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4 de mayo de 2006

La Nación de Argentina - 3 de mayo de 2006

Conflicto diplomático:
el análisis de la noticia y la postura paraguaya

Final anticipado para un frágil Mercosur

Joaquín Morales Solá
El Mercosur se extingue por falta de aire. Tabaré Vázquez pudo cometer el error de la premura, pero marcó la dirección por la que se encamina Uruguay.

No está solo el presidente uruguayo. Hay, por el contrario, una opinión generalizada en la dirigencia de su país de que el Mercosur ha traicionado sus principios fundacionales. Se encerró en sí mismo, despreció a los socios más pequeños y se alejó de las oportunidades del mundo, del comercio internacional y de las inversiones.

Como si fuera poco, anoche se conoció una nueva reunión de algunos miembros del Mercosur, no todos, prevista para el jueves próximo en Iguazú. Brasil está preocupado -y ofuscado- con Evo Morales. La Argentina también. No importa. Uruguay y Paraguay no asistirán. Ellos también tienen crisis energéticas, estructuralmente más importantes que las de Brasil y la Argentina.

El conflicto argentino-uruguayo por las papeleras no hizo más que llevar a la superficie lo que estaba subyacente en el Mercosur. La Argentina no tuvo con Uruguay la generosidad ni la comprensión que se esperan del socio más grande (como sí la tuvo Brasil con la Argentina muchas veces) y la inutilidad comercial se convirtió también en impotencia política. Digan lo que digan, Uruguay ha decidido emprender su propio camino en el mundo, con el Mercosur o sin él.

Al revés de lo que se supone, Tabaré Vázquez era el más renuente de los dirigentes uruguayos a seguir esa senda. Su propia coalición de gobierno lo condicionaba -y lo condiciona- a tomar distancia del Mercosur. El propio presidente uruguayo esperó siempre más conciliaciones que enfrentamientos con Néstor Kirchner. Pero lo han metido en un laberinto sin otra salida que el adiós al Mercosur.

Raro escenario en el que la ola progresista de América latina (que no es la misma en todos los países, como se deduce frívolamente) está dinamitando la convivencia pacífica del subcontinente, devaluando su democracia y su sistema de libertades y promoviendo una patética pérdida de oportunidades. El escándalo político por las papeleras, que pudo encauzarse con sensatez, sólo conseguirá acobardar a los inversores en América latina.

El Mercosur nació no sólo para promover un mayor intercambio comercial entre sus países miembros; también lo hizo para integrarse al mundo como un bloque compacto de oportunidades para la inversión y de trasiego comercial. La conclusión es que Brasil y la Argentina acaban de firmar un trato de salvaguardias que limita el comercio entre ellos y que podría extenderse hacia Uruguay y Paraguay. Veinte años de retórica tirados por la borda.

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Ni Brasil ni la Argentina estuvieron convencidos ni fueron flexibles a la hora de firmar un tratado de libre comercio con la Unión Europea. Europa es un continente duro cuando se trata de negociar los subsidios agrícolas, pero también estaba interesado en llegar a un tratado con el Mercosur. Su experiencia con México, donde llegó tarde y mal tras el acuerdo del Nafta, le dejó una lección.

¿Era ésa la posición de todo el Mercosur? No. Uruguay y Paraguay debieron seguir una ruta con Europa que no les convenía. Los socios mayores nunca consultaron con Montevideo y Asunción o, al menos, no lo hicieron de manera convencida. Además, Uruguay no pudo exportar en el último año bicicletas a la Argentina ni arroz a Brasil. Los tratados del Mercosur son, a su vez, muy severos para abarcar las alianzas comerciales de sus miembros con otros países.

Ultimamente se agregó, también, un marcado sesgo ideológico. Hugo Chávez es la mejor expresión de esa posición. Pulverizó la Comunidad Andina de Naciones porque dos de sus países miembros, Colombia y Perú, iniciaron negociaciones con los Estados Unidos para un Tratado de Libre Comercio. Chávez amenazó también a los países del Mercosur con la expulsión (y su país no es miembro pleno aún de la coalición del sur americano) de cualquier nación que trabare negociaciones de TLC con Washington.

Pero el propio Chávez no consultó con nadie cuando firmó con Fidel Castro y con el boliviano Evo Morales un tratado de libre comercio. Los dos países con mayores reservas energéticas de la región, Venezuela y Bolivia, podrían ideologizar más de lo tolerable las relaciones políticas y económicas de la región.

Hay algo de hipocresía en el discurso argentino de una alianza inconmovible con Brasil. El presidente Lula no ha tenido buenas referencias de Kirchner en diálogo con terceros presidentes. Y el propio Kirchner ha deslizado críticas reservadas a las "ambiciones imperiales" de Brasil en muchas oportunidades. La necesidad es lo que los junta: la Argentina no quiere sacar el conflicto con Uruguay de lo bilateral (a pesar de que, a veces, hace lo contrario en otras esferas). Y Brasil necesita de la Argentina para frenar los ímpetus de liderazgo de Chávez.

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¿Por qué el Mercosur no trató el conflicto del corte de los puentes entre la Argentina y Uruguay? El pretexto de que es sólo un problema bilateral carece ya de sustento. Las pruebas cotidianas indican que el brete se desmadró.

¿Qué hubiera significado una reunión del Mercosur por las papeleras? Nada. Las decisiones de la alianza se toman por consenso. Uruguay hubiera expuesto su posición y la Argentina la suya. Brasil difícilmente hubiese tomado abierto partido por uno u otro país. Sin consenso no había resolución. Pero las formas y la institucionalidad habrían sido respetadas.

En junio debe hacerse en Buenos Aires la reunión de presidentes del Mercosur para que la Argentina le entregue a Brasil la presidencia pro témpore. ¿Es posible una reunión de los cuatro presidentes en las actuales condiciones? No.

Brasil y la Argentina volvieron a sorprender ayer con una convocatoria al presidente de Bolivia, Evo Morales, para el jueves. Se podría agregar Chávez a ese cónclave de presidentes preocupados por la energía. Tercera reunión parcial de países del Mercosur en apenas quince días. La política del Mercosur también ha fracasado entonces. Guste o no, Uruguay se va. Y los símbolos importan. El Mercosur sin Uruguay no será el Mercosur.

Por Joaquín Morales Solá
Para LA NACION
 
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