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22 de abril de 2006

La República de Uruguay - 18 de abril de 2006

El huevo de la serpiente

Susana Andrade
Sabíamos que iba a suceder. Sorprende igual la capacidad de petulancia y la falta de pudor cívico --se podría decir creciente-- que practica este itinerante lipoma social de retirados militares, que donde pueden vierten su pernicioso discurso de alabanzas al pretérito régimen de facto en Uruguay.

La actitud abiertamente desafiante --no sólo al Presidente y su gobierno sino hacia la sociedad toda-- es un mensaje en sí misma. Ante la decisión oficial de no conmemorar "el día de los caídos", reforzaron sus festejos y, por supuesto, la elocuencia de sus declaraciones.

Luego de más de treinta años de oscurantismo fue posible recuperar y fortalecer nuestro sistema republicano volviendo a las urnas y eligiendo hace un año por clara mayoría, al mandatario que hoy suspendió el carácter de acto gubernamental a la citada recordación castrense, relacionada a hechos acontecidos en dictadura.

Los antes guerrilleros, los tupamaros, han demostrado su integración al colectivo, su sometimiento a los métodos legales de gobierno. Clímax de esto es la actuación política concretada en triunfos abrumadores como resultado de elecciones libres. Fue el pueblo quien los puso allí. El MLN resignó la metralleta por la arenga popular y convenció; aunque a algunos pese, con su prédica social y trabajo militante esencialmente pacífico.

Contra esto, quienes avasallaron las estructuras sociopolíticas, dando con los pies calzados de botas en medio del pecho de cada uno de los tres poderes del Estado, hoy reivindican su accionar y le rinden loas, evocando un pasado de exterminio a los derechos humanos al que sólo falta que le pongan música. Si al menos para pedir consideración lo hicieran desde la contrición de un mea culpa, tal vez se les miraría con otros ojos.

En mi calidad de ciudadana del Uruguay libre, me siento ofendida por los hechos acontecidos en torno al llamado "homenaje a los caídos", y necesito defenderme de lo que considero un virtual ataque a las instituciones democráticas. ¿Quién nos protege de estas semillas de represión que germinan al cuidado de nostálgicos golpistas? Por un lado luchamos por restaurar una trama social herida en profundidad por sistemas corruptos de mandos militares y estados apócrifos, y por el otro acunamos aún en el seno de esas mismas sociedades resabios dictatoriales, "prosapios" huevos de serpiente alimentados al calor del humus de las arengas de la "familia militar".

¿Están creadas hoy las condiciones para el anidamiento de embriones nazifascistas? ¿Quiénes cooperan en su gestación? ¿Los blandengues? ¿Los comandantes en jefe y autoridades policiales en ejercicio? ¿Qué hacían ahí sino legitimar el significado de honras a la dictadura militar de tales actos? Las señales son claras y si no quieren parecer, no sean.

Más preguntas. Los que estuvieron involucrados con el golpe de Estado, ¿realmente creen que puede haber algo actual que predisponga a la gente contra ustedes como dijeron? Reunidos en clubes de ex torturadores con remembranzas de un pasado de picana y cepo, ¿acaso piensan que van a recuperar el respeto de alguien?

Lo que digo se percibe no tanto por saberes académicos sino con el olfato popular. El pueblo al fin no es "celui qui ne comprend pas".

Los que parecen no entender son ellos.

 
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