Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
29 de abril de 2006
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Irán-Estados Unidos
Y sin embargo se hablan
A
pesar de las recíprocas amenazas, habría tratativas
secretas entre Irán y Estados Unidos que podrían evitar la
próxima guerra deseada por George W Bush
Gennaro Carotenuto desde Roma
Hoy, viernes 28, el Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas debería decidir si sancionará a Irán a pedido
de Estados Unidos. Teherán está acusada por la superpotencia
de haber puesto en marcha su programa de enriquecimiento de
uranio, lo que sería una violación del Tratado de No
Proliferación Nuclear. El hecho llega en medio de una escalada
de tonos duros y recíprocas amenazas bélicas. La situación
parece bloqueada aunque hay múltiples planes para solucionar
la crisis. Hace 30 días el Consejo de Seguridad pidió a
Teherán que renunciara a sus planes y encargó a la Agencia
Internacional para la Energía Atómica hacer las averiguaciones
pertinentes. Sin embargo, el pasado 11 de abril el gobierno
iraní presumió ante el mundo de que ya poseería armas
nucleares. Según el diario saudita que se publica en Londres
Al Hayat, Condoleezza Rice, secretaria de Estado
estadounidense, podría haberse encontrado con emisarios
iraníes en la capital turca, Ankara, este miércoles. Habría
llevado una propuesta de suspensión del programa nuclear iraní
por un tiempo “máximo” de dos años. No sería el único terreno
en el cual dialogan los dos enemigos. Hoy día Irak es una
suerte de condominio iraní-estadounidense. Cada uno juega su
partido, pero tanto los neocon-servadores como los ayatolás
son objetivamente aliados en el escenario iraquí, hasta el
punto que hay quienes hablan de ocupación
iraní-estadounidense. Ésta organizaría en conjunto –entre
otras cosas– los escuadrones de la muerte que martirizan a la
comunidad sunita y que son controlados por el ministro del
Interior, Bayan Jabr, exponente de las brigadas Al Badr,
entrenadas en Teherán y del mayor partido chiita, aliado firme
de Washington.EL HONGO ATÓMICOLa moción sobre la que
deberá pronunciarse hoy el Consejo de Seguridad no implica
considerar a la presunta escalada nuclear iraní como una
amenaza a la seguridad planetaria, como pretendía Estados
Unidos. Rusia y China lograron eludir esa consideración,
haciendo más lento el paso de Estados Unidos hacia una posible
nueva guerra. Irán, como firmante del Tratado de No
Proliferación Nuclear, aceptó renunciar a poseer armas
nucleares a cambio del derecho a construir y utilizar
centrales atómicas con fines pacíficos. La presunción
estadounidense de que los fines pacíficos escondan en realidad
fines bélicos –lo que probablemente es cierto– comporta el
hecho de que se subordine a este peligro el derecho iraní a
poseer centrales nucleares pacíficas, derecho sancionado por
el mismo tratado. Las delirios verbales del presidente iraní
Mahmoud Ahmadinejad –orientados a la cohesión interna del
régimen– le dan a Estados Unidos una excelente herramienta
para impulsar una carrera hacia una guerra probablemente ya
decidida por Washington al menos desde 2003, como ha revelado
esta semana el diario The Wa-shington Post. Y sabiendo la Casa
Blanca que jamás podrá sustentar una invasión terrestre de un
país como Irán, con cinco veces más habitantes que Irak, la
amenaza de guerra es una amenaza atómica, como ha revelado en
el semanario The New Yorker el periodista Seymour Hersh. Como
en Irak Estados Unidos respondió con armas químicas auténticas
a armas químicas inventadas, así en Irán reaccionaría con
armas nucleares auténticas a armas nucleares presuntas.
Durante todo el mes de marzo, especialmente la prensa de India
indicó cómo la estrategia de Estados Unidos consiste en
impulsar a Irán a impugnar y salirse del Tratado de No
Proliferación Nuclear, a causa de la imposibilidad de hacer
valer su derecho a utilizar pacíficamente la energía nuclear.
Si así fuera, Irán sería formalmente libre de desarrollar su
bomba atómica pero, a cambio, sería difícil para las demás
potencias contrarrestar políticamente la eventual voluntad
bélica de Estados Unidos.ESTRATEGIAS EXTREMASEl
presidente Ahmadinejad, mientras tanto, sigue su campaña de
provocaciones basada en una retórica nacionalista con puntos
delirantes, como cuando niega la legitimidad del Estado de
Israel, amena-zándolo. En cambio, el domingo pasado la radio
estatal iraní anunció, sin más detalles, que se habría
alcanzado un acuerdo con Rusia para que el enriquecimiento del
uranio, necesario para alimentar las centrales nucleares
iraníes, sea realizado en este país. Probablemente sea un
intento iraní para no dejarse arrinconar por las Naciones
Unidas. En febrero pasado esta solución –la supervisión rusa
del empren-dimiento nuclear iraní– había sido casi lograda,
aunque luego fuera rechazada en un brote nacionalista del
régimen persa. Más: frente al pedido estadounidense a Rusia de
interrumpir cualquier colaboración con Irán, el Ministerio de
Relaciones Exteriores ruso respondió con aspereza que Rusia
tiene el derecho de colaborar con quien quiera. Así Rusia
continuará trabajando en la construcción de la central nuclear
de Busher ya que esta obra no viola de ninguna manera el
tratado.EL PAPEL DE CHINAComo sucede en otras partes del
mundo –incluyendo Latinoa-mérica–, el papel de China como
actor global está cambiando la geopolítica plane-taria. Y con
respeto a Irán los enormes intereses de Pekín en el área
juegan un papel fundamental, que podríamos definir de
“pragmático-conciliatorio”. Como otros actores –Rusia, Arabia
Saudita, India–, Pekín no tiene interés en una escalada
belicista estadounidense y rechaza tanto cualquier tipo de
sanción como la amenaza del uso de la fuerza. China recibe de
Irán el 15 por ciento del petróleo que necesita, y cantidades
enormes de gas. Contrabalancea con participaciones importantes
en la construcción de oleoductos, en la flota petrolera iraní,
produce automóviles y hasta construye el metro de Teherán. En
el encuentro entre Bush y Hu Jintao de la pasada semana, el
segundo instó al primero a insistir en las negociaciones con
Irán. El primero, de su lado, intentó demostrar que la agenda
iraní de China coincide con la estadounidense y que las dos
potencias tendrían como exigencia primaria el impedir a
Teherán el acceso al club de las potencias nucleares. Puede
ser; pero China no tiene ningún interés en un cambio de
régimen y como riesgo mayor para su economía ve el peligro de
que el petróleo persa deje de fluir hacia sus refinerías. El
mundo, mientras tanto, el que está comprando el petróleo a 74
dólares por barril, y el automovilista al cual le sale cada
vez más caro llenar su tanque, miran con desconcierto. Un
eventual bloqueo contra Irán de parte de Estados Unidos, o el
amenazado autobloqueo de parte de Irán, podría de inmediato
hacer trepar el precio del petróleo hacia los 100 dólares.
Ningún país, ni siquiera Arabia Saudita, tiene actualmente la
capacidad de sustituir en el mercado las cuotas
iraníes.
Publicado en Brecha el 28 de abril de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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