Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
16 de abril de 2006
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El día en que los “tanos” salvaron a Italia
Berlusconi a su casa
Las elecciones en Italia se decidieron a favor de la
centroizquierda por muy poca diferencia. En el Senado
resultaron decisivos los italianos en el exterior, que votaban
por primera vez. Silvio Berlusconi todavía no aceptó la
derrota y George W Bush no felicitó a Romano Prodi.
Gennaro Carotenuto desde Roma
Italia sobrevivió a un
psicodrama bajo la forma de elecciones. La Unión, la coalición
de centroizquierda, al final ganó y su líder, Romano Prodi,
gobernará el país. Se impuso a la coalición de derechas en
condiciones muy especiales, inesperadas y difíciles. En la
Cámara de diputados logró ganar por apenas 25.224 votos (de
casi 40 millones), tanto que Silvio Berlusconi pidió un
recuento de los mismos y no aceptó aún la derrota, aunque sus
aliados no parecen acompañarlo en esta última trinchera. La
Unión obtuvo un cómodo premio de mayoría que le otorga 340
escaños contra 277 (347 contra 283 el total) que van a la
futura oposición de derechas. Mucho más compleja resultó la
situación en el Senado. La derecha triunfó por más de 200 mil
votos. Italia tiene un bicameralismo perfecto, pero en el
Senado votan sólo los mayores de 25 años. El dato político es
que –por primera vez desde los ochenta– los jóvenes volvieron
a votar a la izquierda más que los mayores. En la Cámara alta
la izquierda logró triunfar sólo gracias a los italianos en el
exterior, que la votaron abrumadoramente. Así logró una
ajustadísima mayoría de apenas dos escaños. Así, la Unión
tiene una cómoda mayoría en una cámara y una ligerísima
ventaja en la otra. Romano Prodi intentará gobernar con lo que
hay, pero el escenario político que surge es muy
complejo.PSICODRAMA ELECTORALEl juego del nuevo y
tramposo sistema electoral impuesto por Berlusconi –con la
esperanza de hacer menos amarga su derrota– se le volvió en
contra. Le impidió ganar e hizo que la ventaja que la
centroderecha tuvo en votos en el Senado se le perdiera en
escaños. A las tres de la tarde del lunes, los “boca de urna”
más falaces de la historia daban nueve puntos de ventaja a la
centroizquierda (54-45 por ciento). ¡Un triunfo! La
explicación que se dio es que a mucha gente le dio vergüenza
admitir que seguía votando a Berlusconi. En la tarde pareció
claro que la derecha seguía triunfando en todo el norte y en
un par de regiones importantes del sur, Apulia y Sicilia. Sin
embargo, a la hora de cenar, aunque en la Cámara parecía
prevalecer la derecha, ésta había despilfarrado toda su
ventaja en el Senado a causa de la ley electoral: apenas le
quedaba un senador más que a la izquierda, 154 contra 155. La
fiesta de la izquierda se transformaba en drama. Romano Prodi,
que había anunciado que hablaría a las 18.30, retrasó cuatro
veces su discurso en la Piazza del Popolo de Roma. A la
medianoche la Cámara fue asignada a la izquierda por unos
pocos miles de votos. A las dos y media de la mañana, aunque
aún con dos cámaras con distinta mayoría, Romano Prodi
apareció por fin y pudo anunciar un triunfo que tenía gusto a
nada. Sin embargo el cuento –y el recuento– no había
terminado. Como en las películas, los buenos –que por
supuesto son los de izquierda– habían ganado, luego perdido,
vuelto a ganar y a perder. Sin embargo, a última hora, al
mediodía del martes, cuando en la ciudadela sitiada de la
izquierda ya reinaba la desesperación, llegaron los
salvadores. Hablaban lunfardo, brokkolino (el italiano de
Nueva York), o el italiano de Australia o de Alemania. Era la
primera vez que los italianos emigrados votaban. Ninguneados
por la izquierda, que siempre estuvo en contra de otorgarles
este derecho, siempre fueron considerados un coto de caza de
la derecha fascista. Jamás un prejuicio resultó tan falso. De
los seis senadores (y 12 diputados) elegidos en el exterior,
cuatro lo fueron por la izquierda, y el independiente
argentino Luigi Pallaro votará con la mayoría que así llega a
158 senadores contra 156 de la derecha. Son cinco regalos que
los italianos en el exterior le hacen a la izquierda italiana
sin que ésta haya hecho nada para merecerlos. Y la salvan.
Devuelven la mayoría a Prodi que intentará gobernar la crisis
en la cual Italia se precipitó después de cinco años de
berlusconismo. El país donde más gente fue a votar fue
Argentina (más de 200 mil votos), seguido por Suiza y Alemania
con más de 150 mil. Uruguay fue el país con la mayor
participación: el 63 por ciento acudió a votar, casi 30 mil
personas. El único país en el mundo donde ganó la derecha fue
en Estados Unidos.LOS PLEBEYOS ACOMODADOSLos números
hacen evidente que Berlusconi no fue castigado por las urnas
sino por su mala fe. La izquierda, por su parte, no supo ganar
y si triunfó fue de casualidad, salvada por los emigrantes que
jamás quiso que votaran y jamás hubiese pensado que la
votaran. Es un resultado político que restituye un país
dramáticamente dividido. Berlusconi, en esta década negra, en
la cual Italia bajó en todas las clasificaciones, en economía,
cultura, libertad de prensa, supo interpretar el sagrado
egoísmo social de las clases que se reconocen en él.
Especialmente en el norte y compactamente en las regiones
económicamente más pujantes, Lombardia, Veneto, la izquierda
tardará años en recuperarse. El líder de Forza Italia es una
anomalía en el sistema político europeo, pero interpreta un
modelo económico liberal que no es anómalo. La anomalía es
simplemente su manera de obtener un consenso a esta altura
consolidado. Interpreta el miedo de su sociedad “plebeya
acomodada” –para utilizar un oxímoron eficaz–, miedo de perder
sus riquezas, el cortoplacismo de la xenofobia, la
desconfianza hacia la solidaridad social, el odio a los
impuestos. Aterroriza a los suyos con sus televisores, que son
de pantalla chata y de 56 pulgadas, y los tranquiliza con
promesas sencillas. En el último debate de la campaña,
Berlusconi acusó a Prodi de la blasfemia de querer que los
hijos de los obreros sean como los hijos de los profesionales.
Muy pocos políticos se hubiesen atrevido a tanto. Sin embargo
el Veneto es la región rica del mundo con el más bajo nivel
escolar. Hace décadas que el hijo del obrero de ese lugar
decidió que no le servía ser doctor para alcanzar un universo
de consumos pagables en 12 cuotas sin interés. La izquierda,
simplemente, no tiene recetas, no tiene un lenguaje común con
este lumpen-proletariado acomodado. Puede moderarse, puede
radicalizarse, pero no llega a nada cuando habla de cultura o
solidaridad. En cambio Berlusconi, cuando dice que las cosas
van bien porque todos en Italia tienen celular último modelo,
está diciendo algo tangible, porque todos, especialmente sus
electores, pueden comprobarlo en sus propias manos. Y no
importa que el resto de Italia sea distinto, que desde
Florencia a Nápoles, de Bolonia a Roma la izquierda siga
siendo mayoría, y la cultura, la solidaridad, el pacifismo
sigan siendo valores fundamentales. El motor de Italia sigue
siendo el norte, y la izquierda sólo puede lograr triunfos
parciales, o casuales, como este último. Que sin embargo no es
poco, si se logró derrotar a Berlusconi.LOS DATOS
POLÍTICOSEn las dos coaliciones hubo modificaciones
diferentes. Berlusconi, logrando que toda la contienda fuera
focalizada sobre su persona, logró que su partido quedara
primero en el país. Sus aliados sufrieron, pero el general
buen resultado de la derecha hizo que mantuvieran sus
posiciones: Forza Italia tiene el 23,7 por ciento, Alianza
Nacional el 12,3, los centristas de la udc el 6,8 y la Liga
Norte el 4,6 por ciento. En la izquierda los movimientos son
más interesantes. Hay un general fortalecimiento de la parte
radical. Los dos partidos comunistas y los verdes superan en
conjunto el 10 por ciento en la Cámara y el 11,5 en el Senado.
Hay una área antagonista, aún fragmentada, del 15 por ciento
que ahora llega a la difícil prueba de gobernar. Sufren las
fuerzas grandes de la coalición. Los Democráticos de Izquierda
y los católicos progresistas de la Margherita se presentaban
juntos en la Cámara y divididos en el Senado. En la primera
anduvieron muy bien, con el 31,3 por ciento. En la segunda los
ds se quedaron en el 17,5 y los aliados en el 10,7 por ciento.
Los puntos que faltan son la medida de la aceleración hacia el
partido único de la izquierda moderada. Prodi ya anunció que
las dos fuerzas formarán grupos parlamentarios únicos. Todas
las fuerzas coaligadas contribuyeron a sumar los 19.001.684
votos que permitieron superar en un 0,07 por ciento a la
derecha, que quedó en 18.976.460. Prodi tiene por delante el
dificilísimo objetivo de cohesionar una mayoría que en el
Senado cuenta con una ventaja mínima. Berlusconi, en pos de
quedar en el centro del cuadro político, ya propuso una gran
coalición inspirada en el modelo alemán. Prodi y sus aliados
la rechazaron rotundamente. El primer objetivo –aún antes de
formar gobierno– es la elección del nuevo presidente de la
república. Los siete años de Carlo Azeglio Ciampi vencen en
los primeros días de mayo. El anciano (86 años) pero
respetadísimo presidente se declaró contrario a permanecer en
su cargo. Sin embargo para la centroizquierda una confirmación
de Ciampi sería la solución más sencilla.
Publicado en Brecha el 14 de abril de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
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