Gennaro Carotenuto - rodelu.net |
21 de julio de 2006
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La guerra santa
Israel y la ceguera de la lógica militar
Las milicias de Hizbollá, apoyadas por Irán,
secuestraron a dos soldados israelíes. Respondiendo a esa
provocación, y como sucedió quince días antes en Gaza, las
tropas israelíes se abatieron como una plaga bíblica sobre el
Líbano, destruyendo en pocos días las mayores infraestructuras
del país, y dejando cientos de muertos y 700 mil
refugiados.
Gennaro Carotenuto desde Roma
De la Libanlait, la Conaprole del Líbano, quedan sólo
escombros. Procesaba leche, entera y descremada, yogurt,
quesos. De sus grandes plantas, cerca del pueblo de Baalbek,
salían todos los días cientos de camiones. Nada sospechoso
había en la planta y sin embargo, en la noche del martes, dos
guardias murieron en el bombardeo que destruyó completamente
la fábrica. Lo de la Libanlait quizá es un símbolo de un país
que en una semana de bombardeos indiscriminados dio un largo
paso atrás de dos décadas. Nada se salva de la ira de
Israel: en el edificio de la protección civil de la ciudad de
Tiro 25 civiles fueron asesinados en un bombardeo. Ahí se
sentían a salvo. Las principales infraestructuras del país
están destruidas: puertos, aeropuertos, autopistas, fábricas,
barrios paupérrimos y zonas acomodadas, cuarteles de un
ejército fantasma incapaz de esbozar una resistencia.
Cuarteles donde encontraron la muerte, en pleno sueño,
soldados víctimas de la debilidad misma de un país incapaz de
controlar su territorio, tanto ante los enemigos israelíes
como de los supuestos amigos, las milicias de Hizbollá, que
ofrecieron el flanco a la desmesurada reacción israelí. No
nieva nunca en Nazareth, y aun menos en julio, en medio del
calurosísimo verano boreal. Y sin embargo los campos del
interior de Galilea, la región norteña de Israel, están
blancos. Blancos de algodón, un espectáculo maravilloso. Yendo
desde el mar hacia el interior, la carretera se empina hasta
llegar a unos pueblos en la colina desde donde se puede
observar este panorama blanco que se extiende hacia el cercano
Mediterráneo. El mayor de estos pueblos es la ciudad donde,
según la tradición cristiana, creció Jesús:
Nazareth. Siguiendo las curvas del casco antiguo se llega a
la Basílica de la Anunciación. Es una iglesia enorme, moderna,
sin interés artístico alguno. Nada que ver con Belén o
Jerusalén, donde la historia de las tres religiones
monoteístas habla al viajero casi piedra a piedra. Sin embargo
no es por ello que en esta ciudad de 70 mil habitantes –en su
gran mayoría árabes, cristianos y musulmanes, con pasaporte
israelí– no se encuentran turistas. La vida se paralizó a
pocas decenas de metros del portal de la basílica, ahí donde
el miércoles 19 murieron Mahmoud, de 7 años, y Khaled, de 3,
dos hermanitos palestinos víctimas de un misil Katyusha, uno
de los 10 mil o 15 mil juguetes prehistóricos y sin embargo
mortales que los ayatolás iraníes pusieron en manos de las
milicias chiitas del sur del Líbano. Si hay algo que simboliza
el extremismo estúpido de la organización Hizbollá es la
muerte de estos dos niños árabes a los que supuestamente
pensaban defender. Murieron en Nazareth, la mayor ciudad árabe
de Israel, certificando que en esta guerra medieval nadie está
a salvo.DESPROPORCIONESSegún la publicación saudita
Arabnews, habitualmente moderada, la primera semana de guerra
tuvo un costo de 292 víctimas civiles libanesas y 25
israelíes. Estos últimos fueron muertos por los misiles
Katyusha que los milicianos de Hizbollá siguen lanzando,
demostrando una inquietante capacidad de resistencia que
probablemente va más allá de lo esperado por los jefes del
ejército israelí. La proporción de víctimas mortales es de
12 libaneses por cada israelí, lo cual prueba que no hay una
guerra entre Líbano e Israel sino una agresión del más
poderoso contra el más débil. Al menos el 30 por ciento de
estas víctimas son niños. A la fuerte, desesperada petición
para un alto el fuego formulada por el primer ministro libanés
Fuad Siniora, su homólogo israelí Ehud Olmert contestó que los
ataques seguirán hasta que sea necesario, por lo menos hasta
liberar a los dos soldados capturados en territorio israelí
por milicianos chiitas el miércoles 12. Esta acción fue el
casus belli que ha llevado a Israel a la enésima guerra de su
historia. La captura de dos soldados en pleno territorio
nacional ofreció a Israel una suerte de derecho de réplica.
Sin embargo, muy pronto quedó claro que la represalia iba
mucho más allá de intentar liberar a los dos soldados
capturados. Se trataba de castigar al pueblo libanés,
atenazado entre el poderío terrorista que ejerce la milicia
Hizbollá y el terrorismo de Estado de Israel, que en los
últimos meses ha actuado repetidamente en territorio libanés
asesinando, entre otros, al dirigente palestino Mahmud
al-Majzub. Frente a esta cadena de homicidios, el gobierno
libanés intentó presentar, en los primeros días de este mes,
una protesta oficial ante las Naciones Unidas. En esta
región todos avivan el fuego de una crisis que no da señales
de apagarse. Lo hacen los iraníes, y en menor medida los
sirios –que temen ser el primer blanco de una prolongación de
los enfrentamientos–, y lo hacen los israelíes, que pretenden
solucionar de una vez para siempre el problema de Hizbollá,
aunque ello signifique la destrucción del Líbano. En tanto, el
ejército israelí continúa operando en Gaza. El miércoles 19
irrumpió en el campo de refugiados de Mughazi, matando a 13
personas. Así, mientras la atención de la opinión pública está
puesta en Líbano, Gaza sigue desangrándose bajo las
incursiones israelíes, que ya ocasionaron 100 bajas
civiles.LA CRISIS DESBORDADAA las dos de la tarde de
ayer, jueves, el comandante en jefe del Tsahal, Dan Halutz,
instó a sus soldados a que se preparen para una larga
actividad en el norte, en Líbano, en Gaza, en Judea y Samaria
(los nombres históricos de Cisjordania). Se hablaba también de
un intento de desembarco de la marina israelí entre las
ciudades de Tiro y Sidón. Esa misma noche había estallado una
furibunda batalla terrestre. En el valle de la Bekaa la
población ya se está resignando a una crisis humanitaria de
proporciones. Se trata de inequívocas señales de que el
gobierno de Olmert, que ha logrado el respaldo de la opinión
pública israelí y barrido del mapa a la izquierda pacifista,
estima que sólo el recurso de la fuerza podrá otorgar a su
país la anhelada seguridad. Algo no muy distinto sostiene
Haaretz, el diario progresista cercano a las posiciones
pacifistas, según el cual la invasión del Líbano se justifica
por la necesidad de desarmar a Hizbollá, cosa que de otra
manera no se lograría. Para Amos Oz, uno de los intelectuales
pacifistas más importantes de Israel, el conflicto
árabe-israelí es una tragedia cuasi insoluble, porque opone a
dos pueblos con “razones”. Mientras tanto el líder de
Hizbollá, el jeque Hassan Nasrallah, declaró al diario de la
derecha religiosa iraní Jomhuri Islami, que sus milicianos
están en condiciones de golpear todo el territorio de Israel.
Aparentemente, es cierto que el Tsahal no pudo impedir que más
de cien misiles fueran lanzados sólo el miércoles contra
Israel. Y diez días de bombardeos demostraron que si Israel
quiere inmunizar el sur del Líbano no puede no avanzar sobre
el terreno sin intervenir otra vez en los lugares ocupados
militarmente durante veinte años y devueltos por Ehud Barak en
el año 2000.LA COMUNIDAD INTERNACIONALEl lunes el
secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, propuso
el despliegue de fuerzas internacionales en el sur del Líbano
“para impedir el bombardeo de Israel”. La propuesta fue
fríamente recibida por Estados Unidos y obviamente rechazada
por el gobierno de Olmert. Pero fue bien acogida por algunos
gobiernos europeos, con el francés y el italiano a la cabeza.
Este último también propuso enviar tropas a la Franja de Gaza.
Se maneja la posibilidad de que tropas bajo bandera de la onu
ocupen el sur de Líbano desde los santuarios de Hizbollá,
dando seguridad a Israel en sus fronteras y haciendo
innecesarios los ataques de este país contra su vecino
norteño. En un artículo publicado ayer jueves, el diario
británico The Guardian da cuenta de la fuerte presión ejercida
por Francia en búsqueda de una resolución de la onu de alto el
fuego. El dictador sirio Bashar el Assad, que podría recibir a
la canciller estadounidense Condoleezza Rice la próxima
semana, apoya esa iniciativa. Pero no así Estados Unidos, cuyo
embajador ante la onu, el halcón John Bolton, otorgó a Israel
“todo el tiempo que necesite” para profundizar su ofensiva, es
decir aniquilar a Hizbollá, y luego negociar desde una
posición de fuerza. Para Ehud Olmert, un alto al fuego sólo
podría llegar a producirse después del desarme de Hizbollá.
Todo indica que habrá crisis para rato.
Publicado en Brecha el 21 de julio de 2006
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
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