Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
30 de junio de 2006
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Gaza
La reconquista de Gaza
La captura de un soldado fue el pretexto para una nueva
invasión de Gaza. A un año del retiro de la Franja, el
ejército israelí ha causado día a día nuevas víctimas y
contribuido al hambre en uno de los territorios más devastados
de la tierra.
Gennaro Carotenuto desde Roma
Con la cínica ironía de los militares, la invasión a
Gaza por el ejército israelí ha sido bautizada “Lluvia de
Verano”. Mirándola desde Palestina, recomenzó la ocupación
militar de Gaza. Mirándola desde Israel, el Tsahal, el
ejército, está intentando salvar la vida del cabo Gilad
Shalit, de 19 años. La única central eléctrica ha sido el
primer objetivo que los israelíes bombardearon, dejando a
oscuras, probablemente durante varios meses, a cerca de 700
mil personas y abriendo, en un verano tórrido, las puertas a
una crisis sanitaria. Los helicópteros Apache han destruido
tres puentes en la principal carretera de la Franja. Decenas
de tanques han ocupado el ex aeropuerto de Dahaniya. Otras dos
columnas han entrado desde el sur de la Franja y la zona norte
ha sido repetidamente bombardeada. Un avión Mirage mató a un
dirigente de las brigadas Mártires de Al Aqsa. En el mercado
de Jabalia la gente de Gaza, resignada, intenta comprar lo
posible, harina, leche en polvo, con el poco circulante que
aún le queda. Los enfrentamientos que en los meses pasados
habían llevado a las facciones palestinas al borde de una
guerra civil, desaparecieron. Aún el 8 de mayo en Kahn Younis
hubo una batalla con tres muertos entre las brigadas Ezzedin
al Qassam, de Hamas, y los Mártires de Al Aqsa, cercanos a
Fatah. En estos días los milicianos de Al Fatah –el partido
laico fundado por Arafat, y que hoy apoya al presidente Abu
Mazen– patrullan el territorio junto a los de Hamas, el
partido religioso que gobierna la Autoridad Nacional Palestina
con el repudio occidental. Al cierre de esta edición ha sido
confirmada la entrada de tanques israelíes en la zona norte de
la Franja. Grande es el repudio palestino al arresto durante
la noche de ocho ministros y unos 50 diputados palestinos,
miembros de Hamas, por el ejército israelí. Es una de las
decisiones más graves tomadas por Israel. Demuestra, junto al
hallazgo del cuerpo de un joven colono israelí, secuestrado y
asesinado en Cisjordania, que la escalada no puede detenerse
en las próximas horas. Según la versión oficial israelí,
los puentes y la central eléctrica han sido destruidos para
impedir que los milicianos que secuestraon al cabo Shalit
puedan trasladarlo. Mirando los escombros causados en pocas
horas de reocupación, es evidente que no es así: Israel quiere
demostrar la omnipotencia de sus armas y, como afirma el
presidente palestino Abu Mazen, castigar al pueblo de
Gaza.EL UNILATERALISMO ISRAELÍIsrael tiene el ministro
de Defensa más pacifista de la historia del país. Amir Peretz,
como fundador de Paz Ahora, pedía el retiro desde Gaza y hoy,
como ministro, vuelve a ocupar este territorio palestino junto
a Ehud Olmert, el delfín de Ariel Sharon que gestionó el
retiro el año pasado. Para la derecha, desde las columnas del
diario Yediot Ahronot, es fácil acusar al gobierno de no tener
un plan, “ni para los secuestros, ni para los lanzamientos de
misiles Qassam, ni para el previsible gobierno palestino de
unidad nacional entre Fatah y Hamas”. La semana pasada, el
llamado “documento de los presos” había abierto las puertas al
diálogo intrapalestino y hacia Israel. En la cárcel de
Hadarim, Fatah, Hamas, Jihad Islámica y el Frente Popular de
Liberación han firmado un acuerdo que lleva a Hamas a
reconocer implícitamente la existencia de Israel en las
fronteras de 1967. Es un documento importante, orquestado por
el más prestigioso de los 8.500 presos palestinos, Marwan
Barghouti. Los que detuvieron a Shalit, respaldados por Abu
Mazen y por la sociedad de Gaza, que vive el problema de los
presos como central, piden que sea canjeado por las mujeres y
por los cientos de menores presos en las cárceles israelíes.
El documento de los presos llevaría definitivamente a Hamas a
una posición pragmática que le otorgaría la posibilidad de
gobernar realmente, superando el aislamiento internacional, e
insertarse definitivamente en las instituciones
palestinas. El plan fue desechado por el gobierno israelí.
Ehud Olmert, que no es Ariel Sharon pero quisiera serlo,
quiere imponer el más unilateral de los planes de paz en seis
décadas de guerra. Es el “Plan de Convergencia” que, sin
ninguna mesa de diálogo con los palestinos, abandonaría apenas
algunas de las colonias de Cisjordania. Son las más chicas,
aisladas, poco interesantes, para, a cambio, anexionar al
territorio israelí no sólo toda Jerusalén sino las grandes
colonias ilegales de Modi’in Illit, Gush Etzion, Ariel,
Ma’aleh Adumin, que suman más de 200 mil habitantes. Para
concretar su proyecto, Olmert cuenta con la actual debilidad
palestina y con el apoyo de George W Bush. El plan Olmert
desborda por la derecha el “mapa de ruta”, que hasta ahora era
el faro occidental para la resolución del conflicto, y ni
siquiera recuerda la existencia de resoluciones
internacionales que exigen el retiro de Israel más allá de las
fronteras de 1967 y la demolición del muro. En la reciente
visita de Olmert a Europa, la primera desde que es primer
ministro, se topó con la gélida distancia del francés Jacques
Chirac y la inesperada indiferencia del británico Tony Blair.
Para los europeos el unilateralismo absoluto de Olmert-Bush,
sin ni siquiera buscar una negociación, o reenviándola a la
futura aparición milagrosa de “un líder palestino
responsable”, es todavía una medicina indigesta. Ahora la
nueva invasión de Gaza, que se suma a una crisis humanitaria
ya gravísima, amplifica las preocupaciones.LA MASACRE
SILENCIADASólo en la semana anterior a la captura del cabo
Shalit, incursiones y bombardeos israelíes habían causado la
muerte de 14 civiles, entre los cuales varios niños y una
mujer embarazada de siete meses. Esto sin contar los nueve
muertos de una misma familia en la playa de Gaza. Las imágenes
de la niña Huda Ghalia que llora abrazando el cadáver del
padre han dado la vuelta al mundo transformándose en un
símbolo del terrorismo de Estado israelí. Aunque el ejército
israelí niega haber sido autor material de esta masacre de
civiles, varias fuentes independientes, entre las cuales se
cuenta Human Rights Watch y el diario conservador británico
The Times, confirman la versión que atribuye al Tsahal el
exterminio de la familia Ghalia. En lo que va del año el
ejército israelí ha asesinado –según Amnistía Internacional–
por lo menos a cien civiles, entre los cuales hay 30 niños,
sólo en la Franja de Gaza, donde en los últimos tres años han
sido muertos 800 civiles. A éstos hay que agregar las
ejecuciones extrajudiciales por parte del ejército, que, según
ai, nunca han terminado. Al menos 600 ciudadanos están
detenidos sin ninguna acusación formal y en condiciones
durísimas: una Guantánamo más en tierra israelí. Yediot
Ahronot exige el asesinato, por parte del ejército, de ocho
líderes palestinos empezando por el primer ministro Ismail
Haniyeh. El terrorismo del Tsahal no es la única cara de la
desesperación de Gaza. En los hospitales de una Franja con un
78 por ciento de pobreza, la tercera parte de los niños que
mueren por “enfermedades banales” que –denuncia UNICEF– se
podrían curar si a los hospitales pudieran llegar medicinas,
médicos y aparatos sanitarios. Israel ha bloqueado las
transferencias fiscales, es decir, las tasas pagadas por los
mismos palestinos pero gestionadas por los israelíes. El
bloqueo europeo, estadounidense e israelí hace que médicos,
maestros y otras categorías de trabajadores públicos hayan
llegado al cuarto mes sin cobrar. Es la paradoja de una medida
pensada para castigar al pueblo palestino por su voto
democrático de enero de 2006.
Publicado en Brecha el 30 de junio de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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