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7 de mayo de 2006
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ALAI
Agencia Latinoamericana de Información - 28 de abril de 2006
La pista suiza Un fax que sacudió la opinión pública mundial
Las prisiones europeas de LA CIA
Sergio Ferrari & Theodora Meter
A
inicios de abril de este año un informe detallado de Amnistía
Internacional denunciaba los miles de vuelos ilegales ejecutados por la
Central de Inteligencia Americana (CIA) entre 2001 y 2005. Dichos vuelos,
en muchos casos violando el espacio aéreo, utilizaron impunemente
aeropuertos europeos, entre los cuales Zürich y Ginebra en Suiza. La
"transferencia" o "traslado" de personas sospechosas de supuestas
actividades terroristas aparece como el principal objetivo de esas
acciones ilegales. Esta denuncia realizada por Amnistía explota casi tres
meses después que los periodistas suizos Beat Jost y Sandro Brotz
denunciaran públicamente en el prestigioso semanal "Sonntagsblick" la
existencia de prisiones clandestinas de la CIA en varios países europeos,
entre ellos Rumania y Polonia. Revelaciones que produjeron un verdadero
terremoto político entre la opinión pública mundial.
Entrevista
exclusiva con los dos periodistas del semanal suizo alemán quienes acaban
de publicar un libro que continúa levantando olas: "CIA- cárceles en
Europa: el affaire del fax y sus consecuencias". Que incluye también un
análisis del senador suizo Dick Marty, quien presidió la comisión especial
de investigación sobre este tema por mandato del Consejo de
Europa.
P: El fax secreto develado por el "Sonntagsblick" en enero
pasado provocó una gran agitación de la opinión pública. ¿Cómo vivieron
ustedes este momento siendo los principales actores que destaparon el
escándalo?
Jost: Muy bien, como algo cautivante y excitante. Brotz:
único, intenso y un poco loco.
P: ¿Se podría pensar que en tanto
periodistas-actores están soportando fuertes y diversas
presiones?
J: Claro que ha habido presiones del Consejo Federal
(gobierno suizo) y del ejército. Pero resistimos, contando con el apoyo de
nuestro redactor en jefe Christoph Grenacher que nos protegió
completamente. Estas reacciones nerviosas nos sirvieron para comprobar que
ese fax egipcio era, en primer lugar verdadero, y en segundo lugar
políticamente explosivo.
P: ¿Por qué tan explosivo? Algunos dicen
que ese fax es insignificante...
J: El Consejo Federal quisiera que
así fuera, pero los hechos son diferentes. A través de ese fax que
provenía del Ministerio del Exterior de Egipto, por primera vez un Estado
confirma la existencia de prisiones de la CIA en Europa. Adicionalmente,
ese documento secreto develado por el "Sonntagsblick" muestra que el
gobierno suizo estaba enterado del asunto desde hacía meses.
P: ¿El
Gobierno suizo sabe entonces más de lo que reconoce?
J: Estamos
convencidos de ello. A través del sistema de interferencia satelital
"Onyx", los servicios secretos suizos disponen de instalaciones de escucha
que son caras y sofisticadas. Si los agentes que trabajan con esos medios
no obtienen más informaciones, deberían de pensar en cortar esas
instalaciones de inmediato. En ese sentido hago mías las declaraciones de
Hans Hofmann, senador por Zurich, presidente de la delegación de la
Comisión de Gestión (NDLR: encargada de controlar en detalle las
actividades en las cuestiones de seguridad del Estado y servicios de
información) quien afirma que el fax egipcio es una pieza más de un
mosaico. Esta comisión tiene por mandato. El gobierno suizo tendría
entonces mucha más información sobre este asunto.
P: ¿Y por qué,
entonces, no lo asume?
B: Porque le molesta reconocer que Suiza
espía a otros Estados. Y sobre todo, Berna, teme de provocar el enojo de
la Administración Bush. Y es por esto que el Consejo Federal trató desviar
el verdadero eje y lanzó toda la artillería de sanciones potenciales de la
justicia militar y del ministerio público (fiscalía) de la Confederación
contra nosotros. Por el resto, el gobierno helvético se comportó según el
dicho "no ver nada, no escuchar nada, no decir nada", lo que resulta
indignante para una democracia.
P: ¿Hubo también reacciones
positivas, recibieron testimonios de solidaridad?
B: Es real que
muchos medios de comunicación, conocido el asunto, retomaron la versión
oficial, a la excepción de los cotidianos "Tages Anzeiger" o el "Basler
Zeitung". La televisión de la suiza alemana, luego de un primer momento de
duda, retomó luego el tema. Algunos otros medios, como los semanarios
"Weltwoche" y el "Facts" denigraron el asunto. Nosotros lo vivimos con
mucha serenidad. Como dice mi colega Jost: los celos son la prueba suprema
del reconocimiento.
P: Los partidos políticos helvéticos se
expresaron también con mucha prudencia...
R: ¿Prudencia? La Unión
Democrática de Centro (NDLR: derecha conservadora) nos trató de "traidores
a la patria" y como una "vergüenza para el país". Algunos parlamentarios
de ese partido así como del Partido Radical Democrático (NDLR: la derecha
empresarial) intentaron hacer de todo para minimizar el asunto. En cuanto
al Partido Socialista (NDLR: socialdemócrata), se mantuvo mudo, ya que
debe solidarizarse con sus representantes en el gobierno. Sólo los
diputados "verdes" Jo Lang, Franziska Teuscher y Daniel Vischer ejercieron
una real presión en el Parlamento y en las comisiones del mismo para
clarificar el asunto.
P: Justamente una moción parlamentaria exige
la abolición del artículo 293 del Código Penal suizo que sanciona la
publicación de debates oficiales secretos ¿Sería una medida suficiente
para mejorar la situación de los periodistas?
J: El artículo 293
debe desaparecer, eso es un hecho. El antiguo Ministro de Justicia, Arnold
Koller, lo calificaba ya entonces como algo perimido. Pero también debería
desaparecer la justicia militar. Es una reliquia heredada de la segunda
guerra mundial. No tiene más razón de ser, y sobre todo en el terreno
civil, en tanto máquina de represión contra la libertad de
prensa.
P: La defensa de la protección de las fuentes no es una
prioridad, sin embargo, para muchos periodistas...
J: Es realmente
grave que la justicia pueda perseguir a los periodistas y posiblemente
espiarlos, sin que nadie proteste. Nosotros dos no somos los únicos
afectados. Varios de nuestros colegas de otros medios de información están
también en la mira de la justicia.
B: Cada periodista debería
comprometerse contra los métodos de control. Lo que se practica aquí desde
hace años pone en peligro el status de la profesión en general y no debe
ser aceptado. El Estado intenta así de ponerle trabas al periodismo
crítico. Más de un periodista se contenta de pasar de una conferencia de
prensa a la otra. En todo caso no es mi concepción sobre la profesión. Y
al margen de la concurrencia real entre los medios de información, los
editores deberían también asumir un compromiso para confrontar la caza de
brujas contra los periodistas.
P: Ustedes acaban de publicar un
libro sobre todo este "affaire". ¿Cuál es el objetivo?
¿Defenderse?
B: En realidad no se trata de nosotros y nuestra
situación sino del hecho que sigan existiendo prisiones secretas de la CIA
en suelo europeo en el siglo XXI. El continente entero está implicado en
este escándalo, según las conclusiones del investigador especial del
Consejo de Europa Dick Marty. Se trata de un gran escándalo que, incluso
en Suiza -país depositario de la Convención de Ginebra- iba a ser barrido
del mapa. Nuestro libro relata el desarrollo de este asunto en los
pasillos del Consejo Federal y de los servicios secretos. Y explicamos
también como logramos poseer el documento secreto. Pero, evidentemente no
damos a conocer el nombre de nuestro informante.UN LIBRO
DENUNCIAUn documento explosivo de los servicios secretos suizos
deambula sobre uno de los asientos de un vagón de un tren "Intercity". A
través de ese documento un Estado confirma, por primera vez, la existencia
de prisiones secretas de la Central de Inteligencia Americana en Europa.
Los periodistas Sandro Brotz y Beat Jost hacen explotar este escándalo y
desde entonces son perseguidos por la justicia. "Exclusivo. La prueba:
existen prisiones secretas de la CIA en Europa". Con ese título, el
"Sonntagsblick" en su edición del 8 de enero del 2006 lanza una primicia
que atrae la atención del mundo entero. Un fax del ministerio de
exteriores de Egipto, interceptado por los servicios secretos del
ministerio de defensa suizo cae en las manos de un periódico. El libro
político-policial de Sandro Brotz y Beat Jost devela los trasfondos del
escándalo del fax. Por otra parte, prueba como los procedimientos
arbitrarios y la práctica laxista de la justicia hacia los acusados de
terrorismo, minan las bases mismas de los Estados democráticos. Su
contenido muestra como el documento secreto cayó en manos de los
periodistas. Como las autoridades helvéticas trataron de minimizar el
escándalo. Como el investigador especial del Consejo de Europa, Dick
Marty, pone en cuestión las prácticas de los Estados Unidos. (Sergio
Ferrari)
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