante, toda la prensa está
convencida de que la muerte de Milosevic es una vergüenza para
el tribunal de La Haya y minará definitivamente la
credibilidad de este organismo. En el gobierno de Belgrado
coexisten por lo menos dos líneas. Una es la del ministro de
Exteriores, Vuk Draskovic, que considera lamentable que se
celebre la muerte de un asesino serial como Milosevic. Otra es
la más cauta del primer ministro Vojislav Kostunica, que
expresa su pesar –según costumbres que frente a la muerte
ponen de lado a toda diferencia política– y pide al tribunal
una investigación sobre los acontecimientos. Sin embargo el
comentario más importante lo escribe en Danas Predrag
Matvejevic, probablemente el más importante intelectual ex
yugoslavo, autor entre otras obras de breviario Mediterráneo.
Matvejevic sostiene que “no hay que alegrarse de la muerte.
Ésta transforma la vida en destino. Relativiza los crímenes y
los transforma en hechos históricos”. El intelectual nacido en
Mostar, condenado en noviembre por un tribunal de Zagreb a
cinco meses de cárcel por “difamar” a criminales de guerra
croatas, enumera las responsabilidades y los crímenes de
Milosevic e identifica el más grave: “No fue culpable de todo
lo que se le acusa. Sin embargo fue el que más poder tuvo para
evitar la disolución de Yugoslavia y las masacres
consiguientes. Y no hizo nada. Hasta algunos lo consideraban
un hombre de izquierda. No lo conocían, a pesar de su retórica
de socialista yugoslavo. Los dirigentes políticos occidentales
lo consideraban el más confiable entre los líderes balcánicos.
Durante la guerra se entrevistó más de 40 veces con Franjo
Tudjiman y sin embargo nadie sabe qué se dijeron dado que la
decisión criminal de repartirse Bosnia ya estaba tomada por
los dos desde el comienzo. Si no hubiesen sido tan criminales
quizás hubiésemos podido dividirnos de manera distinta, sin
tantos muertos y tragedias”.La trayectoria de un
genocida1964. Slobodan Milosevic nació en 1941. En 1964 se
gradúa en economía, entra en la Liga de los comunistas y se va
a estudiar a Estados Unidos. 1987. Ya es líder de los
comunistas serbios cuando pronuncia el famoso discurso de
Kosovo Polje, en el cual toma la defensa de la minoría serbia
de Kosovo y dibuja un proyecto nacionalista panserbio opuesto
a la constitución titoísta de 1974 que asignaba a Kosovo y
Vojvodina una real autonomía dentro de Serbia. 1989. Es
elegido presidente de la República de Serbia, aún dentro de
Yugoslavia. En el país ya es fuerte la “destitoización” (Tito
había muerto en 1980) y él es considerado cercano a los
intereses de Estados Unidos. 1991. Empieza la guerra.
Eslovenia y Croacia se van, respaldadas por Alemania, el
Vaticano y la Armija, el ejército yugoslavo que se transforma
en ejército serbio. Milosevic en esta etapa es el hombre de la
mediación y toma distancia de los nacionalistas radicales
serbios como Babic, Karadzic y Mladic. 1995. Se firma en
Dayton el tratado con Bosnia. Milosevic es el hombre de la
paz. Pronto se inicia en Serbia un movimiento para la real
democratización del país (Zajedno) que Milosevic reprime
duramente. Desde 1997 se hace más grave la situación en
Kosovo. 1999. La alianza entre los terroristas albaneses
del UCK y Estados Unidos prepara la llamada “guerra
humanitaria”. En enero de 1999 Milosevic rechaza los acuerdos
de Rambouillet. Del 24 de marzo al 10 de junio las bombas
inteligentes de la OTAN preparan la contralimpieza étnica
contra los serbios de Kosovo. 2000. En octubre pierde las
elecciones y renuncia al poder. En marzo de 2001 es arrestado
y en junio entregado al Tribunal Penal Internacional de La
Haya. Es responsable –juntos a otros que jamás fueron
enjuiciados– de una década de guerras que causaron más de 100
mil muertos.
Publicado en Brecha el 17 de marzo de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
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