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semanas recientes hemos visto importantes acciones contra la ofensiva
mundial lanzada por el capital imperialista en los años 70 del siglo pasado. La
ofensiva se extendió a todas las latitudes, aunque más en los países
subdesarrollados: precarización del empleo, aumento de la desocupación, pobreza
y marginación, y privó de educación, salud y seguridad social a millones de
seres humanos. Esta tragedia humana forzó en los países del tercer mundo a un
creciente aumento de la migración hacia el norte.
Pero, a diferencia del augurio de los neoliberales, la aplicación de estas
políticas no llevó al fin de la historia ni a la desaparición de la lucha de
clases y de las ideologías. Al contrario, condujo al nacimiento de importantes
movimientos sociales antineoliberales e inclusive anticapitalistas. La derrota
del Contrato de Primer Empleo en Francia por la movilización unida de
estudiantes y trabajadores, así como las multitudinarias manifestaciones de los
migrantes hispanos y de otras nacionalidades en Estados Unidos por igualdad de
derechos son la más reciente prueba de que la solidaridad consustancial a las
fuerzas del trabajo sigue viva y que están decididas a presentar grandes
desafíos a las del capital.
En la lucha contra el capitalismo neoliberal, América Latina es la zona del
mundo donde se han experimentado los más importantes avances. Estos van desde
grandes movimientos indígenas y populares hasta la aparición de gobiernos, con
frecuencia resultado de la lucha de aquéllos, que mantienen distintos grados de
resistencia a las políticas de imposición y saqueo imperialista. En un hecho
notable de este desarrollo han llegado a la presidencia de sus países líderes
que encarnan las más sentidas aspiraciones de sus pueblos, como Hugo Chávez en
Venezuela y Evo Morales en Bolivia. Ahora bien, este despertar latinoamericano
ha sido estimulado en gran medida por la fuerza moral emanada de Cuba, que no
rindió sus banderas socialistas ni en los momentos más críticos en la década de
los años 90.
Al reunirse en La Habana en los días finales de abril los presidentes Evo
Morales, Hugo Chávez y Fidel Castro para acordar la incorporación de Bolivia a
la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), estaban
potenciando las relaciones de hermandad e integración entre los tres movimientos
populares de transformación social más vigorosos de la región latinoamericana,
en contraposición a los designios de Washington y sus adláteres. Antagónicos a
la codicia individualista intrínseca al "libre" comercio, sus objetivos están
signados por la solidaridad y el bienestar de los seres humanos. Para ilustrarlo
basta citar algunos datos de la relación cubano-venezolana.
Cuba recibe de Caracas petróleo y otros productos, así como créditos y
asistencia en el sector energético en condiciones favorables. A cambio ofrece a
Venezuela el capital humano formado por la revolución, especialmente en
educación, salud y deportes: 23 mil 601 especialistas cubanos atienden en
Venezuela una población de 17 millones que no disponía anteriormente de
servicios médicos, la que ha recibido 175 millones de consultas. Con asesoría
cubana funcionan, o están por abrir sus puertas en la patria de Simón Bolívar,
más de 600 centros de diagnóstico completo, rehabilitación integral y exámenes
de alta tecnología. Con el concurso de expertos y métodos cubanos En octubre del
pasado año, Venezuela fue declarada por la Unesco territorio libre de
analfabetismo y cientos de miles de venezolanos están inscritos en los programas
para alcanzar el sexto grado, el bachillerato y seguir estudios universitarios.
Paralelamente a la atención médica, los técnicos de la isla han organizado el
deporte en los barrios, lo cual ha mejorado ostensiblemente los rendimientos
deportivos internacionales de Venezuela. Este mismo tipo de colaboración se hará
extensivo a Bolivia, donde ya trabajan 600 médicos cubanos en 128 municipios y
está en marcha un proyecto de alfabetización conjunto con Cuba y Venezuela. En
centros hospitalarios de la isla han sido operados de la vista, con tecnología
de punta, 220 mil 571 latinoamericanos, de los cuales 188 mil 389 han sido
venezolanos. Muy pronto recibirán ese mismo beneficio 100 mil bolivianos
anualmente en los centros que Cuba ha donado a Bolivia. Empresas conjuntas
venezolano-cubanas operan en varios sectores, esquema en el que entrará Bolivia.
Al igual que en las luchas sociales de Francia y Estados Unidos, la solidaridad
es el hilo que teje estas realizaciones.
Publicado en La Jornada 4 de mayo de 2006