Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
9 de abril de 2006
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Italia reneuva gobierno
El show Berlusconi
Se hizo reñida la contienda en el marco de las
elecciones políticas del domingo en Italia. En un clima de
tensión, Silvio Berlusconi se convirtió en protagonista de un
“show” mediático de insultos y falsas promesas, pero
difícilmente podrá volcar a su favor sondeos
desfavorables.
Gennaro Carotenuto desde Roma
Érase una vez un señor elegante, con una sonrisa
trucha pero ancha y mil promesas que comunicaban sueños,
milagros y riqueza para todos. Ahora Silvio Berlusconi es un
político iracundo que insulta a los electores “enemigos”, con
un inédito e intolerable: “¡coglioni!” (boludos). Su
competidor, Romano Prodi, jefe de gobierno de 1996 a 1998 y
luego durante cinco años presidente de la Comisión Europea, es
simplemente un “idiota” útil para los “comunistas” en vísperas
de la toma del poder. Así todos los temas incómodos quedaron
fuera de la campaña electoral: Europa, Irak, justicia,
inmigración. El balance del gobierno es tangiblemente
negativo: datos económicos pavorosos, crecimiento cero,
endeudamiento del Estado, parámetros europeos que son
saltados, investigación científica sin recursos, aumento de la
pobreza y enriquecimiento de algunos, inflación, reformas
fracasadas y todas a favor de sus negocios y para solucionar
sus problemas con la justicia. Una centroizquierda muy
cautelosa ha conducido una campaña electoral de bajo perfil,
de la cual se deduce que, a pesar de un todavía evidente
desnivel de decencia y honradez en las dos coaliciones, las
recetas –especialmente en la economía– no son muy diferentes.
Hoy día la centroizquierda italiana, por lo menos su parte
mayoritaria, se acerca mucho a la línea del británico Tony
Blair, y en el seno de ella el término “zapaterismo” –con
referencia al primer ministro español, José Luis Rodríguez
Zapatero– ha pasado a ser sinónimo de extremismo
político. Si en la primera fase de la campaña la Iglesia
Católica marcó la agenda mostrando una clara predilección por
la centroderecha, la fase final ha estado marcada por el tema
de las tasas: Prodi querría aumentarlas –lo que
lamentablemente no es cierto– y Berlusconi quiere seguir
reduciéndolas.LOS NÚMEROS DE LA CONTIENDASe vota con un
nuevo sistema electoral, aprobado de apuro hace tres meses,
por voto de confianza y con los solitarios apoyos de la
mayoría de derecha. Dibujado para favorecer a Berlusconi o
para entorpecer la gobernabilidad de la centroizquierda, ha
sido definido como “una porquería” por el mismo defensor de la
ley, el ex ministro de la Liga Norte Roberto Calderoli. Lleno
de trampas, es un absurdo proporcional con listas bloqueadas y
premios de mayoría con base regional. Fue diseñado para
favorecer la necesidad de Berlusconi de personalizar la
contienda haciendo desaparecer completamente a los candidatos
locales. Éstos fueron nombrados previamente por las cúpulas de
los partidos y de los 630 diputados y 315 senadores, alrededor
del 90 por ciento de los candidatos en las mejores posiciones
en las listas ya saben desde hace un mes que entrarán en el
nuevo parlamento. En Italia está prohibido difundir sondeos
en los 15 días previos a las elecciones. Sin embargo éstos
permanecieron extraordinariamente estables en los meses
pasados. Las durísimas acusaciones de Berlusconi a la
izquierda por querer aumentar los impuestos y su jugada del
lunes –cuando propuso abolir las tasas sobre las viviendas
(ici) utilizadas para financiar los servicios locales– podrían
haber movido algo a su favor. Los últimos sondeos publicados
daban una sensible ventaja a la centroizquierda con el 52 por
ciento de los votos contra el 47 de la centroderecha. En estas
condiciones los dos bloques lograrían respectivamente 340 y
277 diputados. Dentro de los dos bloques, la lista unitaria de
los Democráticos de Izquierda –la parte mayoritaria y más
moderada de los ex comunistas– y los democristianos
progresistas estaría entre el 30 y el 33 por ciento de los
votos. La medida del éxito de esta lista marcará la velocidad
del camino hacia un partido único que podría llamarse Partido
Democrático. A su lado están los aliados menores. Según
tradición son muchos, y en su mayoría se reparten el
electorado de “izquierda-izquierda”. La fuerza mayor de este
sector, simpatizante del cual se define un italiano cada seis,
es el Partido de la Refundación Comunista que obtendría entre
el 6 y el 7 por ciento. Su secretario general, Fausto
Bertinotti, al cual algunos siguen atribuyendo la culpa de la
caída del primer gobierno de Prodi en 1998, dio muchos pasos
para tranquilizar a los aliados y en algunos casos disgustar a
los suyos. Entre éstos, a pesar de condenar la guerra, no hace
ninguna concesión a la resistencia iraquí y, en una polémica
entrevista, abjuró del concepto de “clase” en favor del de
“persona”. Debería ser suficiente para garantizarle la
presidencia de la Cámara de Diputados. Junto a Refundación
Comunista se encuentran otras tres fuerzas que pesan cada una
un 2 por ciento. Están los verdes, otro partido comunista, que
se separó de Refundación en 1998 para quedar en el gobierno, y
la lista del juez de Manos Limpias, Antonio di Pietro. Sin
embargo es de la derecha de la centroizquierda de donde llega
la novedad más interesante. Se trata de la coalición entre un
sector del antiguo Partido Socialista y el Partido Radical. La
Rosa en el Puño –este es el nombre y el símbolo de la lista–
podría tener el 4 por ciento de los votos. Los radicales,
aliados de Berlusconi en el año 2001, son un partido
ultraliberal y filoestadounidense y han defendido todas las
guerras de los últimos años. Sin embargo, frente a la
aquiescencia del resto de la centroizquierda hacia el
Vaticano, los radicales se hacen abanderados de la defensa de
la laicidad del Estado. En la centroderecha las cosas son
más sencillas. Las listas principales son apenas cuatro,
aunque hay dos listas menores abiertamente fascistas. Forza
Italia, el partido que en 12 años jamás eligió ningún cargo ya
que todos fueron nombrados por el “dueño” Silvio Berlusconi,
podría perder uno de cada tres votos obtenidos en 2001
superando a duras penas el 20 por ciento. Se beneficiarán
Alianza Nacional (an) a su derecha, y la Unión Demócrata
Cristiana (udc) a su izquierda. Los primeros prevén rozar el
15 por ciento de los votos y los segundos superar el 5. No es
mucho si se piensa que en los últimos dos años criticaron
ásperamente el liderazgo de Berlusconi. Queda la Liga Norte.
El partido más xenófobo de Europa –hace un mes fue expulsado
de su grupo parlamentario en Estrasburgo por sus posiciones
racistas– tiene su caldo de cultivo en el norte profundo donde
gobierna muchas provincias, pero jamás logró exportar su
discurso al resto del país. La eventual derrota de Berlusconi,
después de una trágica experiencia de gobierno para la Liga,
desatará una inmediata campaña secesionista y de odio contra
Italia, el Estado de bienestar y los inmigrantes. No esperan
otra cosa, y para un gobierno de centroizquierda será un
problema grave.
Publicado en Brecha el 7 de abril de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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