Hugo Cores - rodelu.net |
30 de abril de 2006
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Tareas de gran responsabilidad para Fucvam, Pit-Cnt y FA
1º de Mayo: cuestiones de interés para frenteamplistas
Hugo
Cores, PVP - Frente Amplio - Uruguay
El
acto de mañana, en el que se conmemora un nuevo aniversario del 1 º de
Mayo de 1886, permitirá que se oigan otras voces y otras opiniones sobre la
situación de los trabajadores uruguayos después de 14 meses de gobierno
progresista.
Es un momento apropiado para analizar el panorama sindical desde el ángulo de
un militante frenteamplista. Las grandes organizaciones de masas del pueblo
uruguayo, Fucvam, el PIT-CNT y el Frente Amplio tienen en su futuro inmediato
tareas de gran importancia que imponen responsabilidades.
Las relaciones entre fuerzas sociales y formaciones políticas no tienen por
qué ser idílicas. Pero no pueden ser de avasallamiento ni de obediencia debida.
Ni su intercambio puede ser un diálogo de sordos.
La conmemoración
Las movilizaciones obreras que culminaron en los trágicos episodios de 1886 y
1887 se correspondían a un momento de desarrollo intenso del capitalismo
industrial norteamericano. Nuevos territorios y recursos naturales y nuevos
contingentes de población que llegaba de Europa eran absorbidos por la impetuosa
maquinaria industrial del capitalismo monopólico.
La expansión reposaba en la explotación implacable de la mano de obra. La
jornada laboral se extendía a 14 y hasta 18 horas. La miseria reinaba en las
grandes ciudades.
Los trabajadores se organizaron para enfrentar las reglas de juego impuestas
por el capital y la demanda de reducción de la jornada a 8 horas fue concitando
un apoyo cada vez más fuerte. Entre los animadores de esta movilización estaban
los inmigrantes socialistas y anarquistas que serán juzgados y condenados en
Chicago.
En un excelente trabajo de Rafael Rodríguez Cruz (Rebelión) se resumen así
los hechos. Los acusados fueron ocho: Spies, Parsons, Fischer, Engel, Lingg,
Schwab, Fielden, y Neebe. En su mayoría eran inmigrantes alemanes (...)
El veredicto llegó el 20 de agosto de 1886, luego de uno de los juicios más
entrampados en la historia de Estados Unidos, sin prueba alguna, con un jurado
absolutamente parcializado y un sistema judicial decidido a encontrarlos
culpables.
(...) A pesar de toda la protesta nacional e internacional, el jurado
sentenció a cinco de los ocho anarquistas a morir en la horca. Tres de ellos
recibieron condenas muy largas. El 10 de noviembre de 1887, Lingg se suicidó en
la celda.
Al otro día se produjo el asesinato de cuatro líderes obreros inocentes. Una
masa gigantesca de seiscientos mil trabajadores pobres, brutalizados por las
agobiantes jornadas de trabajo de hasta 18 horas diarias, se presentaron al
entierro de los que vendrían a conocerse de inmediato como los Mártires de
Chicago.
La agitación y la movilización obrera le había dicho que No a una realidad:
la producción fabril había convertido al trabajador en una pieza más del
engranaje industrial. Los horarios interminables lo convertían en un
esclavo.
La protesta se situó, justamente, para reclamar no solo contra un prototipo
de desempeño industrial sino para rechazar un modo de vida. Un lugar en la
relaciones de producción que arruinaba la calidad de vida de los asalariados.
Organizando la protesta, reivindicaron su condición humana. Su negativa a
convertirse en piezas inanimadas y descartables en el modo de producción
capitalista.
Más de un siglo después, los trabajadores siguen luchando por jornadas de
trabajo y retribuciones salariales que permitan una calidad de vida digna de un
ser humano.
Todas las memorias
El 1º de mayo ha sido y es una elaboración histórica, la construcción y
reconocimiento de una fecha realizada desde abajo. El registro de episodios que
se evocan porque en ellos está contenida la identidad de la clase obrera. Esa
clase social que es un lugar en la producción más la conciencia de pertenecer a
un movimiento histórico.
Memoria del 1º de mayo de 1886 pero también memoria del otro país que fue
Uruguay. El registro del saqueo a las familias trabajadoras que se perpetró
antes y durante la dictadura y que los gobiernos neoliberales no hicieron más
que agravar. Que lo de hoy ha sido el resultado de un acto de fuerza y de un
saqueo, importa tenerlo en cuenta cuando una nueva fuerza se hace cargo del
gobierno.
Antes vivimos un período de primacía de un modelo industrialista, con el
Estado y las empresas públicas como factor de regulación y defensa del espacio
económico nacional, con el desarrollo de políticas de fortalecimiento del
mercado interno y defensa de los salarios. Un modelo de capitalismo
desarrollista que, con sus luces y sombras, existió en los años anteriores a la
deformante tutela de FMI.
Durante decenios, nadie se fue del país. Por el contrario. En pocos lugares
del mundo los trabajadores se alimentaban como los obreros uruguayos o igualaban
su calidad de vida. La atención de la salud era accesible a los asalariados y la
educación pública se desarrollaba con los niveles más altos de América Latina.
En la ciudad existían barrios y diferencias y conflictos de clase, pero no había
guetos de lacerante pobreza ni 'parques exclusivos' y en las esquinas no se
agolpaban los niños pidiendo limosna.
Ese fue el modelo hegemónico durante buena parte del siglo XX hasta mediados
de los sesenta, cuando a sangre y fuego se impuso la congelación salarial, la
clausura de los Consejos de Salarios y la represión a toda forma de acción
sindical.
Esas realidades mostraban las relaciones de fuerza entre las distintas
clases. A partir de mediados de la década del 60 se fortaleció la ofensiva
contra los asalariados. El autoritarismo había venido a terminar con las
conquistas sociales de la democracia uruguaya.
Se han escrito varios libros en los que se sostiene que las luchas de
entonces nacieron por obra y gracia de las concepciones perniciosas del
marxismo, traídas desde afuera, de Cuba o de la Unión Soviética.
Siendo importantes, las 'ideas perniciosas' no hicieron las huelgas ni
ocuparon las fábricas. Lo que impulsó y prolongó los enfrentamientos de clase
fue el despojo social, la avidez capitalista y el ataque a la calidad de vida de
los trabajadores.
Las voces obreras las escucharemos en el acto de mañana. Sobran razones para
pensar que serán tema de análisis. Especialmente deberán serlo para los
frenteamplistas que estamos en una situación especialmente hábil, y a la vez
exigida, con relación a las demandas de las organizaciones de trabajadores.
Publicado en
La República el 30 de abril de 2006
Hugo
Cores
cores567@adinet.com.uy
www.pvp.org.uy
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