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7 de mayo de 2006
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El País
de España - 7 de mayo de 2006
Hay activistas en Entre Ríos que amenazan con quemar los bosques uruguayos
Las 'Malvinas' de Kirchner
El presidente argentino asume la causa ecologista contra las papeleras de Uruguay como bandera de movilización nacional
Josefina Licitra - Buenos Aires
La construcción de las papeleras de las empresas Botnia y ENCE en Fray
Bentos, Uruguay (a orillas del río Uruguay y a seis kilómetros de la
localidad argentina de Gualeguaychú), ha convertido a esta región en el
epicentro de la vida política de ambos países. Los vertidos de las
papeleras al caudal del río podrían afectar a los pobladores de
Gualeguaychú (en la provincia argentina de Entre Ríos), que se han
manifestado contra el proyecto y bloquearon durante un mes seguido el
puente internacional de San Martín, que une ambas localidades (aunque el
corte ya se levantó).
La relación entre Uruguay y Argentina, históricamente cordial, se tensó
de un modo drástico: Uruguay amenazó con salir del bloque del Mercosur y
el presidente argentino, Néstor Kirchner, transformó la causa de
Gualeguaychú en un tema nacional, y logró reunir a gobernadores
oficialistas y opositores el viernes pasado.
En Entre Ríos ya hay quienes comparan el conflicto fronterizo -y los
posibles daños futuros- con la Guerra de las Malvinas. "Entre Gualeguaychú
y Fray Bentos, que siempre fueron buenos vecinos, se está despertando una
especie de xenofobia. Aún sin llegar a complejidades como el
enfrentamiento armado, hay grupos de personas que amenazan con quemar los
bosques uruguayos. Un desastre. La historia de estos pueblos tardará mucho
en recomponerse", afirma Jorge Giacobbe, de la encuestadora Giacobbe y
Asociados.
La gente de Gualeguaychú subrayan que el problema es con el Gobierno y
no con los pobladores, aunque la hostilidad se palpa en ambas orillas del
río. "Lamentablemente se ha perjudicado muchísimo la relación con Fray
Bentos. Tengo muchos amigos y personas allá, solía ir seguido, y noto que
ahora hay una frialdad grande con nosotros. Estamos metidos en un
laberinto del que no sé como saldremos" se lamenta el entrerriano Jorge
Rovira.
La historia de las papeleras empezó en octubre de 2003, cuando el
entonces presidente uruguayo Jorge Batlle autorizó el emplazamiento de la
planta española de la empresa ENCE, para producir 500.000 toneladas de
celulosa al año. A seis kilómetros de esa planta apareció la finlandesa
Botnia con un proyecto para construir otra papelera, con capacidad para
procesar un millón de toneladas anuales.
Los ciudadanos de Gualeguaychú comenzaron a organizarse y en octubre de
2003 4.000 personas se movilizaron. Dos años y medio más tarde el número
creció en forma exponencial: entre 2005 y 2006 los manifestantes cortaron
el paso fronterizo durante 80 días (26 consecutivos) y el 30 de abril de
2006 más de 100.000 argentinos marcharon hasta el comienzo del puente San
Martín, lo que dio lugar a la manifestación ambientalista más importante
en la historia argentina. Según el Gobierno de Tabaré Vázquez, los cortes
al paso fronterizo han generado pérdidas de 400 millones de dólares a
Uruguay.
Ambos países tienen mucho en juego: la instalación de las plantas de
celulosa le supone a Uruguay una inversión de unos 1.800 millones de
dólares, la mayor en su historia (que representará el 2,5% de su Producto
Nacional Bruto). En Argentina creen que los proyectos podrían ocasionar
daños irreparables al ecosistema del río Uruguay y afectar la salud de los
lugareños. "No somos campeones en ecología, pero desde hace 30 años
tenemos un proyecto turístico de playa, termas y Carnaval, que da de comer
a toda la ciudad, y queremos conservarlo" explica Jorge Rivero, de la
Asamblea Ambientalista de Gualeguaychú.
Néstor Kirchner ha tomado las riendas del problema ecologista con una
vehemencia, para muchos, novedosa. El pasado viernes anunció que el tema
ambientalista sería, de ahora en adelante, una "política de Estado". El
anuncio lo hizo en Gualeguaychú, en el acto al que acudieron 19
gobernadores oficialistas y opositores (sólo faltaron cinco), un quórum
suficiente para que Kirchner mostrara un amplio respaldo a su decisión de
demandar a Uruguay ante la Corte Internacional de La Haya. La demanda se
basa en que Uruguay violó tratados internacionales cuando autorizó
unilateralmente las obras en un río fronterizo, una versión que no
comparte el Gobierno de Tabaré Vázquez, que afirma que Argentina avaló el
proyecto en 2004.
La concentración del viernes pasado se realizó en el Corsódromo de
Gualeguaychú: un espacio donde se realizan los desfiles de Carnaval, y que
en este caso se prestó para ironías: para muchos, la jugada de Kirchner es
otra variante de circo. "No quise prestarme al megashow que están
montando el presidente y sus colaboradores", asegura Mauricio Macri,
presidente del partido conservador Compromiso Para el Cambio, en la
oposición. "No hay que mentirle a la gente. Las papeleras se van a
construir porque los uruguayos tienen una posición tomada, así que
cualquier presentación en La Haya es estéril".
El rechazo a las papeleras no es sólo argentino. En Uruguay también se
han manifestado contra el levantamiento de las fábricas. El escritor y
periodista Eduardo Galeano encabezó una de ellas. "En Uruguay, las
palabras ecologista y ambientalista siempre fueron
calificativos honrosos, pero ahora pareciera que se han convertido en
insultos, se usan para definir al enemigo de la patria, a los enemigos del
progreso, a los enemigos del trabajo", opinó Galeano. "Eso es un
enmascaramiento de la realidad, una gran mentira contra la que es
necesario luchar".
Galeano dijo estas palabras en Historia de dos Orillas, un
documental independiente estrenado en Argentina esta última semana, donde
se busca analizar el origen y las consecuencias del conflicto de las
papeleras. "Este trabajo muestra qué está pasando en otras fábricas de
este tipo, y cuáles son los daños ambientales que se están provocando",
explica su director Emilio Cartoy Díaz. "En el documental hay varios casos
parecidos, entre otros el de una fábrica en Pontevedra (Galicia). Allí
también a la gente le prometían trabajo y una mejora sustancial de su
situación económica; pero los testimonios que hoy recogemos en esa zona
demuestran que nada de eso se cumplió. Esta es una de las cuestiones
fundamentales que se debería difundir en Uruguay, porque allá la gente
está eligiendo perjudicar la salud con tal de tener un trabajo, y no saben
que ese trabajo es efímero".
La construcción de la papelera de ENCE aún no comenzó (por eso es que
la empresa española está algo más lejos del litigio). Pero en Botnia, el
levantamiento del edificio está empleando a 2.000 habitantes de Fray
Bentos. Y si bien dentro de dos años, cuando termine la edificación, sólo
podrán trabajar 300 pobladores altamente calificados, las papeleras
irradian en la zona una enardecida sensación de esperanza y
progreso.
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