Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
26 de marzo de 2006
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Se vota en Israel
Continuismo y nuevos peligros
Es más que probable que las elecciones del martes 28
marquen un pasaje no traumático del poder de Ariel Sharon, que
continúa en coma irreversible, a Ehud Olmert. Sin embargo, el
asalto israelí a la cárcel de Jericó, la crisis humanitaria y
la asunción de un gobierno monocolor de Hamas en Palestina
complican el cuadro.
Gennaro Carotenuto
Desde el segundo triunfo electoral de Sharon, en
2003, en Israel parece, a la vez, que todo ha cambiado y que
nada ha cambiado. En Palestina ya no está el archienemigo
Yasser Arafat, pero Hamas copó la escena. El Likud –la derecha
histórica israelí– ha dejado de ser central en la vida
política, es de su riñón que salen quienes gobernarán en el
futuro bajo el lema de Kadima –Adelante–, el partido fundado
por Sharon poco antes de la enfermedad que terminó con su
carrera política. Y si bien ya no está Sharon, quien asumirá
el poder será su delfín Ehud Olmert. Desde su fundación,
Kadima encabeza los sondeos de opinión. Los últimos le otorgan
unos 40 escaños en el parlamento, un número superior a la suma
de sus principales rivales, la izquierda laborista de Amir
Peretz y lo que queda del Likud, liderado por el ex primer
ministro Bibi Netaniahu. Lo más probable es que Kadima realice
una alianza de gobierno con los laboristas. Otro dato de
cara a las elecciones del martes: la alta tasa de
abstencionismo que se prevé, más elevada que la de 2003,
cuando apenas 68 por ciento de los israelíes emitió su voto.
Durante la campaña, salpicada de escándalos menores, Internet
jugó un papel central y hasta hubo un partido –el religioso
Shaas– que prometió nada menos que el paraíso a quienes lo
prefirieran. Lo que sí puede representar un cambio
interesante es el ascenso de nuevas colectividades.
Básicamente, el Likud ha sido siempre el partido de los
hebreos procedentes de Oriente Medio y el Laborista el de los
europeos orientales. Hoy el Likud aparece dividido, mientras
el laborismo es liderado por primera vez por un
sefaradí.
¿UNA NUEVA INTIFADA?
Pero mientras este es el
panorama en Israel, las cosas se complican en
Palestina. Ehud Olmert necesitaba conquistar al sector más
derechista del electorado. La semana pasada encontró cómo
hacerlo, cuando tanques, ametralladoras y artillería pesada
fueron utilizados por las tropas israelíes para sacar de la
cárcel palestina de Jericó a Ahmed Saadat, diputado y máximo
dirigente del marxista Frente Popular para la Liberación de
Palestina, acusado del asesinato, en 2001, del líder de la
ultraderecha israelí Rehavam Zeevi. Pero el ataque también
tuvo su costo político enorme: el definitivo derrumbe de la
figura del presidente palestino Abu Mazen, que para Israel y
sus aliados occidentales era, sobre todo después del triunfo
de los fundamentalistas de Hamas en las elecciones de enero,
la única personalidad palestina en la que podían relativamente
confiar. El anciano fundador de Fatah representaba un ancla de
diálogo a la cual apostar. Con su acción extrema y extremista,
Olmert prefirió sacrificar a Abu Mazen, al que juzgaba
demasiado débil para oponerse a los extremistas de Hamas, pero
reforzó indirectamente a estos últimos.
TODO EL PODER A HAMAS
El primer ministro encargado de formar el nuevo
gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Ismail
Haniyeh, hará jurar a sus 24 ministros posiblemente el mismo
día de las elecciones israelíes. Todos ellos, salvo un
católico y una mujer, portarán la bandera verde oscuro del
islamismo. Ni Fatah ni la izquierda aceptaron gobernar con
Hamas, que por otra parte tampoco los necesitaba, pues
controla 74 de las 132 bancas del parlamento. Hamas no ha
renunciado al recurso a la violencia, ni se plegó a los
acuerdos de paz de Oslo ni está dispuesta a reconocer el
Estado de Israel. Israel, a su vez, no renuncia a la ocupación
militar, no reconoce las fronteras de 1967 y no está dispuesto
a tratar con una organización terrorista. Muro contra muro,
algo muy común en la historia de estas tierras. Sobre el
gobierno de Hamas pende la amenaza de una suspensión de las
ayudas internacionales, que de producirse provocaría una
crisis humanitaria de envergadura. Aun así, el gobierno no
parece capaz de controlar al ala más militarista de su propio
partido. El aumento de las acciones espontáneas ha conducido a
su vez a que se hable de una vuelta a “la edad de las
piedras”, ergo a la primera Intifada. Según datos de la ANP,
sólo en febrero el ejército ocupante israelí mató a 27
personas, hirió a 192 y arrestó a 132 en los territorios.
nTres líderes para un país Ehud Olmert (Kadima). Nacido en
Binyamina (Israel) en 1945, es licenciado en psicología,
filosofía y derecho y padre de cuatro hijos. Tras terminar su
carrera militar, en 1973, con 28 años, fue electo por primera
vez al parlamento en las listas del derechista Likud. Luego
fue confirmado como diputado durante siete legislaturas. Entre
1993 y 2003 fue intendente de Jerusalén y desde 2001 es el
brazo derecho de Ariel Sharon. En diciembre de 2003 publica
un importante artículo en el diario Yediot Aharonot en el cual
se declara favorable a una salida parcial de Cisjordania y
Gaza. En el verano boreal de 2005 Sharon inicia el retiro de
Gaza. Sensible a las cuestiones demográficas, Olmert es
partidario de una rígida separación entre israelíes y
palestinos: la supervivencia del Estado hebraico puede ser
garantizada sólo por una nueva frontera, dice. El 7 de
agosto de 2005 reemplazó a Bibi Netaniahu como ministro de
Finanzas, que renunciara por oponerse al retiro de las tropas
de la Franja de Gaza. Apoyó y siguió a Sharon cuando éste
fundó Kadima. El 4 de enero, cuando su mentor padece el
derrame cerebral que desde entonces lo tiene postrado, lo
sustituye como primer ministro. Desde el inicio Olmert supo
que, para conservar el liderazgo de su partido y del país, lo
único que debía hacer era permanecer fiel a Sharon. El triunfo
de Hamas lo obligó a mostrar, con la acción de Jericó, su lado
halcón. Los sondeos atribuyen a Kadima entre 39 y 44
escaños. Amir Peretz (Partido Laborista). Nacido en
Marruecos, de 54 años y padre de cuatro hijos, ha sido durante
una década secretario del Hidastrut, el principal sindicato
del país. Es el primer sefaradí que se convierte en jefe del
Partido Laborista, tradicionalmente dominado por los askenazi
procedentes de Europa oriental. Peretz combatió en la
guerra del Yom Kippur, en 1973, en la cual fue gravemente
herido, lo que le valió pasar un año internado en un
hospital. Diputado desde 1988, como sindicalista ha
criticado la política neoliberal de Sharon y Netaniahu. En
enero de 1999 abandonó el laborismo, creando una de las muchas
microorganizaciones que caracterizan el cuadro político
israelí. Retornó al laborismo en 2004 y menos de un año
después triunfó en las internas sobre Shimon Peres. Impulsa la
vuelta del partido a sus fuentes socialistas. Menos original
es su posición frente al conflicto israelo-palestino, a pesar
de su pasado como líder del movimiento pacifista. Desde
noviembre experimenta un lento declive, y al laborismo se le
atribuyen unos 20 escaños. Biniamin Netaniahu (Likud).
Clase 1949, nacido en Tel Aviv, formado en Estados Unidos,
miembro de los cuerpos de elite del ejército, desde muy joven
es el exponente del ala más extremista del Likud. Llegó a ser
primer ministro en 1996. Su breve gobierno se caracterizó por
una línea dura contra los palestinos y por los escándalos y
peleas internas en su partido. Vuelve al gobierno como
ministro de Finanzas de Ariel Sharon, y marca la línea
neoliberal que conduce al empobrecimiento masivo de las clases
populares israelíes. Rompe con “Arik” tras el retiro de Gaza y
se postula al liderazgo del Likud. Cuando se vota en las
primarias y triunfa, Sharon ya se había ido y fundado Kadima.
Al Likud pos Sharon los sondeos le otorgan entre 13 y 15
escaños.
Publicado en Brecha el 24 de marzo de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
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