Susana Andrade Susana Andrade - rodelu.net
30 de junio de 2006

Gritame que te escucho

Si se pierde la cualidad de hablar
no seremos capaces de dar a entender razones

Susana Andrade

Está bien hacerse oír…
Máxime cuando sabemos que hay receptividad y propensión a ponerse en la posición del otro. El mensaje llegará y tomará un cauce de presolución o al menos alguien se dará por enterado.
Me refiero a los reiterados episodios de reclamos con gritería, chiflidos y desplantes varios a ministros y similares, en lugares donde estos deben concurrir a cubrir actos de presencia estatal.
Antes no era así. ¿Era por desesperanza o por miedo que no nos permitíamos ciertos desbordes ante los gobernantes llamados “tradicionales”?
A decir verdad lo tradicional era pasarla mal y lo urgente era tan utópico como estéril de ser voceado.
En la recuperada y vigilada democracia, dábamos por asumida la sordez y ceguera de la Administración ante las necesidades de la gente y tal vez por eso no se estilaba gritarles en público. Podría decirse que había un acuerdo tácito de “no te molestes en reclamar porque será en vano”.
Me pregunto por qué, justo ahora cuando los que deciden demuestran que escuchan, se actúa con excesiva ofuscación al levantar la bandera de las reivindicaciones sociales.
Existen carriles preestablecidos de planteos gremiales que están funcionando en una dinámica productiva de correlación y logros para los trabajadores del Uruguay de hoy. No de los milagros. Sí de los pasos paulatinos hacia las mejorías reales. Hay negociaciones y avances en los sistemas de intercambio empleado-patrón que permiten avisorar otros horizontes para los asalariados. ¡Es sólo un año y poco de mando frentista compatriotas! A Tabaré no lo elegimos por superhombre sino por humano.
Un antiguo dirigente tupamaro, Julio Marenales, dijo que el Estado uruguayo no está organizado para que la gente participe. Me quedé pensando. Esta manera de relacionarse Gobierno-Pueblo la inventaron ellos, los “tradicionales” que siempre acomodaron las leyes a su conveniencia.
Por ahora es lo que hay.
Las formas de participación que existen, aún indirectas, artesanales y lejanas, deben usarse bien y al máximo. Ellas mismas crearán otras desde su natural sinergia. No creo que gritarle desordenada y agresivamente a un Ministro sea beneficioso para nadie, excepto para alimentar la campaña política de la oposición.
Esto no significa que callemos nuestra voz acerca de las injusticias sociales, todo lo contrario.
Si el diálogo no se propicia busquémoslo y sino, denunciemos públicamente las trabas que se encontraron para realizarlo.
Lamentablemente ha surgido una suerte de prepotencia populacha frente a los dirigentes estatales que no es propia de nuestra gente. Incluso la actitud de ciertos periodistas es distinta, engalanada de ociosas quasi faltas de respeto. Como si de golpe hicieran alarde de una perspicacia inusitada por sobre todo hiriente y sin consideración de la investidura de quien tienen enfrente.
No éramos así. No somos así.
No quiero ser obsecuente ni defensora de pleitos perdidos, pero duele que se arrojen valores autóctonos al inodoro y se tire de la cisterna o se apriete el botón.
Creo que se olvida que los dignatarios nacionales que hoy son objeto de silbatinas y encolerizadas quejas ciudadanas -que podrían expresarse con fuerza y determinación pero sin violencia gestual o verbal- fueron puestos allí por la población que los respaldó con su voto. Esto no significa un pase libre al insulto ni una autorización para destratarlos. Tenemos un Ejecutivo y una mayoría Parlamentaria sensible a los cambios, de hecho se están dando en forma continua y en direcciones antes inimaginadas y sin embargo no les damos tregua. Picaneamos y picaneamos cosa de no dejar pensar, evaluar y crear. Y de paso colaboramos con blancos y colorados de liviano proceder, que ocupan su tiempo en criticar y contar fábulas, como si no fueran ellos los únicos culpables de que el país esté como está, con peligro de meter esos cuentos en la cabeza de los más jóvenes, que no vivieron la crudeza de los anteriores dominios blanquicolorados.
¿Cómo se reestructura una nación vapuleada por las desigualdades desde sus orígenes constitucionales? ¿Con qué estrategia se concreta un status de comercio internacional para competir a nivel mundial? ¿Cuál es el camino que conduce al desarrollo sostenible de un país con índices de pobreza e indigencia alarmantes?
Muchos períodos invirtieron otras presidencias en enriquecimientos individuales, mientras nos hundían en el caos económico y social, vendiendo Derechos Humanos al mejor postor, imponiéndonos una dictadura cívico-militar criminal e infame, ávida de dinero y sangre, mancomunada en vaciar al Uruguay de sus valores monetarios y de su gente.
No será instantáneamente que nos recuperaremos del saqueo, pero tenemos el privilegio de ser protagonistas de un cambio.
No lo tiremos a la basura antes de usarlo por favor.

26 de junio de 2006


Susana Andrade

www.atabaque.com.uy
Federación IFÁ del Uruguay – Grupo ATABAQUE
maesusana@hotmail.com
 
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