Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
21 de abril de 2006
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Italia
Berlusconi juega a la crisis institucional
Romano Prodi, con una mayoría casi inexistente en el
Senado, intentará formar un gobierno que nace débil pero que
es la única alternativa al retorno de Silvio Berlusconi. Éste,
con el respaldo de George W Bush, se atrincheró en no
reconocer el ajustado triunfo de la centroizquierda en Italia.
Es una asonada inquietante que no tiene precedentes en Europa
occidental.
Gennaro Carotenuto desde Roma
La Cassazione, la Suprema Corte italiana, después de
una semana de recuentos exigidos por el primer ministro Silvio
Berlusconi, que pretendió que “los resultados deben cambiar”,
confirmó el miércoles que la Unión, la coalición de
centroizquierda italiana, ganó las elecciones del pasado
domingo 9 de abril. En la Cámara de diputados mantuvo una
ventaja de apenas 24.755 votos. Es apenas el 0,07 por ciento,
pero, a causa de la ley electoral impuesta por Berlusconi
pocas semanas antes de los comicios, le vale a la
centroizquierda un premio en escaños que le otorga una cómoda
mayoría de 348 contra 281 de la derecha. Los problemas para
Romano Prodi surgen en el Senado. En la Cámara alta un sistema
electoral pensado por Berlusconi previendo hacer menos grave
una eventual derrota, dio un virtual empate. La
centroizquierda deberá intentar gobernar con una mayoría de
158 senadores contra 156 de la derecha, y serán decisivos los
senadores elegidos por los italianos en el exterior. El
resultado del recuento modificó en apenas unos cientos de
votos el resultado electoral anunciado el pasado martes 11 de
abril. Se confirmó que Italia no tiene una tradición de
fraudes electorales y que el gobierno de Berlusconi, que
mantuvo en sus manos el proceso electoral, no fue víctima de
ningún complot comunista. Perdió no tanto por la propuesta
política de la centroizquierda sino por su naturaleza propicia
a la jugada sucia y a las artimañas. Con la anterior ley
electoral la Casa de la Libertad (CDL) hubiese ganado. La
pretensión de Berlusconi de confirmar los presuntos fraudes
dejó muy mal parado a su ministro del Interior, Giuseppe
Pisanu. Era su deber confirmar que el proceso electoral se
había desarrollado de manera regular –como realmente sucedió–,
pero las pretensiones de su jefe de partido eran que “al menos
un millón cien mil papeletas” fueron manipuladas por los
“comunistas”.EL RESULTADO DEBE CAMBIARLa Italia
poselectoral no parece un país al borde de la guerra civil ni
dividido entre el bien y el mal. Vivió con desconcierto pero
también con normalidad una semana en la cual posiblemente
Berlusconi evidenció síntomas graves de autismo. Es difícil
evaluar su estrategia política. Aparentemente no está
coordinada ni siquiera con sus aliados y parece focalizada en
su personal incapacidad de aceptar la derrota más que en un
racional cálculo político. Sería una estrategia hija del
Silvio que se compara con el emperador Justiniano o con
Napoleón, o que declara –sin que nadie lo interne en un
manicomio– que él es el “ungido de Dios” y que no puede ni
siquiera considerar la hipótesis de ser derrotado por “ese
señor” –Prodi– al que definió públicamente como “un idiota”.
Si así no fuera, estaríamos realmente frente a un plan
subversivo con el cual estaría colaborando activamente el
gobierno de Estados Unidos. Y esto también es parte del
carácter del multifacético Berlusconi. Como miembro de la
logia masónica secreta P2, dirigida por el fascista Licio
Gelli, respaldó a la dictadura argentina y el “plan de
renacimiento democrático” que en los setenta y ochenta
pretendía instaurar en Italia un gobierno autoritario. Desde
el martes 11 entabló su estrategia en varias direcciones. De
un lado estaba la protesta por los fraudes comunistas, el
pedido del recuento y el no reconocimiento de la victoria de
la centroizquierda sancionada por su propio ministro del
Interior. Del otro, ofrece la albóndiga envenenada de una
“gran coalición” a la alemana. Su intención es probablemente
abrir un diálogo con la parte de la centroizquierda que opina
que el gobierno que nacerá será demasiado débil para
prosperar. Los días siguientes serán un circo de anuncios de
descubrimientos de nuevos supuestos fraudes que al final
resultarán inventados. Significativa ha sido la postura de la
administración estadounidense que nunca ha abandonado a su
aliado en la guerra de Irak. Lo hizo apenas ayer, jueves de
tarde. Más de 24 horas después del dictamen de la Corte, el
vocero del Departamento de Estado Sean McCormack declaró que
el gobierno de Estados Unidos “trabajará con el gobierno de
Prodi”. Nada más, ni un llamado, ni siquiera un mensajito de
celular le mandó Bush a Prodi. Durante estos días –es la
interpretación más sensata– Bush ha estado negociando un
retraso en el retiro italiano de Irak, ya anunciado por Prodi,
o la impunidad para los agentes de la cia que secuestraron en
Milán al ciudadano egipcio Abu Omar o a los asesinos en Bagdad
del agente secreto Nicola Calipari. El ministro de Justicia
saliente, Roberto Castelli, declaró que estos casos no se
pueden dejar en manos “antiamericanas”. Así, para ganar
apenas 469 papeletas de los 40 millones de votos emitidos,
Berlusconi durante más de diez días sembró el veneno de la
desconfianza en la democracia italiana. Y el cuento no se ha
terminado. A pesar del veredicto final, Berlusconi se enfrascó
con su partido en el no reconocimiento de su derrota. Lo
respalda la Liga Norte mientras sus otros dos aliados tomaron
caminos distintos. Los democristianos de la udc felicitaron a
Prodi apenas se dio a conocer el dictamen. Si éste lograra
empezar su labor como primer ministro, algunos de sus 21
senadores podrían ser tentados a respaldarlo. Los
nacionalistas (posfascistas) de Alianza Nacional no lo
felicitaron pero “tomaron acto148; –aceptaron– a regañadientes
el resultado electoral. Berlusconi ni eso. Así que todavía
no ha finalizado el tétrico espectáculo ofrecido al mundo por
Berlusconi y los suyos. Hace dos semanas, el semanario
satírico toscano Il Vernacoliere editó una portada que
anunciaba: “Berlusconi no quiere perder, y si pierde quiere
que volvamos a votar hasta que gane y luego no votamos nunca
más”. Como en la Edad Media el juglar fue el único que se
atrevió a decir la verdad: jamás en la historia de la Europa
occidental de posguerra alguien se había atrevido a poner en
vilo la democracia en pos de no admitir su derrota personal,
deslegitimar a sus opositores e impedir un sereno cambio de
mando.LOS PROBLEMAS DE LA UNIÓNEl diario británico The
Financial Times predijo esta semana que el gobierno de Prodi
será incapaz de mejorar las cuentas públicas italianas y que
esto causará el quiebre del país, del euro y el fracaso de la
moneda única europea en el año 2015. Es un viejo deseo de los
centros económicos de los países anglosajones que sin embargo
difícilmente se hará realidad. Sin embargo el panorama que
enfrenta Prodi es objetivamente difícil. La realidad es que el
gobierno de Berlusconi colocó las cuentas del país fuera de
control y que si hoy Italia quisiera entrar en el euro estaría
muy lejos de poder cumplir los requisitos mínimos. Prodi
deberá formar un gobierno de izquierda sabiendo que una
política de expansión del gasto público es imposible a causa
de los agujeros heredados del gobierno de Berlusconi. Deberá
formar un gobierno con pocas posibilidades de satisfacer a sus
electores y de realizar su programa y también con pocas
posibilidades de satisfacer los apetitos de su clase política.
El primer problema le hará difícil la vida con la parte
radical de su coalición, el segundo le hará la vida imposible
con la parte moderada. Intentará formar un gobierno con mucha
autoridad nombrando como ministros a todos los líderes de la
coalición y probablemente poniendo como ministro de Economía a
un hombre prestigioso y grato para los mercados como Tommaso
Padoa Schioppa, del Banco Central Europeo, o Mario Monti,
apreciado comisario europeo de la Libre Competencia. Sin
embargo el camino que conduce al gobierno se cruza con la
elección del nuevo jefe del Estado. Carlo Azeglio Ciampi,
presidente saliente, ha compilado una agenda que prevé en la
próxima semana la toma de posesión de las dos cámaras, con la
elección de sus presidentes. En el Senado irá el centrista
Franco Marini. En la Cámara, Prodi quisiera anclar al
comunista Fausto Bertinotti pero los Democráticos de Izquierda
quieren imponer a su presidente, Massimo d’Alema. El ajedrez
sería de fácil solución si D’Alema estuviera seguro de poder
ser presidente de la República. En los diez primeros días de
mayo la izquierda de la coalición quiere que Ciampi encargue
oficialmente a Prodi formar gobierno y que éste tenga ya la
lista de ministros para obtener rápidamente el voto de
confianza. Luego se votaría al sucesor de Ciampi con Prodi ya
en su cargo. Sin embargo Ciampi no está de acuerdo con este
mapa de ruta. Piensa que siendo él presidente saliente, sería
una cortesía institucional dejar que fuera su sucesor quien
nombrarara a Prodi. Entre una hipótesis y la otra hay al menos
15 o 20 días en los cuales Berlusconi quedaría como jefe de
gobierno y probablemente sin reconocer aún a Prodi y tramando
contra él. Italia hoy no se puede permitir cortesías
institucionales.
Publicado en Brecha el 21 de abril de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
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