Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
2 de abril de 2006
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Israel
Olmert vence pero no convence
Kadima ganó unas elecciones en las que triunfó la
abstención. Ehud Olmert sucede a Ariel Sharon y gobernará con
la centroizquierda tras difíciles pactos con varios partidos
menores. Se hunde el Likud, pero triunfa la ultraderecha
rusófona.
Gennaro Carotenuto
Ehud Olmert ha triunfado en las elecciones israelíes
del martes, y seguirá siendo jefe de gobierno. Pero lo será
por primera vez, ya que hasta ahora había seguido sentándose a
la derecha de la poltrona vacía de Ariel Sharon. La era pos
Sharon puede empezar de verdad. Sin embargo ha sido un triunfo
amargo para el delfín de Sharon, que había fundado el partido
centrista Kadima, pocos días antes del derrame cerebral que
marcó la salida de aquél del escenario político. Si se hubiese
votado en enero, Kadima habría obtenido 40, quizás 44
diputados, un número enorme en un sistema político como el
israelí. El martes obtuvo mucho menos, apenas 28 escaños,
cuando pocos habían previsto que su partido bajara de los
32-35 escaños. Ha sido un resultado decidido también por la
baja participación electoral. Votó apenas el 63,2 por ciento
de los israelíes, frente al 68 por ciento de 2003. Ha sido un
día tranquilo y los únicos incidentes fueron causados por el
componente ultraortodoxo que no reconoce el Estado laico
sionista. Quienes pensaban que las elecciones israelíes
simplificarían el cuadro político del país estaban
equivocados. De los 31 partidos que se presentaban (el sistema
electoral es proporcional pero se necesita al menos el 2 por
ciento para lograr entrar en la Knesset), en un país con 5
millones de habitantes, han sido cinco las agrupaciones que
han obtenido más de diez diputados en un parlamento de 120. En
las anteriores elecciones habían sido apenas dos. Eran los que
se podrían llamar “partidos tradicionales”, la derecha del
Likud y la centroizquierda del Partido Laborista. Segundo,
atrás de Kadima, llega el Partido Laborista con 20 diputados.
Su líder, Amir Peretz, se configura como el hombre clave en
las tratativas para la formación del nuevo gobierno. A sus
espaldas llega el partido Shas, de los ultraortodoxos
sefardíes, con 13 diputados. Ni siquiera cuarto llega el
Likud. Para Bibi Netaniahu, que ha sido el peor ministro de
Finanzas de la historia de Israel con su actuación
ultraliberal, es un fracaso que podría terminar con su carrera
política. Los dirigentes del partido ya han empezado el juicio
a quien redujo la tradicional fuerza de la derecha israelí a
su mínimo histórico con apenas 11 diputados desde los 38 que
obtuvo en 2003, apenas uno menos que el nuevo astro de la
derecha, el partido Yisrael Beiteinu (Israel es nuestra casa).
Este partido, que el diario de centroizquierda Haaretz define
como fascista, es el partido de los inmigrantes rusos. Son los
judíos de Europa oriental, llegados en masa en los años
noventa tras la caída de la Unión Soviética, que han vivido y
viven un difícil proceso de integración. Es un partido
racista, liderado por Avigdor Lieberman, que propugna la
limpieza étnica y la expulsión de todos los árabes con
pasaporte israelí de la norteña región de Galilea. Por ahora
Yisrael Beiteinu logró el liderazgo de la derecha nacionalista
superando al Likud. Sin embargo, Lieberman se ha declarado
convencido de que las próximas elecciones las ganará su
partido.MENORES PERO DECISIVOSEn este cuadro tan
fragmentado, Olmert deberá pactar con más sujetos de los que
preveía. Seguramente entrará en el gobierno el Partido
Laborista, pero Peretz será un socio casi tan importante como
Olmert. Entrará también el partido Shas y su homólogo
askenazí, el Torah. También entrará el Partido de los
Jubilados –seis diputados– liderado por el ex agente del
Mossad Rafi Eitan, que ha quitado votos al Partido Laborista,
que hubiese podido tener un resultado aun mejor del que
efectivamente obtuvo. Sin embargo Peretz, desde su ciudad,
Sderot, declaró que su partido ya ganó logrando que las
cuestiones sociales, la pobreza, la defensa del Estado de
bienestar, hayan logrado volver a la agenda política israelí
después de años de neoliberalismo feroz. Más compleja pero no
imposible es la entrada en el gobierno del izquierdista Meretz
–cinco escaños– que ha cedido parte de sus votos a
Kadima. Ahora Olmert tiene la difícil tarea de formar el
gobierno y la aun más difícil tarea de gobernar. Su programa
es ambicioso: definir las fronteras definitivas israelíes,
abandonando algunas colonias menores en Cisjordania. Las
derechas perdieron, pero siguen representando al menos un
cuarto del país. Kadima ganó, pero el partido aún no está
sedimentado en la vida política israelí y sólo la realización
del programa podría garantizarle la supervivencia. La senda
entre la paz y la guerra total es muy empinada. Mientras
tanto, desde la capital de Sudán, Jartum, donde está reunida
la Liga Árabe, el presidente palestino Abu Mazen le exige a
Olmert que renuncie a definir unilateralmente las fronteras
definitivas israelíes. En Ramallah, el nuevo primer ministro
palestino, Ismail Haniyeh, obtiene el voto de confianza del
parlamento, y apunta a la devolución de todos los territorios,
incluida la parte este de Jerusalén que deberá ser la capital
del Estado palestino.
Publicado en Brecha el 31 de marzo de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
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