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sectores más conservadores y anticubanos de Miami acaban de condecorar, nada más y nada menos, que al bufón y seudo intelectual Ricardo Bofill Pagés por una supuesta lucha y dedicación a la causa de los derechos humanos en Cuba, por más de 30 años. La Proclama de Reconocimiento, emitida por la Comisión de Miami, fue propuesta por el alcalde de la Ciudad, Manny Díaz.
Con exagerado bombo y platillo, sazonado por una dudosa pomposidad, los cinco miembros de la Comisión se desplayaron en exaltar al presidente del Comité Cubano Pro Derechos Humanos (CCPDH). Parecen haber olvidado estos señores que el autotitulado CCPDH, fundado en 1976 por el propio Boffill junto a un reducido grupo de mercenarios al servicio de los Estados Unidos en Cuba, fue la más clara expresión de cómo la pretendida disidencia en la Isla ve a la contrarrevolución como un negocio del que esperan pingües dividendos.
Los cubanos aún recordamos con desprecio cómo el señor Boffill reconoció ante las cámaras de la televisión nacional, antes de abandonar el país en 1988, que su oficio de disidente no era más que un simple bisne (bussiness) como cualquier otro.
Hoy en Miami, viviendo de falsas glorias y del dinero aportado por sus amos norteamericanos a través de la USAID, el Nacional Endowment for Democracy (NED) y la CIA, Boffill lanza diatribas contra Cuba a través de un programa denominado Sociedad Civil. También se dedica a gozar de los beneficios que ofrecen Estados Unidos y la mafia miamense a aquellos que viajan a Ginebra a mentir sobre la realidad cubana dentro de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. Allí, junto a Luis Zúñiga, Silvia Iriondo y otros, se dedica a comer opíparamente en los mejores restaurantes de la ciudad y a hospedarse en los más lujosos hoteles.
Si en Cuba vivió descaradamente a costa del dinero de sus amos del Norte, en Miami ha encontrado un espacio favorable para obtener beneficios de la mentira y de la traición. Sus antecedentes y sus actuales andanzas lo hacen no sólo un perjuro a su pueblo, sino también un traidor a la verdad.
Así, del dinero del César y de oscuras ambiciones de poder y protagonismo, tanto él como un minúsculo grupo de mercenarios, han construido una falsa imagen de luchadores por la libertad y la democracia en Cuba. En Miami, en la SINA y en foros anticubanos, han encontrado espacios propicios para la apostasía.
Si Boffill es hoy un despreciable traidor a su pueblo, no menos atrás se queda otro mercenario de turno como Oswaldo Payá. A éste también le acaban de premiar aquellos que intentan distorsionar la realidad cubana y los que hacen de la guerra ideológica una nueva arma contra la revolución. Días atrás, la Universidad de Columbia, en Nueva York, otorgó a Payá el título de Doctor Honoris Causa de ese centro docente.
Ante estos “homenajes” a Boffill y a Payá, es lógico pensar que sólo quienes amasan odios irracionales, oscuras y mórbidas pretensiones, así como criminal indolencia y despego a la verdad y la justicia, son capaces de premiar descaradamente a la traición, a la deshonestidad y a la mentira. Los justos, por su parte, sólo premian al verdadero sacrificio, al patriotismo y a la justa convicción.
28 de abril de 2006